¿Lesa humanidad o humanidad ilesa?

14 de junio del 2013

¿Lesa humanidad o humanidad ilesa? / Columna de Federico Arellano

Pues ni lo uno ni lo otro. Lo primero porque en Colombia; nuestro país de víctimas,  bandidos y de hermosos mares y cafetales, de un tiempo para acá se viene hablado del concepto de Lesa Humanidad, que si bien representa un avance en materia de justicia, de ahí no pasa porque en la realidad no es más que un rótulo, pues los crímenes elevados a tal rango por sus graves lesiones tanto al derecho interno como al supranacional, no avanzan, siendo el avance uno de los propósitos fundamentales de dicha declaratoria, en busca de verdad y justicia.

Lo segundo porque salta a la vista que somos un país herido de manera grave, lesionado por las perforaciones de los fusiles y anquilosado por la incesante corrupción y el narcotráfico.

Acá se han declarado varios de los llamados “magnicidios” de Lesa Humanidad. La gran mayoría de ellos reposan detenidos en el tiempo, en el despacho de la Fiscalía Octava de Derechos Humanos, uno de aquellos grandes exponentes de la negligencia y la inoperancia procesal de los funcionarios públicos de la rama judicial. Entre esos crímenes esta el radicado 7947, más conocido como el caso Avianca. Que este año ya completa 24 años de impunidad, acercándonos a pasos agigantados al cuarto de siglo, para ser desgraciadamente un caso emblemático de denegación de justicia en este país.

En la larga lista de víctimas ilustres camino de la Lesa Humanidad –entre otros- están Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara Bonilla, Carlos Mauro Hoyos, Bernardo Jaramillo y hasta Carlos Pizarro y eso que este ultimo más que víctima es victimario, pero se le rinde su homenaje porque como sabemos en Colombia el crimen sí paga. Basta voltear a mirar hacia La Habana para darse cuenta de esa realidad.

El 25 de noviembre de 2009 logramos elevar al rango de Lesa Humanidad la masacre del avión de Avianca, donde cobarde cruelmente el narcoterrorismo paramilitar segó 107 vidas en pleno vuelo incluido el autor material. Para llegar a esa declaratoria, instrumentos internacionales como el Estatuto de Roma establecen unos parámetros y condiciones que se deben cumplir para que así sea. Por su parte, éste último tratado del que hace parte Colombia por haberlo suscrito en 2002, sobre el titular de este editorial reza en su artículo 7º que: “se entenderá por ‘crimen de lesa humanidad’ cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil y con conocimiento de dicho ataque” (negrilla y subrayada fuera de texto). En este acto (Avianca), abiertamente atentatorio contra la población colombiana, para la tipificación de la Lesa Humanidad, se tuvieron en cuenta la definición de población civil, sistematicidad y la búsqueda de un fin político con actos lesivos de la humanidad misma. Una vez hecho el análisis respectivo que dio como resultado la configuración de la Lesa Humanidad, en consecuencia se decretó.

No podemos olvidar algo de suma importancia en este estudio. Me refiero a las obligaciones internacionales que ha ido adquiriendo Colombia frente al tema de delitos de Lesa Humanidad. Por tanto, si nuestro país ha reconocido la supremacía del Derecho Internacional sobre el derecho interno, en consecuencia debe actuar pretendiendo una verdadera protección de los derechos fundamentales de los asociados y sobre todo de las víctimas. Ahora bien, no podemos desconocer que las normas de Derecho Internacional Humanitario son parte integral del ius cogens; de ahí la obligatoria observancia de las normas de carácter humanitario para todos los Estados, hayan o no aprobado el respectivo tratado y esto obedece a su carácter consuetudinario. Con mayor razón los Estados parte tienen la obligación de cumplir las disposiciones que componen los instrumentos internacionales, y no pueden desconocer el principio del pacta sunt servanda: los pactos son para cumplirlos. Todo lo acá expuesto y explicado con claridad parece no ser materia de interés para la justicia colombiana. Reiteradamente lo he dicho al menos sobre ciertos casos -encabezando con el de la masacre Avianca-, que como es crimen de Lesa Humanidad no prescribe, pues la imprescriptibilidad de la acción penal es una consecuencia procesal inmediata de dicha declaratoria.

Visto lo visto, encontramos actualmente criminales que continuamente victimizan a la población civil y esto es sistematicidad, uno de los elementos característicos de la Lesa Humanidad. Prueba de ellos son los narcoterroristas de las FARC. La realidad de los ataques sistemáticos de estos asesinos, contrasta con lo que se pretende en La Habana. Allá se está fraguando la impunidad a través de indultos y derechos de gracia para los homicidas. Todo esto para dar paso a la participación en política de los futuros criminales anmistiados, y de paso alcanzando la impunidad y la bofetada para las víctimas de las FARC, porque como es sabido las va a dejar sin verdad y sin justicia. Lo anterior con la complicidad de la Fiscalía General de la Nación. A la cual, como vimos ayer en los noticieros, el también cómplice Congreso le está confeccionando sus normas especiales para este efecto. Esto lesiona la humanidad de un pueblo, lesiona el campo, lesiona a las viudas y a los huérfanos, que deberían vivir una humanidad ilesa.

Duelen las heridas de las víctimas, pero se confunde ese dolor con el de las heridas institucionales de este invertido país. Las FARC y especialmente el llamado secretariado, son responsables de crímenes de lesa humanidad #nomasmentiras Abrazo cálido. Seguimos trabajando.

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