Las historias de mi abuelo

23 de mayo del 2019

Opinión de Andrés Hernández

Las historias de mi abuelo

Son las nueve de la noche, en medio de una clínica donde está él, mi abuelo, internado luego de un infarto que por poco acaba con su vida y que de paso nos hubiese dejado un gran dolor y vacío a toda la familia.

Entre los corredores de la clínica se escuchan los sonidos de cada uno de los monitores que vigila a los pacientes, el “Gordo” como yo le digo a mi abuelo, se alegró al saber que entre a la habitación y que estaríamos hablando de todo un poco y lo más importante de todo él quería ver televisión, como era de costumbre hacerlo en las noches, junto a mi abuela. Su confidente de cada una de sus locuras.

Antes de prender mi computadora, hablamos de algo que yo quería saber desde hace mucho, como fue que él y mi abuela se conocieron, pues bien les contare esa maravillosa y fantástica historia de amor que nació en la tierra más hermosa, Boyacá.

Todo inició en 1957, cuando mi abuelo terminaba de prestar servicio militar y se disponía a regresar a finca de sus padres, donde nació y se crió con los valores más importantes y, sobre todo, con la humildad que toda esta sociedad debería tener. Ellos (mi abuela y mi abuelo) vivían en una finca, ambos jóvenes, ella de 15 y el de 20, iniciaron lo que hasta ahora es llamado “el noviazgo” que sin lugar a duda fue muy fuerte y quien lo podía creer, no fue de los duraderos, sino que por el contrario duró muy poco antes de que mi viejo le pidiera la mano para convertirla su esposa.

Se casaron en 1961, primos de sangre, pero amores de toda la vida, mi abuela siempre ha sido una mujer de su casa, que le ha tocado vivir de las duras y las maduras y él, que desde muy pequeño debió soportar el yugo de la inseguridad y de la desigualdad. En sus primeros años de casado, me relata mi abuelo que él era un “mujeriego” pero que por mas errores que tuviera, siempre tendría el amor claro y puro para su amada, la que, hasta hoy, más de 50 años después, es y continúa siendo su amor eterno.

“Su abuela la quiero más ahora, de lo que la quería antes” Me repite mi abuelo cada vez que le pregunto sobre ella.

En 1980 y al ver la situación actual por la que estaban pasando, ellos decidieron vender parte de sus tierras y comprar un pequeño lote en la ciudad de Bogotá, en el barrio Santa Isabel, donde inició su nuevo su nido de amor y no solo para ellos, sino para sus 8 hijos, a los cuales criaron con las uñas, con la tenacidad de verlos grandes así ellos se tuvieran que acostar con el estómago vacío.

700 mil pesos, fue el costo total del lote donde empezaron a construir la casa, la razón de ser periodista quizá también llegue de esa parte, porque mi abuelo con el sudor de su frente compró el lote legalmente, pero al parecer un abogado le quería arrebatar de sus manos. Con la malicia indígena y con las ganas de luchar por lo suyo, invito a desayunar a dicho abogado para hablar del porque les quería quitar su casa y todo aquello que siempre soñó.

Eran las 6 am, mi abuelo madrugó a San Andresito de la 38, a invertir cien mil pesos de la época, en una dorada y muy linda grabadora de cassette profesional de periodista, con un único propósito, desmantelar y dar a conocer la clase de artimaña que le quería quitar su casita y la de sus hijos.

Llegó la hora de verse con el abogado, sin percatarse este que mi abuelo llevaba camuflada la grabadora, y donde solo se limitó a preguntar el porque, a lo cual el abogado confesó todo y desde ese entonces el guarda esa cinta, que le salvó su casa ante un juez y que, hasta el día de hoy, dejó en desprestigio a ese hombre malo que solo se dedicaba a robar a la gente humilde.

Lo comprobó ante la Corte de la época en el Palacio de Justicia, luego de esto salió para tomar autenticar unos documentos, solo iba tres cuadras de la Corte, cuando sucedió la toma del Palacio de Justicia.

Continuará…

@AndresCamiloHR

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO