La trampa del plebiscito

23 de julio del 2016

Con una escueta pregunta nos quieren hacer tragar cualquier cantidad de sapos.

En los próximos cinco meses se decidirá uno de los capítulos más importantes en la historia política de Colombia. En este tiempo se definirán por parte del Gobierno la implementación de los acuerdos con las Farc, y su refrendación por parte de la ciudadanía. Lo que está en juego es ni más ni menos que el futuro del país.

Es por eso, que una vez más, y llamando al buen juicio de los colombianos, me permito enfatizar las implicaciones que tendrán el plebiscito denominado ‘por la paz’ y el Acto Legislativo, también llamado ‘por la paz’.

En cuanto al primero, quiero decir que este no es más que un engaño por el cual el Gobierno condiciona a los ciudadanos a votar Sí o No un extenso temario en el cual no podremos rechazar aquellos puntos en los que no estamos de acuerdo.

Es así, como bajo la falsa promesa de la paz, el Gobierno quiere llevar a millones de colombianos a aprobar unos acuerdos de casi cuatro años de negociación en un instante, sin discusión y sin saber exactamente de qué tratan.

En pocas palabras, con una escueta pregunta nos quieren hacer tragar cualquier cantidad de sapos sin que podamos decir punto por punto, si lo que se decidió en La Habana corresponde a lo que es la voluntad del pueblo.

Adicional a esto, resulta contrario que se pretenda legitimar unos supuestos acuerdos de paz con solo el 13 por ciento del electorado (4 millones 300 mil votos) en un país de 48 millones de habitantes.

También queda el grave antecedente de haber modificado la figura del plebiscito, haciendo uno casi exclusivo para refrendar los acuerdos con las Farc.

Por su parte, el Acto Legislativo que modifica la Constitución para implementar los acuerdos, ocasionará inseguridad jurídica debido a que cambiará las reglas frente a los asuntos de paz. Esto, al contrario, no va a permitir que se llegue a este objetivo a pesar que se firmen unos acuerdos con las Farc.

Adicionalmente, este acto legislativo sustituyó la Constitución al modificar las funciones del Congreso, dejándolo como simple notario de las leyes que presente el Ejecutivo.

De otra parte, las facultades que se le dan al Presidente para que pueda emitir decretos con fuerza de Ley para desarrollar los acuerdos, asemeja a Colombia al modelo Castro –chavista.

De igual manera, el acto legislativo permitirá que los acuerdos con las Farc se puedan elevar al bloque de constitucionalidad, por medio de la tipificación de los acuerdos como Acuerdo Especial en el marco del Derecho Internacional Humanitario, lo que hará que en la práctica que los guerrilleros se conviertan en constituyentes.

Ni que decir de la modificación que se hizo al proceso de aprobación de los proyectos de actos legislativos que por su naturaleza deben rendir ocho debates, el cual fue reducido a cuatro.

De este modo, sobrepasando las normas, el Gobierno busca darle punto final a unos acuerdos en los que tendremos que tragarnos enormes sapos que fomentarán nuevas violencias debido al alto grado de impunidad que conllevan.

@sanvalgo

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