Lecciones de Venezuela

18 de julio del 2016

Hay muchas lecciones importantes y útiles.

Los miles de venezolanos que cruzan las fronteras con Colombia para comprar bienes de primera necesidad debería ser el último acto de la tragedia del chavismo- madurismo. Pero no lo será porque, aunque parezca increíble, Maduro todavía tiene amigos y recursos. Amigos como el cínico Samper, el paquete del Rodríguez Zapatero, el combito Evo- Correa- Ortega, la descarada Piedad Córdoba que insiste en el humanismo del modelo o el amargado Petro que defiende lo que no tiene defensa.

Los colombianos deberíamos mirar lo que sucede en nuestras fronteras porque hay muchas lecciones importantes y útiles.

La primera de ellas es el poder destructor que tiene la corrupción sobre las instituciones. El chavismo nunca habría sido posible sin el desprestigio del sistema político de los dos principales partidos (COPEI y Acción Democrática), que durante décadas compitieron por saquear los recursos de ese riquísimo país. Lo hacían como en Colombia, en total impunidad, pero en sumas mucho más importantes. Era de tal magnitud y descaro el desangre que la sociedad civil pensaba que cualquier cambio era mejor que lo que existía. Pues la historia ha demostrado que se equivocaron y debieron pagar un elevado precio por haber tolerado, de forma indolente, la repartija burocrática y presupuestal. Hoy la corrupción es aún peor que esos tiempos y el país es más pobre que nunca. En Colombia la mermelada y los anillos de corrupción han también llegado a niveles mexicanos.

La segunda lección es la relacionada con la decadencia de las clases dirigentes. El chavismo, y aún más el madurismo, se caracterizan por la pobreza intelectual de sus dirigentes. Basta escuchar los discursos o analizar las políticas propuestas para entender el bajo nivel de preparación de quienes dirigen el gobierno. Los vacíos de formación se suplen con abundancia de discursos populistas que niegan las realidades e ignoran los errores cometidos. Cuando se escuchan las intervenciones de nuestros políticos colombianos, no puede uno negar la decadencia intelectual de quienes dirigen los destinos del gobierno, las gobernaciones y municipios.

La tercera, y no la menor lección, es que en política todo se paga tarde o temprano. Haber dejado que los problemas siguieran creciendo llevó a la situación dramática de la actualidad. Nadie en Venezuela nunca imaginó que esto pudiese acontecer. El desgobierno es también un característica de este lado de la frontera. Justicia, educación, salud, diplomacia, agricultura son áreas en crisis sin que se vea en Colombia la capacidad institucional de mejorar lo presente.

Venezuela es un ejemplo de todo lo que una democracia no puede permitirse. Lástima que en Colombia no aprendamos las lecciones que tenemos tan cerca de nosotros.

Miguel Gómez Martínez

Asesor económico y empresarial

migomahu@hotmail.com

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