Las empresas multilatinas

21 de mayo del 2011

ESQUINA GLOBAL

América Latina pasa por un buen momento como lo evidencia, entre otros síntomas, el fortalecimiento de sus propias empresas, ahora llamadas “multilatinas” o empresas transnacionales de América Latina. Este crecimiento se corresponde con el auge de las denominadas economías emergentes (China, Brasil, India, Singapur), cuyo crecimiento se asocia con el 70 por ciento de las posibilidades de progreso del mundo a comienzos de este siglo. Los nuevos pequeños gigantes empresariales están presentes en todos los campos; en petróleo (Petrobras, Pdvsa), en alimentos (Bimbo, Pollo Campero), en cementos (Cemex), en comunicaciones (Telmex), en tecnología (Tivi) y, en prendas de vestir (Alpargatas). Aunque no nacieron ayer, algunas de ellas sí se comenzaron a destacar en el ámbito global cuando muchas empresas transnacionales, europeas y norteamericanas domiciliadas en América Latina, abandonaron el área, presionadas por sus propias crisis domésticas o atemorizadas por las dificultades pasajeras que atravesaron las economías latinoamericanas.  Las multilatinas no son, por supuesto, empresas que utilicen tecnologías de punta; puede decirse, inclusive, que forman parte de una clase media tecnológica en ascenso; pero sí están formando una nueva clase dirigente empresarial, una nueva generación de administradores regionales, cuyas habilidades se estaban haciendo evidentes, desde hacía varios años, cuando formaban parte de los cuadros directivos de empresas transnacionales con intereses en el área. En algunos casos, como sucede, por ejemplo, en el de la fabricación de automóviles movidos a base de biocombustibles o de ciclo combinado entre etanol y gasolina, las multilatinas brasileñas productoras de autos y camiones tienen el liderazgo indiscutible en el mundo. Gracias a esta diáspora empresarial -parecida a la que vivieron los profesionales y profesores indios que migraron a Silicon Valley y luego regresaron a su país- estos cuadros gerenciales han logrado posicionar las multilatinas como la vanguardia de las empresas de los países emergentes más exitosas del mundo. Así lo prueban los 100.000 millones dólares de utilidades de Petrobras del año pasado, los 97.000 empleados de Bimbo, el 80 por ciento del mercado regional del cemento que posee Cemex y el alto índice de globalización de empresas como Alfa. Cumplida esta primera etapa de consolidación regional, lo que ahora parece venir es la conquista del mundo; el desembarco en una Europa aturdida por una crisis que no termina y muchas de cuyas empresas hoy se lamentan de haber abandonado el hemisferio occidental por unos tímidos amagos de crisis comparables a una simple gripa si se le compara con la pulmonía de la actual crisis europea; también están por conquistar los nichos norteamericanos de mercado si las concesiones arancelarias de los nuevos tratados de libre comercio entre Latinoamérica y los Estados Unidos, no conllevan a la imposición de restricciones no arancelarias norteamericanas, como licencias sanitarias, cuotas de importación y subsidios a la producción agrícola; un entramado de trabas y palos en las ruedas que convertiría a Kafka, si viviera en Washington y escribiera sobre ellas, en un vulgar escritor costumbrista. “El mundo, por cuenta de las multilatinas –lo dijo una importante conferencista española- se está comenzando a pintar al revés”. Es cierto, como lo han señalado algunos, que la inversión de las multilatinas no representa más del 5 por ciento del total de la inversión extranjera para el desarrollo en el mundo; pero también lo es que la dinámica de crecimiento de estos flujos multilatinos duplican los del resto del mundo y que ya no estamos hablando de empresas de papel como las que existían hace un par de décadas cuando los llamados “paraísos fiscales” eran utilizados para esconder, en remotas islas del Caribe, dineros provenientes de evasiones fiscales y operaciones de narcotráfico. Las multilatinas son empresas de carne y hueso, bien gerenciadas, agresivas en los mercados, creativas y conectadas globalmente. Y aunque nacieron en medio de las crisis o como respuesta a ella, crecieron en el clima de estabilidad macroeconómica y democrática que caracteriza la región desde hace varios años. Asegurada su presencia y la de sus mercados, las multilatinas terminarán convertidas en una especie de seguro contracíclico para evitar que movimientos bruscos de flujos de inversiones provenientes de otras regiones (como ha sucedido con las provenientes de Europa en las dos últimas décadas) acaben por desequilibrar las posibilidades sostenidas de crecimiento de una región que viene, desde hace varios años, disparada. Por desdicha, el síndrome de la asimetría que caracteriza la economía regional, también se repite en este caso; unos pocos países (México, Brasil, Chile, Colombia) concentran el 70 por ciento del potencial multilatino. Paradójicamente, las multilatinas se encuentran hoy en situación comparable a la que vivieron las empresas españolas al comenzar la década de los 90 cuando, apoyadas en una fuerte infraestructura, después de conquistar sus propios mercados y algunos de Europa, tomaron la decisión de embarcarse hacia América Latina. Nuestras multilatinas, pasada su adolescencia, ya están en condiciones de encontrar caminos, parecidos a los que están encontrando los países emergentes a los cuales pertenecen, mientras los grandes países siguen distraídos armándose para las guerras que ellos mismos inventan.

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