Los 81 años de una leyenda

30 de septiembre del 2016

Entre todos los artistas que hacen música, hay sólo dos a los que admiro hasta el punto de realmente considerarlos ídolos. El otro cumplió el 29 de septiembre, 81 años de edad. Es uno de los más grandes del rock de todos los tiempos: Jerry Lee Lewis. Así como para desmentir que los roqueros mueren […]

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Entre todos los artistas que hacen música, hay sólo dos a los que admiro hasta el punto de realmente considerarlos ídolos. El otro cumplió el 29 de septiembre, 81 años de edad. Es uno de los más grandes del rock de todos los tiempos: Jerry Lee Lewis. Así como para desmentir que los roqueros mueren jóvenes llevados por los excesos de todo tipo.

Lewis es un pianista y cantante brillante, genial y excéntrico. Claro, los entendidos dicen que no tiene técnica para tocar el piano y aporrea más el instrumento que tocarlo. Es válida la apreciación, pero uno no lo quiere para que toque una polonesa de Chopin o una sonata de Mozart. No. Jerry Lee Lewis tiene que darle duro a las teclas, martillarlas con sus dedos y arrastrarlos de arriba abajo por el teclado como un demente. El piano no solo es el instrumento para tocar con sus manos enormes, lo ha hecho también con sus pies y cola, cuando no se paraba encima de él para animar al público. Eso lo hace único e irrepetible.

Contemporáneo de Elvis Presley y con ciertas similitudes en sus orígenes, el genial Jerry Lee nació en 1935 (9 meses después de Elvis) en una familia humilde que vivía en el estado de Luisiana, sureste de Estados Unidos. Se crió con dos primos que luego también fueron famosos: Jimmy Swaggart, famoso tele-evangelista y Mickey Gilley, exitoso músico country. Con ellos empezó a dar sus primeros pasos en la música, aprendió a tocar el piano a muy corta edad, inspirado en otro primo, Charlie McCoy. Fue tal el talento, que sus padres hipotecaron su pequeña finca para comprarle un piano que en pocas semanas dominaba. Además de las influencias familiares, ayudaron a forjar su estilo lo que escuchaba en la radio, en la iglesia de su pueblo y en un club de blues que quedaba cerca de su casa.

Por andar en ese antro de perdición, sus padres preocupados, temiendo que su muchacho pudiera tomar malos caminos, lo matricularon en un instituto bíblico. El primer día, durante un culto religioso, tocó un himno a ritmo de boogie woogie acelerado, y además, tuvo el atrevimiento de tocar “música mundana”. Las aspiraciones paternas terminaron ahí. Lo expulsaron.

No tenía 20 años y empezó a tocar en clubes cerca de Ferriday, su ciudad natal, y para mediados de los años 50 ya se había hecho un nombre en el naciente mundo del rock and roll.

En 1955 firmó un contrato fonográfico con el legendario sello Sun Records al cual estaba firmado Elvis Presley, Carl Perkins y Johnny Cash. Además de sus propios temas, aportó su particular forma de tocar el piano a grabaciones de algunos de sus compañeros de sello. Pintaba para ser una mega estrella del rock and roll. Un largo mechón de cabello que caía sobre su sien derecha, su forma casi demencial de tocar el piano, su arrogancia escénica encarnaban muy bien el espíritu del rock and roll. Sus primeras canciones fueron éxitos: Whole Lotta Shakin’ Going On, Great Balls Of Fire y Breathless,  indicaban el camino del triunfo.

Pero le cayó la roya. Tenía apenas 22 años, con dos matrimonios encima, y dos hijos, cometió la ligereza de casarse con un chica de 13 años (“¡juro que pensé que tenía 15!”), que no solo era la hija del bajista de su grupo, sino también su prima. Cuando se supo la historia, casi instantáneamente se le acabaron los éxitos. Era como si alguien hubiera cerrado la llave. La radio dejó de pasar sus canciones y su disquera cumplía con lanzar los discos al mercado sin respaldo de promoción o mercadeo. Para colmo su segundo hijo de apenas dos años murió ahogado en la piscina de su casa, en un descuido de su esposa/prima.

