La reivindicación del Caribe

14 de mayo del 2012

Después de “cien años de soledad”, un centralismo asfixiante y una clase política local y nacional que ha hecho todo lo posible por acabar con los sueños y anhelos de la región Caribe, parece que el tiempo del progreso ha llegado. Ya no vale la pena cuestionar al “genio” que decidió situar la capital de […]

Después de “cien años de soledad”, un centralismo asfixiante y una clase política local y nacional que ha hecho todo lo posible por acabar con los sueños y anhelos de la región Caribe, parece que el tiempo del progreso ha llegado. Ya no vale la pena cuestionar al “genio” que decidió situar la capital de Colombia en medio de inaccesibles montañas, “más cerca de las estrellas”, pero lejos del mar y sus puertos; ahora es el momento de mirar hacia el futuro y comprender que como nunca antes se están dando una serie de factores determinantes e históricos que le permitirán al Caribe colombiano convertirse en un polo de desarrollo incomparable.

En la primera mitad del siglo XX, la región era sinónimo de pujanza e innovación y su economía estaba entre las más prósperas del país. Posteriormente, empezó a sufrir un lento pero seguro rezago, cuando la atención nacional se centró en la bonanza cafetera y el desarrollo social, empresarial, vial y de infraestructura le fueron reservados a las zonas donde se cultivaba el grano y por supuesto a Bogotá y sus alrededores, en donde se concentró el poder político. El centralismo empezó a hacer estragos proscribiendo el Caribe del resto del país, marginándolo como un leproso. La falta de oportunidades, la pobreza extrema y el atraso fueron el caldo de cultivo para que, por distintas causas, la corrupción y la violencia se tomaran nuestras tierras.

Pero llegó la hora del desquite. Por más grande que sea nuestra miopía como sociedad es evidente que el futuro de Colombia está en la región Caribe. No podemos repetir el error de los años 90, cuando la apertura económica nos quedó grande. Por lo general, no hay segundas oportunidades, así que esta hay que aprovecharla al máximo. Gracias a su ubicación estratégica, sus puertos, recursos mineros y naturales, y a la entrada en vigencia del TLC con los Estados Unidos, el Caribe colombiano experimentará un crecimiento sorprendente que solo podrá ser capitalizado si nos preparamos para afrontar los múltiples retos que implica el tránsito del subdesarrollo al Estado de bienestar para todos.

Para que el TLC y los otros acuerdos comerciales que vienen en camino sean un éxito y conviertan a la costa colombiana en uno de los centros industriales y de exportaciones más importantes del mundo, es necesario ampliar y modernizar los puertos existentes y crear otros, construir un gran aeropuerto entre Barranquilla y Cartagena, cambiar las trochas y caminos de herradura por autopistas y vías para la conectividad, habilitar líneas férreas para el transporte de personas y mercancías, invertir en la educación de nuestra gente para que haya un verdadero cambio de actitud y, quizá lo más urgente, elegir a dirigentes comprometidos con el cambio, ajenos a las oscuras prácticas políticas del pasado, que tengan la preparación y la visión para articular las grandes transformaciones que se avecinan.

El TLC, sin duda, no es la panacea: las importaciones que contempla el acuerdo afectarán sustancialmente la producción agrícola y ganadera interna. En este punto en particular, el Gobierno Nacional debe ser muy cuidadoso para ofrecerle a ese renglón de la economía las garantías necesarias que aminoren el impacto negativo del tratado. A pesar de algunos escenarios lamentables como el descrito anteriormente, el TLC traerá en otras áreas, grandes oportunidades de cambio, para una región del País que, a pesar del olvido, la violencia y la corrupción, sigue luchando para mantenerse a flote.

La paradoja que plantea este nuevo horizonte es que no podemos dejar abandonados —como en su momento lo hicieron con el Caribe— a las regiones del centro del país porque entonces se produciría otra fractura social y económica que tardaría muchos años en sanar. Debemos tener claro que el beneficio que se genere con este nuevo despertar del Caribe debe replegarse en todos los rincones de Colombia.

El progreso del Caribe colombiano debe ir aparejado con el del interior. Solo así se construye Una Nación.

 abdelaespriella@lawyersenterprise.com

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