La yidispolítica y la estrategia kamikaze

21 de febrero del 2011

A principios de 2008, Yidis Medina Padilla saltó de la farándula legislativa a la judicial, apoyada en una historia según la cual había vendido su voto cuatro años atrás en la Cámara de Representantes, siendo congresista, para que en el Legislativo no se hundiera el proyecto de reforma constitucional que buscaba en ese momento que en Colombia fuera posible la reelección del Presidente de la República. Esa historia puso contra las cuerdas a varios funcionarios principales del gobierno del presidente Alvaro Uribe, quienes después de mucho tiempo continúan bajo la lupa de la justicia.

La aparición de Yidis fue llamativa en muchos aspectos, pero hubo uno que nunca se analizó lo suficiente: la consecuencia suicida de su historia, pues Yidis, en su propósito, iría a la cárcel inexorablemente. Era una táctica que permitiría, como entre los legendarios kamikaze de la Segunda Guerra Mundial, tumbar el portaaviones presidencial, al costo de la ruina personal y política de una piloto desconocida.

¿Quién adiestró a la piloto kamikaze para un viaje tan temerario? ¿por qué la kamikaze estaba tan resuelta y segura de que su historia llena de inconsistencias tendría el impacto de tumbar el portaaviones presidencial?

La única explicación posible es que los almirantes ocultos detrás de la piloto la convencieron de que la simple amenaza de un ataque así de destructivo haría el suficiente daño como para evitar el sacrificio de la protagonista de la acción. Pero no fue así, y terminó condenada por cohecho.

Muchos se preguntan aun a quién se le ocurrió toda la idea. El Dr. Ramón Ballesteros, comprometido ahora en el episodio del testigo Hernández, tiene las claves de aquellos momentos. Él fue visible estratega de la causa Yidis, aunque de seguro no fue su arquitectura exclusiva. El efecto de la llamada yidispolítica  fue desgastador y costoso para el gobierno de turno, pero de alcance limitado en relación con los propósitos iniciales. Muchas razones explican ese alcance limitado. Una de ellas es que se les fue la mano en publicidad y manejo mediático: la hicieron portada de la revista Soho (“Yidis Medina es el blanco de todas las miradas, pero faltaba la de SOHO”, decía la Revista) y recientemente la convirtieron en fecunda narradora de un libro (”Yidis Medina: confieso. De rodillas en el baño presidencial”) en el que se llega al punto de decir que el presidente Uribe se le arrodilló en un sanitario. Tanto astuto sacando partido a Yidis han disminuido su credibilidad ante sus oportunistas seguidores.

Considerando los hechos judiciales de esta semana, una pregunta sigue: La seriedad del llamado expediente de la yidispolítica  ¿En qué queda? ¿Quién garantiza ahora que en aquella oportunidad el móvil de ese expediente fue limpio o estuvo desprovisto de todo interés político o monetario? ¿Quién certifica que la justicia no pudo ser influenciada a propósito? La Fiscalía está próxima a resolver la situación jurídica de tres destacados ex funcionarios del gobierno anterior. Este es un momento oportuno para que los investigadores hagan una reflexión adicional e incluyan en su análisis las reveladoras nuevas circunstancias.

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