Los sueños…sueños son

8 de marzo del 2011

Todos los seres humanos nos preguntamos si hay vida después de la muerte, si existe el mas allá, los fantasmas o los espíritus vagabundos. Cuando mi marido fue diagnosticado con cáncer terminal vi que había llegado la hora del experimento. Si en realidad existe el mas allá, pensé, Enrique se me aparecería y me hablaría. Murió al cabo de un año del diagnóstico, consciente todo el tiempo, menos sus últimas cuatro semanas.

Enrique no se apareció físicamente después de muerto, pero yo soñaba con frecuencia con él. Y no era que el me estuviera hablando desde el mundo de los espíritus, puesto que los sueños ocurren en nuestras cabezas, son producto de nosotros mismos, no hay extraños que nos invadan el cerebro.

Elizabeth Kubler-Ross, una reconocida siquiatra suiza especialista en el tema de la muerte, desarrolló un modelo que explica las etapas del duelo tanto para los enfermos terminales como para sus seres queridos:

1. Negación, esto no me puede estar pasando a mí.

2. Rabia: ¿Por qué me está pasando a mí? No es justo. O puede haber rabia contra el ser querido, ¿por qué te enfermaste, no ves que me voy a quedar sola?

3. Negociación: Dios, déjame vivir hasta que nazca mi nieto, prometo a ir a la Iglesia todos los días.

4. Depresión: el enfermo y la familia ven la certeza de la muerte que se avecina y la tristeza los invade.

5. Aceptación, al cabo del tiempo nosotros, los sobrevivientes, vamos a estar bien. El enfermo acepta su suerte. La vida sigue.

Estas etapas pueden mezclarse, experimentar varias de ellas al mismo tiempo o suceder en diferente orden.

Inmediatamente murió Enrique había días que yo no paraba de llorar. Otros días estaba bien. Tanto él como la familia, mis hijos y yo, habíamos descansado con su muerte. Verlo moribundo fue peor que verlo muerto.  Para mis hijos la muerte fue excepcionalmente terrible. Enrique era su mejor amigo y mis hijos apenas salían de la adolescencia.

La mayor parte de mi duelo se desarrolló en el subconsciente, a través de los sueños.

Empecé a soñar que Enrique volvía. Yo le preguntaba, “¿pero tu no estabas muerto?”, a lo que el respondía, “Si, eso fue antes, pero ya me curé”. Yo experimentaba una desazón.  ¿Estaba casada otra vez? Debo confesar que después de su muerte había buenos momentos y factores positivos, sobre todo la independencia. Yo, incrédula, le preguntaba a nuestros conocidos en Medellín, siempre a la gente de la ciudad donde ambos crecimos: “Doña Bluma, Doña Jaica, Doña Claudine (amigas de mi mamá), ¿ustedes si creen que este es Enrique? Y ellas respondían “pues claro que si”. En esos sueños Kike aparecía todo popocho, gordito, alto, buenmozo y saludable, como era antes de ser diagnosticado con cáncer en el cerebro. Y yo pensaba, ¿ahora que voy a hacer? ¿Casada otra vez? Si estoy contenta siendo viuda! Estoy disfrutando mi independencia, vivo sola, los hijos fuera de la casa, hago lo que me provoca y no tengo que rendirle cuentas a nadie!

Muchas veces se repitió ese sueño con pequeñas variaciones. Enrique volvía, había estado enfermo pero eso ya había pasado y estaba nuevamente con nosotros. Pero algo no cuadraba y me decía a mi misma: “esto es un sueño” y me despertaba. La última vez que soñé este sueño fue cuando volvió barbado y flaco, tal como estaba cuando murió, ya no popocho y saludable. ¿Kike, que haces aquí? Le pregunté. Me respondió, con su hablar calmado, que unos científicos rusos habían ido a Israel (el no está enterrado en Israel) y escogido ocho muertos que se parecieran a Jesucristo para revivirlos. El había estado entre los elegidos. Yo le dije “Llevas tanto tiempo muerto ¿acaso el cuerpo no se descompuso?” a lo que el respondió “los rusos fueron capaces de curarme todo, hasta la descomposición”.

A partir de ese momento los sueños cambiaron. Ahora Enrique aparece como un empresario exitoso que está construyendo un negocio muy rentable, pero no me cuenta que es. Está ganando montones de dinero pero no me da nada. Tiene affairs y no se preocupa por ocultarlos. Es prácticamente un desconocido, no comparte nada conmigo. Yo me quiero divorciar pero el nunca está en la casa para discutir el tema. La angustia es terrible, estoy en una sinsalida. Este sueño es mucho mas angustioso que el anterior, un hombre que me desprecia, no me tiene en cuenta ni siquiera para discutir un divorcio, completamente opuesto a lo que él fue en vida. ¿Cuál será el próximo capítulo? Me imagino que el divorcio, la aceptación, de acuerdo a la definición de Kubler-Ross.

Los sueños son tan vívidos que a veces despierto por la mañana y miro al otro lado de la cama. Está vacío invariablemente, a menos que mi gata haya decidido hacerme compañía. Ya van a hacer siete años el próximo tres de abril,  y todavía tengo un nudo que no se desata.

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