Las dictaduras electorales

30 de mayo del 2018

Opinión de Emilio Figueredo.

Las dictaduras electorales

Las democracias liberales surgidas al culminar la Segunda Guerra Mundial han sido asediadas desde finales del siglo XX por un fenómeno político antiliberal, que usando los mecanismos tradicionales de las elecciones democráticas, las han ido vaciando de su esencia para convertirlas en la plataforma “pseudo democrática” de diversas expresiones de corte autoritario o neo totalitario.

Es comprensible esa tendencia en la medida en la que con la muerte de las ideologías al concluir la guerra fría los partidos políticos tradicionales han ido, en muchos países, perdiendo su principal razón de ser y han venido siendo substituidos por movimientos políticos de corte personalista.

Hoy vemos cómo en países como Italia los otrora importantes partidos políticos como la Democracia Cristiana, el Partido Comunista y el Partido Socialista han desaparecido o si acaso cambiado de nombre y vienen siendo sustituidos por organizaciones dependiendo de personas como lo son Berlusconi o Beppe Grillo, o de entidades xenofóbicas como la liga del norte.

En España y en Francia la situación es algo diferente pero el personalismo cada día pesa más en las diversas organizaciones políticas a pesar de que pretendan ubicarse éstas en residuos ideológicos de derecha, centro o izquierda.

Donde el fenómeno se ha implantado de manera más radical y ha ido socavando por dentro la democracia institucional ha sido en América Latina donde el caso más emblemático ha sido el del chavismo en Venezuela, que imponiendo la supuesta democracia participativa y protagónica, ha literalmente emasculado una de las democracias representativas más dinámicas de la región.

Su influencia y en particular su músculo financiero a inicios del siglo XX oxigenó ese modelo en varios países de la región como fue el caso de Bolivia, Ecuador, Nicaragua e intentó serlo en Paraguay, Honduras, y formó alianzas con Fidel y Lula para apalancar los movimientos afines al foro de São Paulo.

Ejemplos abundan de gobiernos que siendo autoritarios o dictatoriales venden al mundo una imagen pseudo democrática, intentando legitimarse a través de procesos electorales viciados. Así son las elecciones de Putin en Rusia , o las de Lukachenko en Bielorrusia, incluso Saddam Husein celebraba elecciones que por supuesto ganaba con porcentajes superiores al 90%.

Y eso es lo que hace Ortega en Nicaragua y por supuesto Maduro en Venezuela que ha llevado esa manipulación electoral a sus extremos hasta el punto de doblar el numero de participantes en la reciente elección que se caracterizó por una abstención cercana al 80%.

Ahora, vemos cómo se viene imponiendo una corriente contraria que pareciera poder detener el auge de ese populismo autoritario y personalista de izquierda, esperemos que el anverso de la medalla no se convierta en lo mismo pero de signo contrario.

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