La prudencia que hace verdaderos sabios…

1 de septiembre del 2012

¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos  la prudencia que hace verdaderos sabios!, una y otra vez repetimos esta aspiración durante los nueve días de la novena. Vale la pena recordar cuantas veces realizamos esta petición, pues es justamente la prudencia la virtud que ahora parece ser más requerida, una vez  realizado el anuncio del gobierno […]

¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos  la prudencia que hace verdaderos sabios!, una y otra vez repetimos esta aspiración durante los nueve días de la novena. Vale la pena recordar cuantas veces realizamos esta petición, pues es justamente la prudencia la virtud que ahora parece ser más requerida, una vez  realizado el anuncio del gobierno de un cambio en la estrategia para manejar el conflicto y alcanzar la tan anhelada paz.

La prudencia es necesaria en los funcionarios y en todos  aquellos que están vinculados de una forma u otra en este proceso que se inicia. De igual forma, esta necesidad de ser prudentes va mas allá, se extiende a políticos, medios de  comunicación e incluso críticos. Creo que este no es el momento de oportunismos ni de buscar figuración.

Son muchas las generaciones que hemos crecido conviviendo con en el conflicto, por lo tanto no conocemos o no recordamos un país sin violencia. Merecemos prosperar sin que este siga siendo un elemento intrínseco a nuestra naturaleza.

Han sido muchas las estrategias utilizadas, los diálogos de paz iniciados, las desmovilizaciones, las amnistías, los acuerdos, los incumplimientos y por supuesto los procesos inconclusos.

Hoy tenemos una Colombia vista por el mundo con una mirada un poco diferente. Es atractiva para los inversionistas extranjeros y aun cuando seguimos cargando con el sino de la droga, por lo menos hay otros aspectos en los que sobresalimos y demostramos que podemos alcanzar grandes logros.

Es una Colombia diferente a la que tuvimos hace 6, 10, 12, 14 años,  para mencionar solo los más recientes periodos relacionados con episodios significativos con la lucha por lograr la paz. Es una Colombia que ha sufrido, pero que también debe haber aprendido qué hicimos bien, en qué nos equivocamos y cómo podemos hacerlo mejor, cómo podemos conseguir el éxito, porque está visto que ninguna de las fórmulas anteriores fue ciento por ciento exitosa.  Es una Colombia en la que debemos preguntarnos cómo podemos ayudar cada uno de nosotros a construir la paz, y qué es lo que se requiere en este proceso, porque sin lugar a dudas en un proceso que requerirá de la contribución de todos y cada uno de nosotros de una forma u otra.

La paz, no es simplemente el control por la fuerza de aquellos que realizan actos violentos, la paz no es la entrega de territorio, no es claudicar en principios y valores. La paz conlleva un modo de vida diferente al que hemos tenido, requiere de un alto grado de generosidad por parte de todos, para poder perdonar, sanar y buscar alternativas que permitan una convivencia pacífica y civilizada de los ciudadanos, donde haya oportunidades para todos y donde todos puedan tener acceso por lo menos a unas condiciones de vida digna.

Sin lugar a dudas si la paz es tan anhelada por todos, merece una oportunidad y la oportunidad requiere un voto de confianza en el gobierno, específicamente en el Presidente que es quien al final rendirá cuentas a todos los colombianos. Requerimos de esa prudencia que hace sabios para aquellos que estarán en la toma de decisiones y para todos aquellos que están dispuestos a iniciar críticas destructivas y la oposición irracional, antes de dar una oportunidad a una posibilidad de cambio.

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