Lo LGBT

6 de julio del 2019

Opinión de Ignacio Arizmendi Posada

Lo LGBT

Como bien se recuerda, el pasado 29 de junio, en la ciudad de Medellín, unos ciudadanos se indignaron con que el alcalde de la ciudad hubiera autorizado retirar la bandera de Antioquia en el llamado Pueblito Paisa para ondear la del Orgullo LGBT, por lo cual procedieron a bajar dicha bandera y a cortarla en pedazos, acciones que provocaron toda clase de condenas dentro y fuera del país (sin que hubieran faltado críticas a la conducta del burgomaestre).

¿El comportamiento de dichos ciudadanos obedecía a la mera acción del alcalde Federico Gutiérrez (en campaña política a mediano plazo) o, por el contrario, era una expresión de su desafecto hacia la comunidad LGBT y las formas de esta proyectarse en la sociedad? 

Frente al colectivo LGBT, quienes somos heterosexuales, o no pertenecemos a ninguna de las categorías de aquel, podemos adoptar una o más de las siguientes seis actitudes: 

  • De chiste o burla. Un motivo, entre varios, parece ser la tendencia de los líderes de la comunidad a añadir nuevas letras a las existentes, LGBT. Actitud que inspiró la llamada que un joven argentino hizo al director ejecutivo del colectivo en Buenos Aires: “¿Vos creés que yo puedo ingresar a la comunidad?”, pregunta a la que el líder respondió: “¿Cuál es tu caso, che?”. El muchacho lo describe: “Es que todos los días, desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche, ardo de deseos de hacer el amor cada hora con mi piba. ¿Qué creés que soy?”. El director, al reír con argentina risa, le contesta: “Un fenómeno, che. ¡Sos un fenómeno!”. Entonces el “maradona” le comenta: “¿Qué tal si añadís la letra ‘F’ al conjunto LGBT…?”. Se explica lo de la argentina risa.
  • De acompañamiento y solidaridad. Nadie puede negar que las cuatro categorías clásicas (LGBT), y otras, han sufrido a lo largo de mucho tiempo, y aún sufren, acosos y persecuciones por parte de autoridades y particulares, en una clara afrenta a sus derechos personales y a la libertad de ser de cada quien. El panorama, por lo tanto, lleva a que muchos respalden los rasgos esenciales del colectivo.
  • De respeto y distancia. Es una actitud que conduce a entender la filosofía de los LGBT, a no violentar las tendencias innatas de quienes lo son, a no escandalizarse, a creer que la naturaleza a unos les da una cosa y a otros, otra. Esta actitud se diferencia de la anterior en cuanto que no apoyan sus campañas ni nada de lo que representen.
  • De cuestionamiento selectivo. Quienes adoptan esta actitud tienden a censurar, no la totalidad de factores LGBT, sino ciertas conductas públicas de algunos de sus integrantes en los desfiles u otras ocasiones. Esta posición limita con la siguiente.
  • De confrontación general. A ella pertenecen los ciudadanos de la protesta en Medellín. Quienes adoptan esta actitud tienden a considerar que la comunidad LGBT es excluyente (no inclusiva), polarizadora, antipática, desafiante, elitista, radical, vengativa, todo lo cual les da combustible y motivo para violentar al colectivo y cuantas cosas realice o quiera lograr.
  • De indiferencia. A quienes se hallan aquí, lo LGBT ni les va ni les viene. No les quita el sueño. Dirán que cada integrante de esa comunidad haga lo que quiera o pueda, siempre y cuando viva en paz y deje vivir en paz. Esto le implica a cada LGBT acoger una visión de armonía social, de bienestar humano, y no una que directa o indirectamente propicie la confrontación o induzca a conductas como las recordadas al comienzo de esta columna.

Termino con esta historia: en los años 70 del siglo 20, a una pequeña aldea de Túnez occidental llegó, en visita oficial, el presidente Habib Bourguiba. A mitad de su discurso lo interrumpió alguien con un grito: “¡Viva Bourguiba, la mula!”. De inmediato, los guardaespaldas llevaron al valiente a la cárcel. Sin embargo, luego del discurso del mandatario, el alcalde recitó un poema de confianza y gratitud en nombre de los puebleños: “Señor presidente”, decía el último verso del poeta, “¡usted es la mula y nosotros el carro!”. Al comprender que la palabra “mula” era un elogio y no un agravio, Bourguiba fue a poner en libertad al detenido… 

Todas estas cosas, tan singulares, hay que contextualizarlas y entenderlas en su sentido apropiado para evitar que alrededor de lo LGBT dejen de formarse actitudes hostiles entre la mula y el carro. La pregunta en este caso es: ¿quién es la mula y quién el carro?

INFLEXIÓN. “Lo que se dice es solamente parte del mensaje” (John Moelaert, profesor canadiense de comunicación).

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