Los NN de la política colombiana

31 de mayo del 2011

En el país de San Bernardo del Viento la política es un show mediático de capítulos interminables. Los días pasan entre discursos de prohombres, expresidentes, congresistas, y distinguidos analistas. Los titulares muchas veces nos despiertan para contarnos escándalos absurdos que se maquinaron en los grandes edificios de la capital, en ministerios, institutos descentralizados, contralorías distritales, y por ahí sigue la lista. Lo anterior, mientras los que antes compartían francachela con los ladrones, se despelucan para adueñarse la moralidad pública.

Contadas veces, Messi y sus goles, una Virgen que llora aceite en Betulia, Sucre, y extraordinario material de las unidades investigativas,  le roban un poco de espacio a los trinos de Uribe, los cafés de Samper, la irreverencia de Benedetti, y la ¿filosofía? de Roy Barreras. Del espectáculo se quedan por fuera grandes protagonistas del subdesarrollo de este país, los caciques de la entidades territoriales que deshacen la bandera. Aquellos que duermen a cientos de kilómetros de la 26 de Bogotá, y ejecutan millonarios presupuestos, mientras la crema del poder se debate entre lo que dice Obdulio, la cruzada por la Alcaldía Mayor, y las inundaciones de la Sabana. Sin restarle importancia a muchas de las cosas que nos informan, las venas rotas en Colombia traspasan la frontera de las chuzadas, el AIS, los Nule, y los Moreno Rojas. Es de vital importancia empezar a mirar hacia esos que a veces con desprecio, llaman territorios apartados. Los mismos donde la guerrilla se alimenta, del perpetuo inconformismo de la población.

Invito a los jeques de los partidos, a sus presidentes, a los honorables congresistas que con frecuencia visitan la cabina de hora 20, y a los grandes medios a volcarnos a la Colombia rural, no para ver el mico tití, el sapo rinrín o el agua de tres colores, eso dejémoselo a la revista Viajar. Vamos a indagar a los gobernantes de Orocué y Agua Azul en el Casanare, a los representantes del pueblo, en Cabuyaro y Castilla la Nueva, en el Meta. A los NN de la política Colombiana. A los Alcaldes y concejales, que ejecutan y controlan, respectivamente, millonarios presupuestos para gobernar pequeñas poblaciones.

Yo si quisiera saber, en que se han invertidos los más de 9.000 millones, que recibió en el primer trimestre del año el municipio de Cabuyaro por concepto de regalías. Me desvela saber cómo se beneficiaron los 3.000 pobladores de este giro, de importante cuantía si se compara con el número de habitantes. Alcanzaría para entregarle casi un millón mensual a cada cabuyarence ¿En qué se lo gastó, o se los gastará el alcalde? ¿De qué forma está ejerciendo el control el Concejo? No en vano es la preocupación, ya que este pueblo parece anclado a la prehistoria, y los miles de millones que le gira la ANH, según parece, no se ven por ningún lado. A 118 kilómetros de Villavicencio, el recorrido absurdamente es superior a tres horas, y el pueblo solo cuenta con una carretera pavimentada. El Rio Meta se atraviesa en planchón, y los niños estudian en Puerto López, a kilómetros por vía destapada. Y así como este caso, hay miles en Colombia, que parecen no merecer la mitad de la tinta periodística que recibió el director del Isesi y su travesía en Lousiana.

Desinterés de la élite,  que contrasta con el interés de aquellos “vivos” que denunció Dora Montero de La Silla Vacía, encargados de promover, también en Cabuyaro, el llamado turismo electoral, e incrementar drásticamente el número de visitantes a la Registraduría municipal en época pre electoral. Caciques locales que al parecer ofrecen 60 mil pesitos, 30 el día de la inscripción, 30 el día de la votación, a pobladores de otras zonas para que depositen sus votos como falsos cabuyarenses, alterando el desarrollo de una auténtica jornada democrática. Caso concreto de trashumancia electoral, común en los municipios “apartados” dueño de grandes presupuestos, que quedan relegados a un segundo plano frente a los 140 caracteres de twitter que frecuentemente ocupan los espacios más trascendentales de la prensa.

Así las cosas, es imperativo un cambio drástico en la forma en que Colombia está analizando esos territorios ajenos a los grandes edificios, donde el estado es un lejano  reflejo de lo que debe ser. Donde los NN de la política colombiana ejecutan millonarios presupuestos, mientras cientos de inconformes alimentan la supervivencia de los grupos armados, o en su defecto, se desplazan a las ciudades a aumentar el cinturón de pobreza y a vivir en medio de la ausencia de oportunidades y de la hostilidad de costumbres y rutinas distintas. Si queremos avanzar, debemos mirar hacia allá, y vigilar de cerca la gestión de los gobernantes incógnitas.

Twitter @ManoloAzuero
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