Durante varios años después de probar las mieles de éxito, le tocó volver a tocar en bares y clubes pequeños, apenas ganando para sostenerse. Afortunadamente para él, la memoria del público es corta y para 1964 en Inglaterra y algunos países de Europa empezó a recuperar el brillo perdido. De esa época hay una estupenda grabación hecha en el legendario Star Club de Hamburgo, que hicieron famoso The Beatles.

Pero fue hacia finales de la década que la disquera que lo tenía firmado y desesperada por sus bajas ventas, decidió hacerlo grabar música country y dejar un poco de lado el rock and roll. Fue mágico. Rápidamente logró pegar temas en los listados del género campirano: What’s Made Milwaukee Famous (Has Made A Loser Out Of Me), To Make Love Sweeter  For You (fue #1), One Has My Name (The Other Has My Heart), y She Even Woke Me Up To Say Goodbye. La acogida fue tal que la disquera se animó a enviarlo a Londres a grabar con grandes de rock inglés. El álbum The Session, mezcló perfectamente su rock and roll de siempre y temas de ese momento.

Su hijo mayor, que con 18 años lo acompañó en estas grabaciones como baterista, muere en un trágico accidente de automovilismo en 1973. Para ese entonces iba en su cuarto matrimonio, había tenido 4 hijos de los cuales dos ya había fallecido. Su problema con el alcohol, drogas y un temperamento, digamos que difícil, amenazaba con una vez más acabar con su carrera. En medio de la celebración de sus 41 años en 1976, accidentalmente se le disparó un arma y casi mata a uno de los músicos de banda. Y pocos después fue arrestado cuando ebrio se paró frente a Graceland, la casa de Elvis Presley, exigiendo arma en mano ver la Rey. Luego dijo que Elvis lo había invitado y luego se negó a recibirlo.

Los años pasan y las giras son permanentes. Sus discos ya no tienen el mismo éxito de años anteriores, sin embargo, su popularidad como excéntrico artista se mantiene. En 2010 graba un interesante disco de colaboraciones con otros artistas, asunto tan de moda. Mean Old Man  cuenta con gente como Mick Jagger, Ringo Starr, Willie Nelson, Keith Richards, Eric Clapton y otros que juntaron sus talentos con el de Lewis para producir un excelente álbum.

Hoy con 81 años, a veces sigue haciendo conciertos. Está en su séptimo matrimonio con la exesposa de un primo. Dice que halló al amor de su vida. La esposa #4 murió poco ahogada apenas días en la finalización de su divorcio. La esposa #5 duró apenas seis semanas y ella también murió. De los seis hijos que tuvo, viven dos hijos y dos hijas.

Pese a su complicada vida personal, Jerry Lee Lewis, ha sido un hombre que ha buscado verdades y respuestas a la vida. El año pasado dijo en su particular estilo, “Yo oro. Yo oro todo el tiempo. Pero me preocupa si iré al Cielo o al infierno… Adoro vivir y respirar y doy gracias a Dios por eso todo el tiempo.”

ANTES DE TERMINAR – Este domingo 2 de octubre es el día de decidir si como país apoyamos el Sí o el No en el plebiscito. Debemos salir a cumplir con ese privilegio que tenemos de votar. El que no lo haga, después no debe quejarse del resultado. Y gane la opción que gane, debemos esperar que los no apoyaron la posición triunfadora acepten el resultado con respeto por la decisión mayoritaria. Y la alternativa ganadora deberá poner en marcha sus planes para el futuro, sin pisotear a los opositores. Ojalá que el resultado, sea cual sea, no conduzca a más enfrentamientos, sino permita la verdadera reconciliación entre los colombianos.

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