Los huevitos de Antanas

22 de agosto del 2011

No se trata de evocar lo que no se le vio cuando se bajó los calzones frente a los estudiantes. Tampoco de recordar los tres huevitos que heredó complacientemente del expresidente Uribe. Y menos de hacer ejercicios visionarios para presagiar los que le pueden estrellar en la cabeza, como lo hizo una estudiante con José […]

No se trata de evocar lo que no se le vio cuando se bajó los calzones frente a los estudiantes. Tampoco de recordar los tres huevitos que heredó complacientemente del expresidente Uribe. Y menos de hacer ejercicios visionarios para presagiar los que le pueden estrellar en la cabeza, como lo hizo una estudiante con José Obdulio, por andar dando vueltas como una pirinola para llegar, luego del toma uno y del toma dos, al inevitable y tradicional ejercicio del toma todo.

Los que comienzan a dar vueltas en la cabeza de los bogotanos son los huevitos que le faltan y el que tiene para que haya aterrizado de barrigazo en toma tres, alcaldías, con el pretexto de no hacerle el juego a Uribe cuando éste se coló en la campaña de Peñalosa. Porque tiene uno de avión si piensa que los bogotanos le van a creer el cuento de que ahora su cruzada es contra Uribe cuando fue de los más tibios en su alcaldía y aún en la campaña presidencial pasada.

Y tiene uno de avestruz al querer montarse en la cresta de la ola antiuribista, ya que sin querer queriendo esa bandera se la tomó con creces el propio Juan Manuel Santos, con la ayuda de Vargas Lleras y le vienen dando golpes a la corrupción, la antidemocracia y la anticonstitucionalidad que caracterizaron los ocho años del gobierno anterior. Y si fuera cierto, pues lo sensato hubiera sido sumarse con nobleza a la campaña de Petro, que es antiuribista per sé y hoy recoge en buena parte el rechazo a la clase política tradicional.

Hay que reconocerle que le han sobrado en el pasado para meterse a pelear contra la corriente cultural del todo vale en una sociedad narcotizada por el efecto del dinero fácil, el ascenso rápido y el atajo, y haber logrado introducir la reflexión en torno a que el crimen no paga y la vida es sagrada, en momentos en que la narcocultura había infestado hasta los tuétanos la cotidianidad ciudadana y el ejercicio de lo público.

Y que le sobraron para enfrentar concejales con prácticas non santas y haber consagrado los dineros públicos y controlado la caja de su administración para evitar lo que le sucedió a Samuel en la contratación del Distrito.

Pero le faltaron y le faltó grandeza en la campaña presidencial pasada entre la primera y la segunda vuelta para haberse lucido como matemático y como estratega si hubiera pensado en un gobierno de coalición antiuribista con el 51% que sumaban entre Vargas Lleras, Petro y la ola verde, aún si él no hubiera sido el capo del equipo, para haber derrotado el 49% que tenía Santos montado en los huevitos de Uribe.

Y le faltaron otra vez para haber sido grande y pensar en el partido y en la voluntad de tres millones de votantes que rechazaron con ilusión verde las prácticas totalitarias de su nuevo peor enemigo, para haberse fajado con una postura digna, dar la lucha interna contra las pretensiones uribistas y priorizar el esfuerzo colectivo, como bien lo hizo Fajardo. Le faltaron para haber aplicado el todos ponen que predicaba cuando caía en cabeza suya la aspiración y para ejercer como gregario humilde en un equipo en el que se respetaría el disenso y Mockus hubiera sido pieza clave para que el uribismo no soñara con tomarse la campaña y menos la administración de su coequipero en la ola verde. No creyó en mantener la llama del nuevo estilo de hacer política superando entre otras la vieja maña del caudillismo.

Lo cierto es que con su aparente nuevo antiuribismo Mockus decidió hacer antipeñalosismo y por ahí, como se dice en billar, está tacando burro porque no ha sintonizado con los tres huevitos de Santos que, quiérase o no, hoy enarbola las banderas de la democracia moderna. Incluso se puede afirmar que ganó las elecciones con el discurso uribista y gobierna con los reconocidos planteamientos verdes. Y es palmariamente notorio que ha dejado atrás los huevitos de Uribe para incubar los propios, la restauración democrática frente al estilo anterior, la paz con seguridad y la unidad del partido liberal con una visión de matices de centro.

Porque el santismo sí está dispuesto a darse la pelea para disputarle al uribismo la Alcaldía de Bogotá. Al contrario de Mockus, que puede estar en el lugar equivocado o, como le gustaría figurarlo, orinando fuera del tiesto, los santistas sí van a apoyar a Peñalosa como alfil principal hacia la unidad liberal. Y si los bogotanos le han aprendido a Antanas que no todo vale, habrá mucha gente que está por sacarle tarjeta roja por faltón, como dirían los estudiantes. O no faltarán los del movimiento Tienen Huevo que le tiren un vaso de agua para aplicarle el ojo por ojo y lo dejen frito.

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