Las grandes purgas

15 de agosto del 2018

Por Emilio Figueredo.

Las grandes purgas

Entre 1934 y 1936, Nikolai Yezhov, jefe del NKVD (equivalente a la KGB) procedió a una purga dentro del partido comunista de la URSS y del Estado de todos aquellos revolucionarios soviéticos que hubieran podido hacerle sombra a la instauración de la dictadura personal de Iosif Stalin.

Luego, entre 1937 – 38 hizo lo mismo con vastos sectores de la población. Durante su mandato como jefe de la policía secreta, cientos de miles de personas fueron asesinadas y millones detenidas y confinadas a los Gulags, es decir a los campos de concentración.

En estas purgas cayeron muchas de las principales figuras del inicio de la revolución como Trotsky, Kamenev , Zinoviev, Bujarin, Rykov y muchos otros que fueron compañeros de lucha de Lenín.

De allí en adelante muchísimas personas fueron víctimas de la orgía de sangre estalinista porque se purgó a todos aquellos “elementos” que no se adecuaban a la particular visión revolucionaria de Stalin. Los cálculos que hoy se hacen de ese genocidio lo elevan a la impresionante cifra de 13 a 15 millones de personas, según el historiador Robert Conquest, quien realizó la investigación más seria que se haya hecho después de que Solyenitzin, en su libro sobre el Gulag, hubiera plasmado la cifra de 60 millones de desaparecidos.

En todo caso, a partir de esa fecha, se hicieron comunes los juicios públicos en los que los acusados se inculpaban a sí mismo de los peores crímenes contra el estado.

Esa misma praxis fue adoptada posteriormente por Mao en China con aún mayor mortandad por los numerosos errores de política económica, entre otros, el gran salto hacia adelante que, por sí solo, generó más de 20 millones de muertes.

En nuestra zona caribeña, Fidel siguió la misma pauta, con menos muertos, pero con la misma ignominia de ver a los acusados culpándose de los peores crímenes contra el Estado, siendo famosa la confesión del poeta Heberto Padilla.

Ahora observamos cómo el régimen venezolano está incursionando sin contención en estos procederes, ejemplo de ello el reciente video del diputado Requesens.

La lógica de todo sistema totalitario es la misma, no es aceptable ni admisible ningún tipo de oposición o disidencia frente a la voluntad del dictador, y por lo tanto los caminos que se abren ante ella son: el exilio, la cárcel o la muerte.

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