Los pilares de la ira

20 de septiembre del 2012

Sí hay algo peor que el fanatismo. Es la manipulación política de la que son objeto los fanáticos. Lo hemos visto, de manera grotesca, en las últimas dos semanas. La ira desbocada e incontrolada de las masas en los países árabes se tomó las calles. Una ira que explotó por culpa de una película mal […]

Sí hay algo peor que el fanatismo. Es la manipulación política de la que son objeto los fanáticos. Lo hemos visto, de manera grotesca, en las últimas dos semanas.

La ira desbocada e incontrolada de las masas en los países árabes se tomó las calles. Una ira que explotó por culpa de una película mal hecha: La inocencia de los musulmanes, que representa a Mahoma como pedófilo, homosexual, violento e ignorante. Al parecer, los responsables del adefesio son un puñado de coptos extremistas –en Egipto ya se dieron los nombres de siete de ellos–, algunos de los cuales viven en Estados Unidos, donde tendrán que responder, al menos, por incitar a la violencia. (A cadena perpetua deberían condenarlos, por el atentado perpetrado contra el Séptimo Arte).

A nadie le gusta que se burlen de sus creencias, que lo tachen de bobalicón por tenerlas y que ridiculicen a sus profetas. Los islamistas, si se sintieron ofendidos, están en todo el derecho de protestar y manifestarse. Pero de ahí a hacer lo que han venido haciendo… Muertos, heridos, destrozos, amenazas, conforman la estela que dejan a su paso. Y, por supuesto, mayor polarización cultural en el mundo. Porque el verdadero problema no es de fe, sino de cultura; de estrellón de culturas. (La alianza de las civilizaciones soñada por el expresidente español, Rodríguez Zapatero, no pasó de ser una quimera).

A propósito, cabe recordar aquí el ensayo La rabia y el orgullo, escrito en Nueva York por la periodista italiana, Oriana Fallaci, luego del 11-S. Apocalíptico, tal cual lo refleja este párrafo: “En el mundo hay sitio para todos, digo yo. En su casa, cada cual hace lo que quiere. Y si en algunos países las mujeres son tan estúpidas que aceptan el chador e incluso el velo con rejilla a la altura de los ojos, peor para ellas. Si son tan estúpidas como para aceptar no ir a la escuela, no ir al doctor, no hacerse fotografías, etcétera, peor para ellas. Si son tan necias como para casarse con un badulaque que quiere tener cuatro mujeres, peor para ellas. (…) No seré yo quien se lo impida. Faltaría más. He sido educada en el concepto de libertad. Pero si me pretenden imponer todas esas cosas a mí, en mi casa…”. No debemos respetar a quienes no nos respetan, es la síntesis del texto.

Y es que los bandos de los fieles (ellos) y de los infieles (nosotros) son dos de los pilares principales sobre los que se asientan los ataques de ira de los musulmanes. No ven en las religiones expresiones culturales que ayudan a los seres humanos a explicarse lo sobrenatural. Por caminos diferentes —por lo general, dependen del lugar geográfico en el que nacemos—, que no tendrían por qué competir para alzarse con el edén.

Además, no es la religión por sí sola lo que define las calidades humanas de las personas y las sociedades. Si a eso vamos, ninguna puede tirar la primera piedra en materia de barbarie. Vándalos, asesinos, dogmáticos, los hay en todas las vertientes. Tal vez las furias de los musulmanes se notan más, puesto que son más: unos 1.500 millones mal contados. Su expansión sobrepasa a la de los católicos, admite el Vaticano. (Europa, por ejemplo, está ad portas de ser islámica. Si las proyecciones de parálisis financiera, desconfianza institucional, escepticismo intelectual, relativismo de principios y crecimiento demográfico negativo que contemplan estudios políticos —entre ellos, Ante la decadencia de Europa del Strategic Studies Group se cumplen, para el año 2050 el Viejo Continente probablemente se llamará Europeistán. Según la Unión Europea, cada año llegan un millón de nuevos inmigrantes musulmanes legales al continente y 500.000 ilegales, y tienen de media tres veces más hijos que los europeos).

Así las cosas, el planeta no está para buscar pleitos, a no ser que queramos accionar el temporizador de la bomba autodestructiva que carga en la panza. Aunque no sea por convicción, hagámonos pasito. Total, es por conveniencia que funciona la geopolítica. De lo contrario, esta explosión de emociones y hechos que estamos viendo en Oriente Medio no tendría por qué afectar la recta final de la campaña por la presidencia norteamericana. O no tendría por qué alimentar los odios que profesan los furibundos salafistas contra Occidente. O no tendría por qué desvirtuar las ansias de libertad de la primavera árabe, con intereses totalitaristas de ciertos líderes espirituales, que subyacen en el anhelo popular.

Claro que como la geopolítica es tan dinámica… (Y tan desalmada).

Dobleclick 1: Y ahora también Francia. El semanario Charlie Hebdo publicó ayer unas viñetas de Mahoma, tituladas Intouchables 2, en las que cuestiona la agresiva susceptibilidad de los seguidores del profeta. El gobierno francés, obvio, está con los pelos de punta. ¿Cómo estarán los pelos de los seis millones de musulmanes que habitan en territorio galo? Convendría al osado director de la publicación seguir los pasos del escritor Salman Rushdie, quien tras publicar un “ladrillo” contra el Corán titulado Los versos satánicos, tuvo que zambullirse en la clandestinidad.

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