La segunda Casa Blanca

La segunda Casa Blanca

18 de abril del 2017

Trump parece sentirse cómodo en su residencia de Miami y muy incómodo en la de Washington. Tanto que algunas decisiones muy importantes de política exterior las está tomando mientras disfruta una buena comida en Mar-a-Lago. Así lo hizo con la orden de lanzar la “Madre de todas las Bombas” contra algún lugar de Irak o la de dirigir una flotilla marítima, encabezada por un portaaviones con armamento de guerra, hacia la bahía de Corea.

Allá también se reunió con dos expresidentes de Colombia, Uribe y Pastrana, en un gesto un tanto desobligante con Santos, a quien todavía no ha recibido. Por supuesto que un encuentro social con estos “bad hombres” como suele llamar Trump a los latinos, no reviste la misma importancia que los ataques contra Siria, Irak y la amonestación a Corea del Norte. Por lo menos por ahora, porque podrían ser la antesala de una nueva política intervencionista en la región que podría empezar en Venezuela, por ejemplo.

Lo que pasa es que con el Potus (President of the United States) nunca se sabe. Si algo ya aprendimos en este primer trimestre de su gobierno, es que Mister Trump en impredecible, errático y llevado por sus emociones más primarias.

La manera de gobernar, desde un palacete en Miami, no guarda relación con las estructuras de poder en Washington, ni obedece a una línea política. Esta segunda Casa Blanca, en la que tampoco habita la primera dama, es parecida al mismo Presidente, desconcertante.

Como lo decía Paul Krugman en su columna del Espectador del domingo, tomar decisiones, no significa tener una política. Eso quedó claro con los hechos de la semana pasada, cuando entró a la pelea de Siria, con un bombardeo solitario que no resolvió el problema de Bashar Al Assad, pero si puso sobre aviso a todo el mundo.

Tampoco significa que tenga una política para combatir el terrorismo, distinta a expulsar latinos indocumentados. Mandó una super bomba contra una supuesta base de Isis, en un acto más de show que de efectividad y lo de Corea del Norte suena a bravuconada, amenaza de cowboy.

Igual sucede con la visita de Uribe y Pastrana, que andan felices por haber ido con quejas a donde el nuevo patrón. Nada concreto, solo mala leche contra Colombia y meter cizaña en esa mentalidad de negociante, que utiliza Trump para medir los resultados de sus actos.

Parecería que intenta demostrar que “gobierna” y que hace las cosas bien. Eso le da réditos con personas que, por ejemplo, se tragaron el cuento de que las imágenes de niños víctimas de ataques químicos, habían conmovido a Donald. “Después de todo, él también tiene su corazoncito” pensaron con emoción. Nada más lejos de eso. Creer que detrás del bombardeo a la base aérea Siria había un gesto humanitario es tan ingenuo como creer que el Potus es el amante esposo de Melania.

Detrás del bombardeo a Siria habrá muchas otras razones, entre ellas el precio del petróleo o la ventaja que podría estar tomando Rusia en ese territorio, pero no la voluntad de salvar vidas. Y por supuesto la urgencia de distraer a los medios de la agenda nacional, en la que tiene serios problemas y para eso nada más apropiado que las guerras lejanas y distantes.

En lugar de pensar que ahora sí está gobernando y que el mundo tiene un nuevo sheriff, de lo que hay que convencerse es que realmente llegó a la presidencia de los Estados Unidos un hombre peligroso para la paz mundial, para los derechos humanos y para el medio ambiente.

¿De ser recibidos por este señor es que se precian Uribe y Pastrana? ¡Hum! Mala cosa.

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