Lo que ven detrás del espejo

Mar, 21/02/2012 - 00:03
La aceptación del cargo de homicidio por parte de Jaime Blanco Maya tiene un aspecto bastante interesante.
El asesor ‘Senior’

La aceptación del cargo de homicidio por parte de Jaime Blanco Maya tiene un aspecto bastante interesante.

El asesor ‘Senior’ de United Steelworkers AFL-CIO (USW la unión sindical más fuerte de Estados Unidos), Daniel Kovalik,  hace un recuento de lo que él ha conocido de este caso. Esto ofrece una visión y una información de lo que ven en las relaciones colombo americanas ese sector de Estados Unidos.

Me limito a traducir, resumir y hacer un extracto de su relato. (Counter Punch Feb. 08, 2012)

“En Marzo de 2001 estaba en Colombia con una delegación de nuestra Unión Sindical en una visita de solidaridad por ser el país con más sindicalistas asesinados, y en una de las reuniones fuimos informados que acababan de ser asesinados por paramilitares dos líderes sindicales de la Drummond.

Como según rumores la compañía tendría algo que ver directamente fuimos a la embajada de Estados Unidos a averiguar si harían alguna investigación al respecto. Nos atendió la persona cuyo trabajo atañía a los Derechos Humanos quien nos señaló bruscamente que la Embajada no tenía por función averiguar sobre violaciones de Derechos Humanos por compañías americanas sino facilitarles hacer negocios.

El caso era conocido y claro: el presidente Valmore Locarno y el vicepresidente Víctor Orcasita del Sindicato volvían de la mina y el bus que los traía fue detenido. Los hicieron identificarse, y tras hacerlos bajar  los mataron. Lo que no se sabía es de dónde venía o porqué la orden de hacer esto.

El sucesor de Valmore, Gustavo Soler, en entrevista a The Nation declaró: “creemos en el vínculo de alguien de la mina con los asesinos, porque sabían exactamente que iban en ese bus”. Unos días después Soler a su turno fue bajado de un bus y asesinado.

Esto llevó a Terry Collingsworth y a mí a acusar en una Corte Americana a la Compañía Drummond por estar detrás de esos crímenes. El proceso duró 5 años.

Una pista fue un individuo Luis Carlos Rodríguez, Coronel retirado del ejército colombiano, jefe d seguridad de la Drummond en Colombia. Notificamos a la firma de abogados de Drummond  (Baker Botts) de la citación a declarar de ese funcionario y se concertó la fecha. El día de la presentación informaron que ya no trabaja para la compañía y no sabían dónde localizarlo. Nunca se volvió a saber de él.

Apareció también el señor Rafael García del DAS que debería ser un testigo en el caso.  En visita mía firmó en declaración juramentada haber visto al Presidente de la Drummond Colombia entregando a un alto jefe paramilitar un maletín lleno de billetes como pago por las muertes de Valmore y Víctor.

No pudimos presentar a García en persona a la Corte (estaba en la cárcel colombiana) porque la Juez inicialmente no lo autorizó y solo reversó la decisión ante la inminencia de una revocatoria por la Corte de Apelaciones, pero sin que por el tiempo que toma el trámite diplomático en estos casos hubiera lugar a hacerlo antes del cierre del juicio. Sin los testimonios de Luis Carlos Rodríguez ni de Rafael García, el juicio precluyó.

Terry Collingsworth volvió a demandar por ese crimen y el caso está pendiente.

Tras seguir permanentemente el caso me encontré con la confesión de Jaime Blanco. Y me pareció curioso que de acuerdo a El Tiempo un representante de la Embajada Americana estuvo presente en la diligencia.

En su confesión, Blanco señaló a Luis Carlos Rodríguez como partícipe de la conspiración entre otros miembros de la Drummond a un ‘Jean Hakim’ a quien menciona como jefe de seguridad de la compañía en Colombia, y agente de la CIA al servicio de la Embajada de EE. UU. en Bogotá. De un ‘Jean Hakim’ nunca se oyó pero un Jim Adkins coincide con esa descripción y a él se refiere un cable divulgado por Wikileaks en el que se informa de un testimonio de otro de los acusados por esos crímenes –Jairo de Jesús Charris-.

Según el cable Charris testificó en Septiembre 3 de 2009 que a solicitud de Atkins asistió a una reunión con Jaime Blanco. En ella después de preguntarle si tenía contactos en las AUC le indicó que había un ‘trabajo’ que hacer, en concreto deshacerse de líderes sindicales de SINTRAMIENERGÉTICA. Charris dijo que Atkins dio una lista adicionando al dueño de la compañía Gary DRUMMOND y al presidente Mike Travy a un Jiménez y 7 funcionarios más de DRUMMOND que habían acordado que los paramilitares debían matar a los líderes sindicales. En testimonio de mayo anterior Charris ya había dicho que Gary Drummond había ordenado a Atkins planear el asesinato de los sindicalistas.”

Para Kovalik se confirma su planteamiento general de que las palabras de la encargada de Derechos Humanos de la Embajada no podían ser más exactas respecto a la política americana en relación con Colombia, en cuanto contribuye al sacrificio del colombiano ordinario por el beneficio y la angurria de las empresas americanas y algunas pequeñas preocupaciones geo-políticas de Estados Unidos. Pero va más allá y tras señalar que por eso se justificaba haber combatido el TLC, se pregunta: “¿Cuánto se involucró la compañía (Drummond) en esa conspiración? ¿Qué papel desempeñó el gobierno americano a través de la CIA o de la Embajada, bien sea en aprobar y avalar el crimen o en encubrirlo y ayudar a proteger los involucrados en él?”.

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