Lo que aprendí de mi nieto

16 de mayo del 2011

Con esa arrogancia que nos caracteriza a los economistas frente a otras ciencias sociales, siempre miré la Ciencia Política como superficial y menos elaborada que la economía. Cuando mi nieto mayor, gringo-colombiano, que hoy tiene 21 años terminó su High School, hice lo imposible, con el apoyo de la mamá, mi hija, para que estudiara economía. Lo convencimos de que tenía que definir qué tipo de profesional sería y la economía era su destino natural. Además, al ser la carrera de sus abuelos maternos, ambos economistas y de su tío, un buen financista, se le abrirían muchas puertas. Lo aceptaron de entrada en Knox College, ubicado entre los 45 centros universitarios mejor catalogados en Estados Unidos. Cuando tuvo que escoger las materias de su primer semestre lo llenamos de micros y macros, esas materias que se les enredan tanto a los abogados como a varios candidatos presidenciales. Y claro, como sucede ahora con esta juventud autónoma y con exceso de personalidad, mal del que sufren todos mis nietos, en el segundo semestre nos despachó a su mamá y a mí diciéndonos que “esa vaina” no le gustaba y que iba a explorar otras disciplinas.

Tengo que confesar que me dolió pensar que se rompía la tradición de economistas en esta familia pero no insistí, no solo porque mi hija no me dejó, sino porque reconocimos que igual, él iba a hacer lo que le pareciera. Y así fue. Durante varios semestres saltó del diseño, porque heredó las habilidades de su mamá, a la psicología, donde me preocupó pensar que veía una necesidad urgente en la familia, y finalmente, imagínense a qué: Ciencia Política.  Para defender su decisión, mi hija me reiteró que en Estados Unidos ésta se ha vuelto una carrera muy demandada, realidad que he venido captando porque he hablado con muchos estudiantes extranjeros de Ciencia Política, que vienen a Colombia a preparar sus tesis de grado. Me imagino que por “lo peculiar” de la política colombiana.

Y recientemente, mi nieto Nicolás, me dio la gran lección que me ha obligado a reconsiderar mis temores sobre esta disciplina. Atafagado de trabajo, me pidió que le ayudara revisando algunas lecturas sobre dos teorías del desarrollo: la de modernización y la de dependencia. Sentí una profunda emoción cuando vi que Raúl Prebisch estaba entre sus lecturas, así como Rostow, pero fue el artículo de McKain el que me sacudió. Al leerlo, llegue a una terrible conclusión: a estas alturas de mi vida, yo soy más una politóloga que una economista pura. Aunque estudié y apliqué econometría, me gustan los modelos de equilibrio general y trabajé mucho con ellos cuando era Directora de Planeación Nacional, hoy siento que es en esa Ciencia Política donde se encuentran más fácilmente las realidades de un país.

Después de esa conclusión, me siento más tranquila conmigo misma, y gracias a la terquedad de mi Nico, que no se si lo hizo de puro malo, o de puro bueno, porque al final ni discutimos los artículos que me obligó a leer, me sacó del economicismo. Moraleja, la juventud, pero más que todo, estos nietos inteligentes, sobrados y con fuerte personalidad que no se dejan convencer de la abuela por astuta que se crea, nos permiten aterrizar y bajarnos de la nube en que muchas veces nos coloca la vida. Seguiré pendiente de lo que Nico lea y piense, porque me ha dado una gran lección… de humildad entre otras cosas, virtud de la que con frecuencia, carecemos muchos economistas.

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