Llegó la hora de la educación

Llegó la hora de la educación

10 de octubre del 2018

La educación pública en nuestro país atraviesa un período crítico. El déficit de las universidades públicas crece a pasos agigantados. Hoy, el déficit histórico es de $3,2 billones en funcionamiento y $15 billones en inversión (construcción, mantenimiento y recuperación de infraestructura).

Una de las causas podría estar en los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992. Allí se determina que los presupuestos de las universidades nacionales, departamentales y municipales estarán constituidos por aportes de los entes territoriales, recursos y rentas propias de cada institución y aportes del presupuesto nacional para funcionamiento e inversión. La suma de todos esos recursos no debe ser menor al IPC anual. 

Urge entonces una reforma a estos artículos de la ley 30 de 1992, por la cual se organiza el servicio público de la Educación Superior.

La carrera es dura

Aunque las fuentes de recursos públicos para la educación superior son varias (el Ministerio de Educación Nacional, los departamentos, los municipios, el SENA, el Icetex y el Sistema General de Regalías), solo se logra cubrir una mínima parte de la demanda existente.

Únicamente el 10% de los estudiantes de bajos recursos ingresa a la educación superior. Y en ocasiones, esta cobertura solo se da en los niveles técnicos y tecnológicos.

Para el primer semestre del 2019, 50 mil estudiantes presentaron examen de admisión para acceder a los 5.000 cupos que otorga la Universidad Nacional en Bogotá. ¿A dónde van los 45.000 que no fueron aceptados?

El panorama es desalentador. De las 384 instituciones de educación superior, solo el 11% son de alta calidad. Y de ese pequeño grupo, el 79% son universidades. Es decir, la mayoría de los jóvenes están llegando a instituciones de baja calidad. Como si fuera poco, la tasa de graduación universitaria es del 34,5 y en formación tecnológica del 24% (2015).

¿Qué hacer? No podemos seguir desilusionándonos. No podemos dejar que la juventud crezca sin sueños.

Urge un cambio en los créditos del Icetex que contemple condonaciones de la deuda o renegociaciones, urge mejorar la calidad de la educación. Se deben crear programas que no alejen de sus territorios a los estudiantes con buenos puntajes, como hoy día sucede con Ser pilo paga. Se necesita un sistema de financiación sin interés para estudiantes de bajos recursos. ¿Se podría pensar en un impuesto a las grandes empresas para financiar la educación superior pública?

Es inaceptable que en el Presupuesto General de la Nación propuesto para 2019, el 79% de los ingresos de inversión del Ministerio de Educación estén destinados a cubrir los compromisos de ser pilo paga.

El país que destina un bajo presupuesto para la educación está condenado al subdesarrollo.

Los egresados de las instituciones de educación superior tienen mejores ingresos y menores tasas de informalidad frente a los que solo logran educación media. Lo cual debe ser un incentivo para la movilidad social. Las personas con educación superior tienen una tasa de desempleo de 31 puntos menos que las personas con educación media (entre 22 a 29 años, 2017).

Vamos por ciencia, tecnología e innovación 

Si empezamos a respetar las promesas, el ciudadano empezará a respetar al político.

Las campañas parlamentaria y presidencial de este año enfatizaron en la necesidad de invertir en ciencia, tecnología e innovación. El salto al desarrollo y a un mundo tecnológico debe hacer parte de la agenda del gobierno.

Si el país quiere involucrar la investigación en la fuerza laboral debe graduar 60 doctores por cada millón de habitantes. Así nos acercaríamos, medianamente, al promedio latinoamericano. Si quisiéramos alcanzar el promedio de Brasil deberíamos graduar a 105 doctores por millón de habitantes.

A pesar de que todos estamos de acuerdo con las ganancias que trae la educación (mejores ciudadanos, menos delitos, menos violencia, mayor desarrollo económico y acceso al mundo tecnológico y científico), estamos lejos de estos promedios.

La educación es la más poderosa fuente de transformación de una sociedad, repetimos. Sin embargo, aún no se ven los esfuerzos gubernamentales.

Por todo lo anterior, hoy le digo al Gobierno Nacional: Ponga sus ojos en la educación pública. Ahí está la clave para el desarrollo del país.

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