Pronosticar siempre es difícil; la vida de hoy está llena de pronósticos: la bolsa de valores, el clima, el tipo de cambio, la moda, el deporte, el amor, entre otros. El ser humano juega siempre a la lotería, a la ensoñación y a la pregunta de ¿qué pasará mañana? En este ejercicio, Friedman nos va llevando por la lógica de las tendencias hacia situaciones que, si se observan con la mirada del presente, podrían parecer absurdas. Allí está el encanto de esta publicación y una engolosinadora lectura.
Friedman manifiesta con claridad que apenas estamos en los albores de la era de los Estados Unidos como superpotencia; expone con análisis profundos el porqué de su afirmación, a pesar de que existan algunos que por virtud del avance de China, su poder pueda verse menguado y luego disminuido. Esto es muy interesante, porque a pesar de no desconocer el avance chino, el autor no observa ninguna señal que le permita inferir un cambio en la condición de Estados Unidos. Parte del principio esencial que quien controla los océanos (en sus fronteras comerciales amplias) y la tecnología espacial tiene garantizado un papel preponderante. Y esa región es América del Norte y quien controle esta porción del planeta tiene las credenciales de mantener su supremacía.
Frente a la problemática que enfrenta Estados Unidos con el fanatismo islámico manifiesta que se “ha tenido éxito, no tanto ganando la guerra como impidiendo ganarla a los islamistas, y desde la perspectiva geopolítica esto es suficiente”.
Plantea también que la crisis demográfica que ha amenazado con la destrucción de la humanidad se va a parar y al contrario, los países desarrollados (esto ya está sucediendo) van a tener menos gente, y esta tendencia también se dará en países de menor grado de desarrollo.
Analiza los desempeños chino y ruso; expone que China, geopolíticamente hablando es una isla, separada por territorios infranqueables como las estepas mongolas y los Himalaya. Igualmente, su desempeño económico generará presiones internas que le impondrán recursos y energías para atenderlas, dejando de lado cualquier aventura global. Con Rusia, también manifiesta que es un país enorme que tiene una debilidad fundamental que son sus fronteras, especialmente al oeste con Europa. La llanura del norte de Europa es franca y limpia de barreras naturales. Su extensión se ve complicada con un trasporte relativamente deficiente. Seguirá compitiendo con Estados Unidos pero esa competencia le exigirá una carga económica inmensa y ahí radica su debilidad. Además surgirá en el este de Europa una potencia que se aprovechará de esto y de la inacción alemana y es Polonia. Prevé en sus pronósticos, Friedman, que al final de la década de los veinte habrá un desplome ruso y un fraccionamiento chino, producto de las inequidades regionales.
En ese momento, comenzará el resurgimiento de Japón con intereses directos tanto en el noreste de China como en la Rusia del Pacífico. En el Oriente Medio reaparecerá el poderío turco, con fuertes intereses en los Balcanes, el Cáucaso y la recuperación del tutelaje sobre todo el mundo islámico.
Esto generará presiones que derivarán en una guerra global espacial (con Estrellas de Combate, algo digno de la Guerra de las Galaxias) en donde Estados Unidos y su aliado polaco tratarán de preservar el orden establecido frente a los expansionismos turco y japonés hacia la década de los cincuenta y sesenta.
En esta confrontación, los Estados Unidos reafirmará su poderío global y se mantendrá nuevamente un statu quo.
Hacia el final del siglo, surgirá un problema especial en América del Norte por tensiones con México. La frontera cultural mexicana, por virtud del proceso demográfico se expande hacia el norte, casi hasta los niveles de mediados del siglo XIX, y esto generará potencialmente confrontaciones impensables para un ciudadano de 2012. Será la primera vez que Estados Unidos enfrenta amenazas ciertas en su propio suelo debido a una confrontación general. Será como lo dice Friedman por el dominio de América del Norte. No da la respuesta.
Con respecto a América Latina, salvo México, según Friedman, la región no jugará un papel global. Solamente será un factor de referencia regional, especialmente Brasil en Suramérica, ya que para el autor, el subcontinente no es continuo, ya que las selvas y montañas constituyen unas barreras difíciles de superar para logar una consolidación de entidad única que pueda apostarle a un liderazgo global.
Una mención final: Extraña que el tema del Cambio Climático y el Calentamiento Global no aparezca como causa de focos de tensión en el libro. El autor en el epílogo simplemente menciona que al ser producto de los seres humanos y que en consecuencia habrá soluciones para el efecto. Seguramente la tecnología y la disminución de la población serán factores de mitigación del efecto, pero sin duda también habrá problemas por desplazamientos ambientales, con las consecuentes tensiones entre países que puede desembocar en conflictos militares, hambrunas y aislamientos, que debieran haber sido, a juicio de quien escribe esta reseña, analizados para incorporar una variable adicional en los pronósticos.
Sin duda es una lectura interesante y que plantea asuntos impensables.
