Las pastillas caras, ¿y el valor de la vida qué?

3 de agosto del 2019

Opinión de David Barguil

Las pastillas caras, ¿y el valor de la vida qué?

Esta semana la Superintendencia de Industria y Comercio le impuso una multa por más de $82 millones a Pfizer por cobros exagerados en los medicamentos que venden en Colombia. Los precios excedían los máximos fijados por las normas del Régimen de Control de Precios. En algunos casos sus tarifas superaban en 650% el valor permitido. Una sinvergüencería. 

Esta práctica, por supuesto, no es nueva. Lleva años de años. En el 2013 realicé un debate de control político sobre el desmesurado incremento de precios en distintas industrias. Denunciamos, entonces, el cartel del cemento que posteriormente fue sancionado, y los altísimos costos de los insumos agrícolas y medicamentos. En ese momento, encontramos que en Colombia cobraban hasta un 800% más en comparación con países como Francia y un 300% en relación a países como Nicaragua.

Reconocemos que los gobiernos han tomado cartas en el asunto, como la más reciente regulación de precios de los medicamentos iniciada por el ex ministro de Salud, Alejandro Gaviria, y puesta en marcha por el actual ministro, Juan Pablo Uribe. Esta nueva regulación ha significado un paso importante para el país, pues en su momento se señaló que le representaba un ahorro de $360.000 millones al sistema de salud; pero, además, contribuía con la economía y el bienestar de las familias colombianas.

En la última actualización de la lista de medicamentos con precios vigilados, la cual entró en vigencia este año y en donde se incluyeron más de 800 referencias, encontramos que, por ejemplo, algunos medicamentos para la tensión arterial redujeron sus precios entre 80 y 90%. Los anticonceptivos orales, igualmente, que llegaron a costar $100 mil ahora se pueden encontrar en $20 mil o menos. De hecho, algunos laboratorios farmacéuticos se han topado con un aumento inesperado de las ventas de anticonceptivos al punto de entrar en escasez, tal como lo revela el proyecto Salud Visible de la Universidad de los Andes.

No obstante, pareciera que aún hay varias tuercas sueltas frente al control de precios de los medicamentos. Pese a que hemos avanzado, todavía seguimos viendo titulares de prensa sobre las sanciones o multas a las compañías del sector por desatender la regulación y abusar de los colombianos. Por tal motivo, revisamos algunos de los medicamentos que Pfizer vendió con sobrecosto en el 2016 y encontramos que las mismas referencias, pero de otros laboratorios, hoy están por encima del precio estándar.

El antidepresivo Venlafaxina en presentación de 150 mg, caja de 10 tabletas, debería costar $86.700 y en algunas farmacias se vende a $105.300 (21% más caro). Este mismo antidepresivo, pero en presentación de 75 mg, 7 tabletas o cápsulas, debería valer $30.345 y se consigue en $46.900 (55% más). También, la tolterodina de 4 mg, 28 tabletas, debería costar $81.445 y lo venden en $136.600, es decir, 68% más costoso. 

Si bien ya no estamos hablando de aumentos que superan el 100% o, descaradamente, el 800%, todavía se siguen presentando incrementos considerables pese a la regulación establecida por el Ministerio de Salud. Imagínense cuántos otros medicamentos nos cobran muchísimo más caros sin que ni siquiera nos enteremos. Por ello, la invitación es a consultar regularmente esta página web https://www.minsalud.gov.co/salud/MT/Paginas/listado-de-medicamentos-con-precio-controlado.aspx. Allí encontrarán la base de datos que incluye todos los medicamentos que tienen un precio máximo de venta y, además, podrán denunciar si les están cobrando de más. Esta herramienta es de gran ayuda, sobre todo para aquellas personas que requieren tomarse con mucho juicio su medicina y por tiempo indefinido.

Ahora bien, aunque la norma permitió en su momento que se redujeran hasta en un 92% algunos medicamentos, es indispensable que la Superintendencia de Industria y Comercio refuerce los controles a las farmacias del país. Sólo veinte días después de haber entrado en vigencia la norma a inicios de este año, el periodista Juan Gossaín reveló que, por ejemplo, el Micardis – que sirve para normalizar la presión arterial-, en caja de 14 tabletas, debía tener un precio de $12.129 y en las droguerías lo vendían en más de $130.000 o el Betaloc zok de 50 mg para el tratamiento de cardiopatías, en caja de 30 tabletas, debía costar $7.695, pero lo estaban cobrando en $16.000. 

Y así, podríamos seguir enumerando los casos. Lo más grave de todo es que quienes más sufren las consecuencias son las personas que dependen de esa caja de 50 mg para vivir. Entonces, la norma no es suficiente en sí misma, se necesita una mayor vigilancia. Se debe, además, replantear si las multas a las farmacéuticas están siendo efectivas o más bien estas empresas prefieren pagarlas porque son mayores los beneficios que obtienen con los cobros excesivos de los medicamentos. 

No se trata solamente del alto costo de las pastillas, se trata del valor inmaterial e impagable de la vida de millones de colombianos.

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