“Los acuerdos de La Habana no tienen peso jurídico”: el Procurador

11 de junio del 2013

“Los acuerdos de La Habana no tienen peso jurídico”: el Procurador / Columna de Édgar Artunduaga.

Lo aplaudían como a cualquier candidato en campaña. El sitio estaba repleto de santandereanos, que le brindaban un homenaje en Bogotá. No solo goditos. También asistieron Alfonso Valdivieso, Alicia Eugenia Silva y muchos abogados sin puesto y sin color político.  El procurador Alejandro Ordóñez se extendió hasta cuando su señora le guiñó el ojo, señal para que terminara.

-Yo soy un esposo muy obediente-, dijo. Y pidió, entonces, que el auditorio lo acompañe con sus oraciones para que El Espíritu Santo y la Virgen de Chiquinquirá guíen sus pasos.

Amén, respondieron varios, como suele escucharse en algunos cultos, y brindamos todos con la copa en alto. Que no paren de servir, susurró el vecino. Ordóñez defendió con vehemencia sus posiciones en torno a la unidad familiar y –especialmente- su guerra contra el aborto, que llamó “el más perverso genocidio silencioso”.

Profundizó en el tema de la paz. Dijo que no pretende atravesarse en los planes del gobierno, pero tampoco se permite perjurar y no defender los intereses de todos los ciudadanos.

Sin mencionarlo, lanzó algunas pullas contra el Fiscal General. “No encuentro cómo los más altos funcionarios judiciales, encargados de perseguir a guerrilleros y delincuentes, están prometiéndoles que no pagarán ni un solo día de cárcel, mientras condenan a 50 y 60 años a los militares que los combaten”.

¡Alias Timochenko no pagará un día de cárcel y eso es lo que no podemos permitir!, (subió la voz Ordóñez, para superar el aplauso emocionado de las barras, perdón de los asistentes). Debe haber penas razonables para impedir que se entronice la impunidad total.

El público enardecido le gritaba vivas al orador, que como un experto en el manejo de las masas y sus emociones, bajó el tono…

-Pero estén tranquilos. Lo que se pacte en La Habana no tiene valor jurídico, sólo valor político. Y es allí cuando esta Procuraduría defenderá los intereses del país y de sus ciudadanos. Seré vigilante extremo de los acuerdos de paz.

Silencio en el salón. Pausa momentánea. El público estaba “tocado”, listo a aplaudir o a rechiflar.

-¡Pero no me van a callar!

-¡Noooooooo!, ¡Nuncaaaa!, gritaron los más fanáticos. El Procurador calmó la horda y expresó, en tono pausado:

– No me voy a callar. No se me pida que me calle, porque no voy a hacerlo. Soy un Procurador independiente. Tampoco me van a descafeinar las criticas de ciertos sectores ni me van a asustar las estigmatizaciones que con frecuencia se hacen de mis convicciones personales, religiosas y hasta jurídicas.

Quiero confesarles, manifestó en voz baja, como si estuviera en un reclinatorio, que extraño cuando no me atacan, pero tengo temperamento para actuar como lo hago, en defensa de la institucionalidad.

– Llegar aquí no fue fácil, primero porque la Procuraduría había pasado a ser un activo exclusivo de alguna universidad. Y segundo porque otros querían que fuera un apéndice del gobierno, del legislativo o de las Cortes.

El Procurador Ordóñez prometió endurecer la lucha contra la corrupción:

-La corrupción viene siendo uno de los mas graves flagelos del país. Todo mundo acepta que en esa desviación de recursos está el germen que carcome nuestra legitimidad.

– Nunca antes en la historia se habían dedicado más recursos. Nunca habíamos viaticado más para asistir a conferencias de transparencia. Todos los años se modifican estatutos, hay nuevos tipos disciplinarios,  se fortalecen policías,  fiscalías; las llamadas, con humor, asustadurías. Nunca Colombia había firmado mas convenios internacionales.  Pero nunca, también, Colombia había llegado a los actuales niveles de corrupción.

– Las políticas públicas han sido erráticas. Al estilo de los carros sicilianos de dos llantas, una debe ser la rueda de la legalidad, el cumplimiento de las leyes. La otra, la cultura, los valores, los principios. Y es aquí donde debemos actuar para que las cosas funcionen. Que las dos ruedas marchen igual, parejas, hacia el mismo destino.

En la sala rodaba el whisky. El Procurador prefirió vino…de consagrar, pienso.  Tomó la copa entre sus manos, lo bendijo y brindó con sus discípulos. Amén.

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