La respuesta es otra, Dr. Silva

16 de enero del 2013

Ahora resulta que, según la opinión de uno de los Ministros de Defensa del expresidente Uribe, lo que está pasando es que su antiguo jefe es un señor muy bravo, a quien le ha dado por atacar con saña al presidente Santos. Y sin justificación, dice, porque el superior que ahora tiene le ha dado […]

Ahora resulta que, según la opinión de uno de los Ministros de Defensa del expresidente Uribe, lo que está pasando es que su antiguo jefe es un señor muy bravo, a quien le ha dado por atacar con saña al presidente Santos.

Y sin justificación, dice, porque el superior que ahora tiene le ha dado plena continuidad a las políticas de la anterior administración, además de mantener un comportamiento ejemplar con el hacedor de su elección.

Para concluir, decide cerrar su página de análisis político comunicando un gran descubrimiento: Ahh… Como no hay ninguna razón para hacer oposición al Gobierno, es que Uribe está buscando una nueva reelección.

Así es el facilismo con el que algunos tratan las cosas públicas en Colombia, contagiados, quizás, del ánimo de señor y dueño y la displicencia que caracteriza a ciertos ambientes cercanos al poder.

Pero, bueno, veamos:

Hoy, el asunto de la aspiración a un nuevo período presidencial tiene que ver con Santos, no con Uribe.

El escenario para impulsar esa ambición se está preparando sin descuidar ningún detalle ni ahorrar el empleo de elementos de comunicación que eleven las expectativas.

Eso es legítimo. Para fortuna de todos vivimos en un régimen de libertades que permite aspirar, debatir y buscar el apoyo de la gente.

Cuando  llegue el momento de los anuncios formales, lo que va a seguir viendo el Doctor Silva, aún cuando no quiera reconocerlo, es que millones de colombianos continuarán reclamándole al presidente Santos que haya desconocido el mandato que recibió.

Él defenderá las conversaciones en La Habana con el argumento de que intentar era lo responsable y agregará que su fracaso no le hizo daño al país ya que todo siguió transcurriendo en plena normalidad.

Lo que no podrá decir es que adelantar diálogos en medio de las balas y las bombas era lo que querían quienes acudieron a las urnas a votar por el heredero de Uribe.

Y tendrá que escuchar las voces de esos millones de ciudadanos recordándole que sufragaron para que se siguiera exigiendo a las Farc  el cese de sus actividades criminales como condición para el diálogo, toda vez que no se podían remover los inamovibles pues era prioritario defender la seguridad de Colombia.

Seguridad que se ha deteriorado, como se lo seguirán diciendo en Arauca, Meta, Tolima, Huila, Catatumbo, Cauca, Valle del Cauca, en fin, en todas las regiones de Colombia.

No va a ser fácil para el candidato Santos explicar ese cambio sustancial del rumbo, haciendo caso omiso de la voluntad de la inmensa mayoría, cuando el reclamo es tan sentido y las Farc, en lugar de seguir disminuyendo en número de efectivos, empezaron a aumentar de nuevo a partir de 2010, de acuerdo con las fuentes militares.

En esa campaña, el aspirante a la reelección será Santos. Uribe continuará defendiendo la tesis de que la nuestra puede ser una nación con seguridad y que su impacto en la inversión es una fuente de recursos para avanzar en el mejoramiento social, que es la finalidad del Estado.

No se equivoque, Dr. Silva, la respuesta es otra.

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