Leyes maternales

Leyes maternales

13 de enero del 2017

En las últimas sesiones de 2016, el Congreso aprobó —prácticamente por unanimidad y con el visto bueno del ejecutivo— dos leyes complementarias que favorecen la maternidad. La primera es la Ley 1823, sobre lactancia materna, la cual ordena construir salas amigas de la familia lactante en las empresas; y la segunda, Ley 1822, extiende las semanas de licencia de maternidad de 14 a 18. A pesar de que la segunda implica adiciones al gasto del sistema de salud estimados en cerca de 120.000 millones de pesos cada año, su beneficio es considerable y se reflejará en el futuro.

La Constitución favorece claramente a los niños y Colombia está moviéndose en la dirección correcta de propiciar, desde el Estado Social de Derecho, una serie de políticas y programas que brindan protección efectiva a los menores y les garantizan el goce de derechos individuales y sociales fundamentales; faltan todavía muchos pasos, pero lo recorrido hasta ahora es satisfactorio. Sin que podamos decir que el país entró plenamente en el llamado “estado de bienestar” que ha caracterizado a casi todos los países de Europa Occidental, los ordenamientos de la Carta Política marcan la dirección de la política social. Progresivamente, en la medida en que dispongamos de recursos —porque los programas sociales cuestan— iremos ampliando el espectro de beneficios para las poblaciones más vulnerables, comenzando por la infancia, las madres, la población menor, los más pobres y algunos grupos minoritarios y marginados del progreso.

Algunos empresarios temen que la extensión de la licencia de maternidad vaya a crear problemas laborales, particularmente porque no es fácil encontrar reemplazos para la madre ausente del trabajo durante cuatro meses. No se encuentra justificación a esa preocupación, pues el problema se presenta ya sea con tres meses de licencia  o con los cuatro dispuestos en la Ley 1822; además, el empleador no paga la licencia porque la misma está a cargo del sistema de salud. En la mayoría de los países de alto desarrollo la licencia suele ser más larga, pero se paga una proporción menor del ingreso; en Colombia el esposo gozará de una semana, ojalá para acompañar a la madre y su bebé en los primeros días de vida del recién nacido, y no para tomarse unas vacaciones.

Las ventajas que ofrece la extensión de la licencia comienzan con el aspecto afectivo de la relación madre-hijo, o mejor, padres-hija o hijo. Las encuestas muestran que una alta proporción de los bebés no son buscados ni deseados, nacen de una relación sexual entre parejas establecidas o en encuentros casuales de dos personas que no tienen relación de pareja ni mucho menos familiar y no emplean métodos anticonceptivos; estos bebés nacen en una condición desventajosa, simplemente no se pudieron evitar. Las expresiones de cariño y el amor de la madre y el padre constituyen una especie de bienvenida a la criatura, y van estableciendo un compromiso afectivo que puede perdurar toda la vida. Lo que busca la licencia es propiciar un ambiente de cercanía y de amor no interrumpido por las obligaciones laborales, extendiéndolo cuatro semanas. Hace algunas décadas las madres observaban lo que se llamaba “dieta”, es decir, un reposo casi total que muchas veces se hacía desde la cama y que se extendía por cuarenta días, como mínimo.  Es obvio que la vida actual no permite esas “licencias”, mucho menos para las madres vinculadas al trabajo.

Ahora hablemos de la lactancia materna, práctica natural que la vida moderna ha venido reduciendo al mínimo, como  lo muestra la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), la cual encontró una duración promedio de la lactancia de 1,8 meses, cuando antes podía llegar a un año o más. La OMS y la mayoría de los médicos y nutricionistas recomiendan un mínimo de seis meses de lactancia materna exclusiva.

Existe evidencia de que la leche materna, incluyendo el calostro —o sea la leche de las primeras horas—, ayuda a crear resistencias inmunológicas contra muchas enfermedades de origen infeccioso, contribuye al desarrollo corporal del recién nacido y a la mejor maduración de las células cerebrales, además de fortalecer las relaciones afectivas e infundir seguridad a la criatura. Probablemente la violencia y las conductas antisociales de algunos individuos tienen origen en los primeros meses de vida, al encontrar de parte de los padres un ambiente hostil o indiferente, carente de manifestaciones de amor, especialmente del lado de la madre. Por ello, los pediatras y las organizaciones sanitarias recomiendan que no se dejen de lado estas prácticas ancestrales que son parte de la propia naturaleza, por lo menos en los mamíferos, y eso somos los humanos.

De otra parte, el sistema de salud puede beneficiarse en el largo plazo, ya que la lactancia es un protector natural que actúa sobre varios determinantes proximales de salud, como son la nutrición, el sistema inmunológico y los espacios afectivos que moldean la personalidad. En ese sentido, el fomento de la lactancia natural debe considerarse como una acción inherente a la moderna gestión integral del riesgo, y debe ser una costumbre promovida por los Gobiernos y las organizaciones médicas.

No todo es color de rosa. Un lastre en la salud materna lo constituye el embarazo de adolescentes, pese a una mejoría en los últimos 10 años, embarazos que en la mayoría de los casos no son deseados ni buscados por la madre. Según la ENDS, el porcentaje de adolescentes de 15 a 19 años embarazadas del primer hijo es 17,4 %, cifra alta aun cuando viene en descenso, con diferencias significativas de cinco veces entre las adolescentes más pobres y las más favorecidas. Es importante mantener la guardia frente a este problema que afecta tanto a la joven madre como a sus hijos.

Decía al comienzo que Colombia ha logrado mejorar las condiciones de la gestación y de la maternidad, y que ello probablemente ha contribuido a la reducción de las tasas de mortalidad infantil, a mejorar los indicadores de nutrición crónica en la infancia y, con ello, a la elevación de la expectativa de vida al nacer. Según la ENDS, las mujeres gestantes reciben más de cuatro consultas prenatales, en el 98 % de los casos tienen sus partos en instituciones y luego el 77,5 % siguen siendo controladas en el puerperio y durante el primer año posterior al parto. Lamentablemente, pese a los logros, todavía la tasa de mortalidad materna es elevada y no hemos alcanzado las metas del milenio. Debemos sentirnos satisfechos con las mejoras en la salud y el bienestar de las madres y los bebés, pero también ser conscientes de que falta recorrer un camino para alcanzar los objetivos y metas en materia de protección.

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