Las “verdades” simplistas de Fedegán

9 de agosto del 2011

Tenía decidido escribir sobre el despelote de los partidos políticos en los que no parece existir ninguna coherencia ideológica. Mi intención era referirme al Verde, que en Bogotá recibe el apoyo de la U, mientras en Cali apoya a un candidato conservador, en una flagrante traición al principio de “no todo vale”. Mencionar la crisis […]

Tenía decidido escribir sobre el despelote de los partidos políticos en los que no parece existir ninguna coherencia ideológica. Mi intención era referirme al Verde, que en Bogotá recibe el apoyo de la U, mientras en Cali apoya a un candidato conservador, en una flagrante traición al principio de “no todo vale”. Mencionar la crisis del Polo en su búsqueda desesperada de cualquier triunfo ante la catástrofe de los Moreno en Bogotá.  Mostrar cómo recogen en Cali una candidata que se inició bajo el amparo de Juan Carlos Martínez, después se fue a un movimiento Afro, luego se volvió  independiente y termina en el Polo, que la gradúa de izquierda, a la vez que expulsa a sus concejales, por no obedecer esta imposición.

De este desorden quería hablar, hasta que leí, en este mismo medio, la columna de José Félix Lafaurie llamada “No hay derecho” y no tuve más opción que cambiar de tema, porque lo que el presidente de Fedegán asegura es una falacia que ya hizo carrera durante el reinado de Uribe y podría, con el lobby que saben hacer gremios, volver a acogerse como tesis válida.

Según el doctor Lafaurie, en los territorios indígenas y afros se ha disparado la guerrilla y el narcotráfico porque nuestra Constitución y nuestras leyes les han otorgado autonomías que no tienen condiciones de hacer respetar. Ni las autoridades indígenas, ni los Consejos Comunitarios, dice el presidente de Fedegán, son capaces de resguardar sus territorios y no dejan trabajar a las autoridades militares que sí podrían contrarrestar la presencia de grupos al margen de la ley.

En mi parecer, esta tesis es falaz por tres razones, entre otras muchas. La primera, porque la presencia de estos grupos no es reciente, viene desde hace muchos años, inclusive desde antes de la Constitución del 91 donde se plasmó el reconocimiento de una Colombia Multiétnica y Pluricultural. En la Cordillera Central han cohabitado por décadas los indígenas, muy a su pesar, casi con todas las siglas de la subversión y la delincuencia. La guerrilla y los narcos estaban en las montañas del Cauca antes del proceso de paz con el M-19. Desde allí se gestaron los primeros secuestros en el Valle cuando se llevaron a Harold Eder y a Harold Blum, destacados empresarios de la región.

Este proceso no se le puede achacar al reconocimiento constitucional y legal de la autoridad indígena o afro. Es un mal tan viejo como la guerrilla misma y sus causas están íntimamente ligadas a la exclusión social del campo, incrustada en la historia de nuestra nación.

En segundo lugar, creo que lo que ha generado la marginalidad en las regiones del Pacífico y las cordilleras colombianas es el abandono del Estado. No basta con otorgar títulos o reconocimientos legales; en el Cauca y en el Pacífico hay que hacer inversión en infraestructura, en saneamiento, en educación, en comunicaciones… Inversión, pero respetando la cultura y las formas organizativas autóctonas.

Y finalmente me aparto de las posibles soluciones al problema que plantea el doctor Lafaurie. Está convencido que la respuesta a todos los males de los territorios afro e indígenas está en arrebatarles lo poco que han conseguido, el reconocimiento de sus formas organizativas para reemplazarlas por la “autoridad” de las Fuerzas Militares. Recordemos que esto ya se intentó por ocho años y vean como quedamos después de una seguridad nada democrática y poco estable. Estos ha sido años perdidos para la inversión social y para avanzar en el respeto de los territorios y de las etnias martirizadas por el abandono estatal y por los grupos al margen de la ley, que crecen como yerba mala precisamente donde no hay Estado, pero si hay conflicto armado.

El papel de los gremios sería muy importante, si en lugar de suspirar por los años idos, se sentaran con las comunidades indígenas y afro a debatir soluciones reales a sus muchos males. Lo de los partidos políticos da espera, pero lo del Pacífico y el Cauca, no. Por eso decidí cambiar de tema y aprovechar el papayazo de un análisis simplista como el de José Felix Lafaurie.

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