La revocatoria de Petro

13 de mayo del 2013

Petro debe saber que si pasan las firmas, pierde con cara y pierde con sello. Columna de Antonio Sanguino

A Petro como alcalde capitalino no le ha ido bien, aunque cuenta con un buen Plan de Desarrollo y enarbola un discurso progresista y reformador. Pero el proceso para su revocatoria es altamente inconveniente. En otros contextos podría ser un experimento de aplicación, por fin, de un instrumento de democracia participativa o directa tantas veces reclamado desde las izquierdas. E incluido por ellas en la Constituyente de 1991 y en la ley estatutaria de participación, reformada en el 2002 para facilitar su implementación. Sin embargo, el momento de la ciudad no soporta más confrontaciones políticas y electorales.

Bogotá viene de una crisis ética en su democracia. Las evidencias apuntan a una captura de la contratación pública por parte de estructuras delincuenciales y mafiosas. Fenómeno que interrumpió su ritmo de desarrollo urbano. Y que laceró la confianza ciudadana en la institucionalidad pública. Precisamente por eso al Gobierno Distrital le correspondía mover la máquina institucional para recuperar el tiempo perdido blindando la contratación pública de nuevos hechos de corrupción. Cierto es que el Alcalde ha preferido “refundar” la ciudad como poseído por “el síndrome de Jiménez de Quesada”, haciendo gala, además, de un estilo confrontador. Que ha sustituido su déficit gerencial por un discurso sobre politizado con rasgos dogmáticos. Pero aún así, está a tiempo para enderezar el rumbo y ejecutar eficazmente la “Bogotá Humana” que nos prometió.

Al principió Petro dijo estar feliz con la idea de su revocatoria. Le pareció una extraordinaria oportunidad para “volver a la calle” a refrendarse como mandatario. Que estuviera liderada por el nieto de Laureano Gómez le permitía poner el debate público en términos de izquierda/derecha.  Y la historia de una supuesta “vaca del carrusel de la contratación” para financiarla, le caía como anillo al dedo.  Ahora todo indica que está seriamente preocupado. Por eso ha dispuesto un ejército de servidores públicos a revisar las firmas y ha solicitado información a las autoridades electorales sobre la financiación de la campaña de revocatoria. Siente pasos de “animal grande”.

Petro debe saber que si pasan las firmas y hay elecciones para la revocatoria, pierde con cara y pierde con sello. Porque si la revocatoria obtiene más de los 1.234.214 votos requeridos, todo indica que ganaría el SI y tendría que irse del Palacio Lievano. Pero de no obtenerse ese umbral, todas las encuestas apuntan a que el SI ganaría por un 70% o 80%, lo que dejaría su mandato con un alto grado de ilegitimidad, así se mantenga en el cargo. No le será fácil encarar esta campaña, pues si llama a la abstención para evitar el umbral, el triunfo del SI está garantizado y si llama a votar el NO ayuda a la consecución de la votación reglamentaria.

Pero quien más pierde es Bogotá. Porque será inevitable que todo el gobierno se concentre en la campaña por mantener a Petro. La agenda pública quedará congelada por cuenta de la confrontación electoral. Y tendremos una nueva campaña por la Alcaldía este año si triunfa la revocatoria. Por eso no la votaría. Prefiero confiar en que el Alcalde gobierne y gobierne bien.

@AntonioSanguino 

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