La primavera de Praga, Árabe, de Brasil, etc.

14 de marzo del 2016

Cuando los pueblos se “emberracan” salen a las calles y destituyen de facto a sus gobernantes, no importa si son de derecha, de izquierda, fundamentalistas o cualquier tipo de dictadorzuelo. Eso ha pasado con Praga contra el opresivo régimen Proletario de NIckita, o contra los dictadores Árabes en Egipto o Líbia o mucho antes contra los monarcas franceses o ahora contra los gobernantes ineptos y corruptos de Venezuela o Brasil.

Podrán decirme que en Venezuela no hay estaciones y que en una parte de Brasil están en Otoño, pero eso no tiene nada que ver. El concepto es el mismo de la Primavera de Praga, cuando la gente que no aguanta más e inclusive es capaz de ir contra regímenes muy duros, con tal de librarse de ellos. Y ¿saben que? Lo logran, mandan a feliz retiro a esos reyezuelos que se han apoderado de lo que no les pertene, los países.

Porque además en las reglas democráticas, muchas veces la corrupción logra disfrazar de democrático lo que es simple corrupción y compra de conciencias, como está pasando con nuestros vecinos Venezuela y Brasil y antes pasaba, por ejemplo, en Guatemala.

El problema con esta manera de deshacerse de malos gobiernos es que puede darse un salto al vacío y caer en peores manos, como ha pasado en buena parte del territorio “liberado” en los países del medio oriente. Se libraron de Houssein y cayeron en manos de unos ineptos y clasistas. dependientes de los americanos, se libraron de Gadafhi y ahí están en problemas con el fundamentalismo, se libraron del Sha y cayeron en los Hallatolhas, etc. Etc.

Afortunadamente en América Latina las cosas no están tan peligrosas. En Venezuela si se libran de Maduro pueden caer en manos de una oposición bastante heterogénea que garantizará al menos mucha participación y en Brasil, lo que se avizora, es una transición larga y poco clara, en la medida en que las gentes en la calle no serían los gobernantes, sino muchos de los actuales partidos de la hoy coalición de gobierno. Partidos viejos y mañosos que han hecho parte del establecimiento de los últimos 30 años.

En todo caso, lo que interesa, es que a la gente se le colmó la paciencia con la corrupción, la ineptitud y gobiernos sectarios que sólo miran para un sector de la sociedad, sea el religioso o oligarca. De eso tendremos que aprender mucho en Colombia, porque los cambios no se consiguen, únicamente por las urnas. O mejor dicho, hay alternativas democráticas que obligan a hacer cambios en el sistema electoral o por fuera de él.

Creo que estamos muy lejos de salidas como la de Brasil o Venezuela, tal vez porque en Colombia los descontentos son de distinto nivel. Aquí hay descontentos sociales, como lo que pasó con el Paro Agrario hace más de dos años. Pero nadie más acompañó ese paro, solo sectores campesinos y una que otra voz sindicalista. También se presenta con frecuencia malestar en los maestros o en el sector médico, o en la rama judicial pero sus luchas son reivindicaciones laborales que no convocan sino el mero sector involucrado.

También tenemos luchas partidistas, que no logran interesar sino a cuatro gatos y luchas étnicas y territoriales, que cuando se dan quedan aisladas como problema de una región. En fin, en Colombia las primaveras son calor de un día que se resuelve en una negociación del respectivo sector, llámese taxita, indígena, médico o campesino, con el gobierno.

Eso sí, no me imagino el tsunami que se produciría en este país el día que se pongan de acuerdo todos estos sectores descontentos. Tendremos, sin duda, una primavera más fuerte que cualquiera de las mencionadas. Pero tranquilos, Colombia es un país en el que nadie se pone de acuerdo con nadie y donde hay más protesta en los tuits que en las calles. Claro, es entendible, nosotros no tenemos primavera, lo que tenemos son niño y niña y eso no es suficiente para hacer un cambio.

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