Le Havre, no para mi gusto

28 de julio del 2012

Esta película, anunciada como comedia dramática (realmente no sé que quieren decir con semejante término), no tiene nada de comedia. Lo único simpático de ella es una escena de rock, cantada de una manera genial, por un hombre que ya bordea la tercera edad y es casi un enano, y Laika, una perra, la cual […]

Esta película, anunciada como comedia dramática (realmente no sé que quieren decir con semejante término), no tiene nada de comedia. Lo único simpático de ella es una escena de rock, cantada de una manera genial, por un hombre que ya bordea la tercera edad y es casi un enano, y Laika, una perra, la cual ganó por su actuación el premio Palm Dog en el Festival de Cannes.

Laika es la acompañante de la familia conformada por el personaje principal, un embolador de zapatos que trabaja alrededor de los muelles de El Havre y que tiene la apariencia, los modales y la cultura de un primer ministro, y su esposa una desnutrida mujer, quien vive solo para su marido y quien, sin musitar una sola queja, está muriendo de una misteriosa y dolorosa enfermedad, de la cual, y perdonen que me adelante al guion, se cura en la última escena de la película, como por obra y magia.

Esta película del director finlandés Aki Kaurismaki es tan irreal y acartonada, que es un esfuerzo terminar de verla. Los personajes parecen ser seres de otro mundo, sus miradas carecen de vida y sus parlamentos son recitados de una manera lenta e insegura, como si estuvieran siendo leídos de un cartel.

Cada cuadro de este film empieza congelado, como si el director no hubiera dado la orden de “acción”; algo común a en las películas de Kaurismaki, pero que corta el hilo de la actuación.

No hay términos medios en esta obra, los personajes son, o muy malos, como la policía francesa que “inhumanamente” persigue a un niño, inmmigrante ilegal, o son muy buenos, como todos los demás, o sea, el lustrabotas, su mujer, el dueño de la tienda, la dueña de la panadería, (quien podría estar enamorada del protagonista), y la dueña del bar y sus clientes. Todos parecen habitantes de un pueblo miserable de algún país de la antigua cortina de hierro y no de uno de los puertos más vibrantes y ricos del mundo.

El deseo de despertar simpatía y manipular los sentimientos del espectador por el pequeño inmigrante, un adorable negrito de inmensos ojos de mirada triste, quien es a todas luces es un niño perfecto, educado, trabajador, amable y honesto, es demasiado obvio.

La mayoría de los críticos ha sido especialmente bondadosos con esta cinta. Lamento no estar de acuerdo con ellos.

Dicen algunos que hay que aclimatarse al estilo del director y que luego podrá uno aceptar y disfrutar de sus personajes acartonados llegando a encontrar en su actuación y diálogos una gran ternura.

Nada de eso me ocurrió a mí, a pesar que reconozco a Kaurismaki como un director interesante, que rompe moldes y crea innovaciones. A esta película, simplemente, la encontré tediosa y no para mi gusto.

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