La trampa suprema

4 de septiembre del 2011

Si usted quiere saber desde cuándo son tramposas las elecciones colombianas, pregunte desde cuándo hay guerra en Colombia. Son dos historias paralelas, simbióticas. Mejor dicho, es la misma historia. La respuesta es sencilla ¡desde siempre! La Corte Suprema de Justicia condenó a Alberto Santofimio por participar en el complot para asesinar a Luis Carlos Galán. […]

Si usted quiere saber desde cuándo son tramposas las elecciones colombianas, pregunte desde cuándo hay guerra en Colombia. Son dos historias paralelas, simbióticas. Mejor dicho, es la misma historia. La respuesta es sencilla ¡desde siempre!

La Corte Suprema de Justicia condenó a Alberto Santofimio por participar en el complot para asesinar a Luis Carlos Galán. Pues bien, el asesinato fue la manera de robarle a Galán y a las fuerzas que lideraba y a las ideas que encarnaba, las elecciones presidenciales que tenían ganadas. Dicho de otra manera, Santofimio se pudrirá en la cárcel por ser de los políticos que manda matar para detener al contrincante. No ha sido ni es el único. En su caso, el gremio de políticos corruptos respiró tranquilo y lo ensalzó, les devolvió el alma al cuerpo. El día del atentado la pandilla supo que podía seguir ganando elecciones y 22 años después ahí siguen, montados en la pucha. Algunos presos, pero pocos…

La expresión suprema de la trampa política es matar al contradictor. Fue lo que hicieron Santofimio y sus compinches. Quién sabe con cuántos políticos aculillados y derrotados por Galán hablaría Santofimio del asunto o se cruzó miradas inteligentes, de esas que son más elocuentes que las palabras. Por lo pronto él ya cayó, los otros de cualquier manera se irán desgranando. La momia tenebrosa de director del DAS de la época espera cual esfinge atolondrada que los jueces le peguen el “mazazo” que lo tiraría a la misma pocilga de Santofimio.

A ese tajo es probable que algún día la Justicia de los jueces y los magistrados termine por abrir de par en par las puertas de la paz en Colombia. Porque mientras en este país sigan robando elecciones a pistoletazos o de cualquier otra manera, no habrá más que la barbarie de siempre. Esta semana le abrieron a navajazos el vientre a una mujer embarazada para robarle su criatura ¡Quién se extraña de que algo tan monstruoso suceda en cualquier cañada…si políticos que fueron ministros de justicia y senadores asesinan candidatos presidenciales!

El asesinato como expediente supremo de trampa en la política se utilizó en Colombia con Uribe Uribe con Gaitán con Galán y se utiliza todos los días de todos los años desde tiempos inmemoriales en los pequeños pueblos, en los campos y en las ciudades. Cuando no pueden atajar por las buenas al que irrumpe como triunfador, le montan el fraude limpio, sin sangre: compra de votos, cédulas de muertos, cédulas falsas, jurados ladrones en fin, ya saben ustedes…Pero cuando esos procedimientos no funcionan, entonces mandan al sicario, la última trampa, la trampa suprema. La película se repite y se repite y se repite, más allá del magnicidio…hablo del resto de la matanza. La política colombiana se sintetiza en esta palabra: ¡genocidio! Genocidio para atajar e impedir el relevo. Asesinatos selectivos y sistemáticos de líderes campesinos, líderes urbanos, líderes sociales que es lo mismo que decir líderes políticos. Aquellos que defienden a los pobres, a los negros, a los indígenas, a los trabajadores, a las mujeres, a los homosexuales. Los que defienden los derechos humanos, la justicia, los que pretenden impedir el saqueo del patrimonio público en fin, los que buscan la paz.

No se olvide. La violencia en Colombia se engendra en la lucha por el poder político, allí la hacen y de allí la copian los que caen en el desvarío de la barbarie. Es la violencia de poderosos que se resisten a perder privilegios. ¿De estos Santofimios… cuántos hay sueltos y agazapados?

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