Las razones de un asilo con sabor a encubrimiento

9 de diciembre del 2010

Hace unos días, la decisión del gobierno de Ricardo Martinelli Berrocal de otorgar asilo político a la ex directora del DAS, María del Pilar Hurtado, dejó a la mayoría de los colombianos desconcertados ante un hecho sin precedentes: un gobierno extranjero ayudando a una supuesta delincuente a escapar de la ley en medio de un bochornoso escándalo judicial. Escándalo donde se conjugan desde seguimientos abusivos e interceptaciones ilegales a la oposición, la justicia, las ONG, el personal diplomático, los medios de comunicación y hasta asesinatos de sindicalistas y activistas de derechos humanos.

Pero al hecho, que aparentemente no tiene razón de ser, si le sobran motivos y no precisamente sostenidos en el derecho internacional o en los argumentos de Martinelli de “contribuir a la estabilidad política y social en la región”. Lo que el Presidente de Panamá hizo, al otorgar el beneficio a Hurtado, fue proteger un conjunto de actividades criminales que el mismo copió del modelo uribista y aplicó al pie de la letra en el país vecino.

Por un lado, las coincidencias entre Martinelli y Uribe son impresionantes: Ambos son presidentes con grandes márgenes de aceptación popular y acusados de  dictatoriales. En Panamá Martinelli ha atacado a la justicia y ha concentrado poderes para blindarse de las investigaciones, lo mismo que hizo Uribe en Colombia hasta que el Tribunal Constitucional se le atravesó a su segunda reelección. Martinelli tiene un primo hermano, Ramón Martinelli, compañero político y ex parlamentario del partido que juntos fundaron, Cambio Democrático, preso por sus relaciones con grupos mafiosos; Uribe tiene a su primo Mario Uribe, ex senador del partido que ambos fundaron, Colombia Democrática, preso por sus relaciones con grupos paramilitares y el narcotráfico. Martinelli es señalado de tener vínculos con las mafias del narcotráfico desde los años 80 y de haber amasado una cuantiosa fortuna de dudosa procedencia, Uribe es acusado desde mediados de los 80 de tener vínculos con el narcotráfico por Fabio Castillo, en su libro “los Jinetes de la Cocaína”, y su extraña fortuna familiar ha sido cuestionada en varias publicaciones como “El señor de las sombras” de Joseph Contreras y Fernando Garavito. Además, Uribe debe aún muchas explicaciones de cómo surgió y se desarrolló una comercializadora de la mafia como DMG en su administración y Martinelli debe justificar por qué se le abrieron las puertas de Panamá y de su gobierno a tan sospechoso sujeto. Extrañas relaciones colombo-panameñas encubiertas por la extradición de Murcia a Estados Unidos y el secreto bancario.

Así que no es raro que el acuerdo de cooperación firmado por Martinelli con el DAS de Colombia, supuestamente para información migratoria, coincidiera con las chuzadas ilegales y campañas de desprestigio que sufrieron la oposición, los sindicalistas, los periodistas y miembros de la justicia; situación que llevó a los EEUU a retirar los equipos de interceptación que había entregado a los servicios de inteligencia panameños.

Por esto, el asilo otorgado a María del Pilar Hurtado, por la intermediación del ex presidente Uribe, más que una medida de protección ante una persecución política, es un salvavidas arrojado por un compinche en Panamá, ante un vendaval de escándalos penales inmanejables en Colombia.

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