Los invisibles

Los invisibles

11 de diciembre del 2018

Algo muy grave está sucediendo en muchas democracias. Desde Francia hasta Colombia; de norte a sur y de oriente a occidente hay un malestar difícil de definir. No es igual en todas partes ni es por las mismas causas. Pero tiene un elemento común: la desesperación.

La opinión pública, esa masa gris y sin forma que las encuestas creen leer y que las redes sociales dicen canalizar, se está saliendo de madre. Hay una fatiga creciente que se expresa en el rechazo a las instituciones formales, a los políticos de todos los horizontes, a las falacias de unas democracias dominadas por los poderosos que están por encima de las leyes y la ética. Son ciudadanos invisibles que se aburrieron de pagar impuestos mientras observan el aumento desmedido de la corrupción. Son los pensionados que sienten que no son nadie en una sociedad que los percibe como un lastre. Son los empresarios aburridos de un Estado que solo los persigue para sancionarlos. Son los trabajadores que quieren esquemas laborales más flexibles donde puedan tener calidad de vida. Son los jóvenes que no quieren entrar en el molde de un sistema capitalista que los exprime y luego los desecha por obsoletos tecnológicamente.

A esos invisibles no los representa ningún partido político ni ningún líder. Sienten que todos los quieren manipular para sus fines particulares y no están dispuestos a seguir jugando ese juego. Por eso no tienen jefes y no aceptan tenerlo. Es una revuelta semi- anárquica contra lo establecido, lo institucional y lo poderoso.

Sin duda es difícil saber hacia dónde se orienta este malestar. Tampoco se puede prever su intensidad o duración. Algunos creen que el aumento de los populismos es lo que explica su intensidad, que muchos creen y esperan será pasajera. Lo grave es que el demagogia -de derecha o izquierda- es una consecuencia y no una causa del aumento de inconformes.

No hay que cerrarse los ojos: el problema es la crisis de la democracia. La distancia entre los principios democráticos y la realidad ciudadana es demasiado grande. ¿Qué significa la igualdad ante la ley en unos sistemas judiciales cooptados por la ideología? ¿Cuál libertad de prensa cuando los medios son propiedad de los grandes intereses económicos? ¿Cómo es la supuesta posibilidad de ser elegido en unos sistemas electorales dominados por las maquinarias clientelistas? ¿Para qué hablamos de derechos humanos cuando han desaparecido los valores fundamentales?

Los invisibles le están diciendo a los poderes establecidos que la democracia de mentiras no va más.

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