Los símbolos de Liévano

29 de julio del 2011

El viernes pasado, en medio de la maratón de las 36 horas, adopté un perro en el Centro de Zoonosis. Después de una charla sobre las adopciones, escogí a Liévano, un criollo mezcla de labrador con alguna raza desconocida. Lièvano tiene un significado especial. No es una mascota y punto. Es un compañero de viaje […]

El viernes pasado, en medio de la maratón de las 36 horas, adopté un perro en el Centro de Zoonosis. Después de una charla sobre las adopciones, escogí a Liévano, un criollo mezcla de labrador con alguna raza desconocida.

Lièvano tiene un significado especial. No es una mascota y punto. Es un compañero de viaje de estos tres meses que nos esperan hasta el 30 de octubre. Y su nombre no es en vano. Es el nombre del Palacio de gobierno de la ciudad que perdió su dignidad y que, como nuestro perro debe recuperarla. Es un animal que estaba desnutrido, desesperanzado, triste, y que después de la adopción recuperó el optimismo.

Liévano es un homenaje a Bogotá: una ciudad en la que los perros callejeros son parte del paisaje. Lleva un apellido elegante así muchos lo hubieran maltratado y muestra que la dignidad no solo es para los que tienen los grandes nombres. Anda en el platón de nuestro carro observando las calles, la gente. Va con nosotros en bicicleta. Correrá la media maratón.

Liévano es, también, un homenaje a la ciudad presente. Su alegría nos demuestra que atrás quedó la ciudad gris y aburrida en la que todas las personas iban con abrigos y paraguas oscuros. Liévano es la ciudad de los parques, de los niños jugando con sus mascotas en medio de la luz. Del sol.

Y Liévano también representa la esperanza y la transparencia. El derecho a la identidad de quienes andan en la calle sin ser reconocidos. Las posibilidades de una ciudad en convivencia. La articulación de un proyecto emocional con un proyecto de ciudad.

Después de Liévano soy un convencido de la causa animalista. La ciudad no debe destinar ni un solo peso a las corridas de toros. Zoonosis debe ser un centro de adopciones. No debe haber un solo vehículo de tracción animal.

Bogotá tiene miles de problemas. Todos necesitan soluciones de raíz. La seguridad, la movilidad y la transparencia deben ser prioridades. Pero como ya lo había dicho en esta columna: la forma como los humanos tratan a los animales, también es un indicador de qué tan preparados están para la convivencia. Aquí está Liévano:

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