Lo sutil vence lo fuerte

17 de febrero del 2016

Nuestro error fue no habernos percatado a tiempo y, lo que es peor, haber permitido que se nos engañara.

Tantas absurdas cosas que ocurren a diario en este país lo conducen aun estado similar al de la locura humana. Es un país demencial como consecuencia de estar dirigido por personas con graves deficiencias mentales. Así se ven opacadas las buenas acciones. Los esfuerzos por superarse de jóvenes y viejos se atomizan y dispersan perdiendo todo su valor cuando toda nuestra atención, y la poca que nos prestan afuera, se concentra en los terribles hechos que presenciamos a diario en Colombia, fruto de la mayor vileza que pueda imaginar una mente perversa, que nos hacen avergonzarnos frente a nuestros congéneres y al mundo entero.

¿Qué pasó? ¿Qué se nos escapó para haber permitido una situación como la presente? Ni siquiera repasando la historia, llena de errores y desengaños, se podría encontrar una explicación a esto. Claro que los pasos fueron dados para que mentes criminales se tomaran el poder pero nuestro error fue no habernos percatado a tiempo y, lo que es peor, haber permitido que se nos engañara sin reaccionar ni siquiera cuando no se toman la molestia de ejecutarlas a escondidas sino frente a nosotros mismos.

Para algunos de los han hecho oposición abierta a este siniestro régimen, llegó el momento de claudicar ante el mal y tratar de salvar una pizca de lo que se les va a arrebatar; para otros el de congraciarse con el verdugo y, si se los permite, unirse a él.

Pero están los valientes que, aún sabiendo del terrible riesgo que corren, se muestran dispuestos a enfrentar a los opresores, y entre ellos resaltan los habitantes de El Carmen de Chucurí. Pueblo valeroso que levantó su voz de protesta sin el apoyo de nadie y le dio un NO rotundo a sus peores verdugos que llenaron durante años de sangre su pueblo y que hace unos días pretendieron regresar para homenajearse y regodearse con el pretexto de la instalación de un monumento y la celebración eucarística -si, una misa aunque parezca increíble-, con motivo de la muerte hace cincuenta años del cura Camilo dado de baja por el ejercito de Colombia en un enfrentamiento armado.

Para conocer su historia de horror he acudido a El Tiempo -el mismo periódico que ahora aplaude lo que antes criticaba y ataca lo que en el pasado aplaudía-. Este periódico publicó en 1992 La increíble y triste historia de El Carmen.

Dice el artículo de su Unidad Investigativa que El Carmen de Chucurí es “un pueblo pequeño y agreste que mira hacia las quebradas montañas, sembradas de cacao y café, de la región de Chucurí, en Santander. Delante de la pequeña iglesia de ladrillo, construida en 1957 por sus actuales moradores, se abre un parque con un quiosco en el medio. El clima es suave, el paisaje hermoso y la vida sería muy tranquila para los 16.000 habitantes que están bajo la jurisdicción, si El Carmen de Chucurí no fuera el punto de convergencia de seis frentes guerrilleros: tres de las FARC y tres del ELN. Todos le han declarado la guerra a este pueblo…”.

Así era la cosa, no un frente sino seis le declararon la guerra a un pequeño pueblo. ¡Habrase visto mayor infamia! ¿Por qué ensañarse así con un pueblo inocente? Tuvo la mala fortuna de ser el lugar en donde comenzó el accionar criminal el ELN en 1964 y desde donde Fabio Vásquez Castaño daba sus ordenes, pero también porque cerca de ahí fue dado de baja el cura Camilo.

“De modo que El Carmen se resignó a vivir con la guerrilla. No tenía otro remedio. La guerrilla dictaba allí su ley… expropiaban tierras para convertirlas en cooperativas o colectivos de producción, destinados a alimentar a la guerrilla. Los campesinos eran obligados a trabajar gratis en estos campos un día por semana y a asistir a los centros de adoctrinamiento”, dice el artículo de El Tiempo.

Pero este aguerrido pueblo que, según la emisora del ELN, era “Patria Libre, región liberada” se levantó luego del asesinato de su querido alcalde, Alirio Beltrán.

“En realidad, esto no fue sino el hecho que desbordó una copa llena de sordos resentimientos populares contra las FARC y el ELN. En El Carmen se cumplió un proceso similar al de Puerto Boyacá y muchas otras regiones del país, solo que de manera muy espontánea, sin interferencia de los llamados paramilitares o narcotraficantes, perfectamente desconocidos en el pueblo”.

Estas cosas contadas por El Tiempo, fruto de un periodismo de la mejor calidad que extrañamos desde que se puso al servicio del régimen, cobran un valor documental excepcional.

Continúa el relato: “Alguien tiene que ver con este cambio: un joven militar, el capitán Germán Pataquiva. Delgado, inteligente, de ojos vivos, el capitán Pataquiva llegó a El Carmen de Chucurí en abril de 1989 con un propósito muy definido: ganarse la población campesina antes de buscar enfrentamientos armados con la guerrilla… Pataquiva se encontró con 240 reclutas con solo tres meses de entrenamiento en una situación desesperada. Soldado que saliera solo a la calle corría el riesgo de ser asesinado. Para ir a la oficina de Telecom a llamar por teléfono, era preciso llevar todo un pelotón.

“El capitán decidió quebrar el miedo que esta situación infundía en su compañía. Hizo correr por el pueblo la falsa noticia de que se trataba de un cuerpo elite antiguerrilla. Le puso un nombre: Los Escorpiones . Camufló la cara de sus soldados, les colocó en la cabeza balacas de vivos colores para distinguirlos de los guerrilleros, les enseñó cantos y los sacó a las calles trotando. Cumplida esta tarea sicológica, el capitán tendió una trampa a la guerrilla: so pretexto de entrenamiento, dejaba siempre el pueblo solo a las 10 y media de la noche. La guerrilla, aprovechando esta ausencia, lo tomó por asalto, el 5 de febrero de 1989”-

Pataquiva, quien tenía como lema “lo sutil vence lo fuerte”, “regresó con su tropa y se enfrentó a los guerrilleros en el casco mismo de la población. Fue un caos de carreras y disparos…”

Dejo a ustedes continuar o no este apasionante episodio histórico de la mano de la Unidad Investigativa de El Tiempo.

El domingo pasado pretendieron regresar quienes habían sembrado tanto dolor en El Carmen de Chucurí. Eran dos mil los convidados a esa “retoma” y a la cabeza de ellos estaban  Iván Cepeda y Ángela María Robledo a los que los chucureños calificaron de “guerrilleros disfrazados de congresistas”.

Pero lo que no se esperaban estos cínicos era que, con la valentía de sus padres que es la misma que muestra Los siete samuráis, la extraordinaria película de Kurosawa, se levantarían e impedirían su ingreso.

Como muestra del valor del pueblo santandereano y especialmente de sus mujeres que mejor que reproducir apartes de la misiva que envió a los colombianos Bertha Isabel Beltrán, hermana del asesinado alcalde de El Carmen de Chucurí, Alirio Beltrán, y esposa del desaparecido Leonardo Irreño:

-“El Gobierno Nacional una vez más pisotea la voluntad del pueblo, se burla e irrespeta a las víctimas del conflicto armado imponiendo un homenaje inmerecido a la memoria del cura guerrillero Camilo Torres en las tierras de El Carmen de Chucurí.”

-“¿Qué puede ser más doloroso que ver como se pretende tergiversar la historia y además tener que ser testigos de la ofensa que hace el mismo gobierno nacional -supuesto garante de nuestros derechos humanos-, cuando se vulnera la memoria de nuestros muertos y sus familiares?”

-“Y no me tilden de enemiga de la Paz, qué más quisiera yo después de tener que soportar la violencia en carne propia a través de todos estos años.”

-“Presidente Santos, no me hable a mí de paz cuando lo único que hace es premiar terroristas y olvidarnos a nosotros, las verdaderas víctimas de toda esta violencia y por las cuales no ha hecho nada.”

“Ya suficiente con todo el sufrimiento de todos estos años como para que construyan un monumento que nos lo recuerde todos los días, nuestros seres amados torturados y asesinados; nuestras niñas y mujeres violadas; nuestros hijos, padres y hermanos mutilados; nuestros puentes y tierras bombardeadas; nuestros familiares secuestrados, desaparecidos y forzados a desplazarse.”

Con mi mayor admiración y respeto propongo que rindamos un sentido homenaje al pueblo de El Carmen de Chucurí uniéndonos a ellos en una sola voz. De la vergüenza que nos hace pasar este gobierno pasemos al orgullo de pertenecer al mismo país de los chucureños.

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