¿Los tienen bien puestos?

21 de marzo del 2018

Opinión de Greenpeace.

bien puestos

En el día de ayer el Senado ha iniciado sus sesiones y activistas de Greenpeace han instalado un enorme tendedero frente a la sede legislativa donde pantalones y faldas han servido de escenografía para la pregunta “¿Los tienen bien puestos?”.

La consulta no es más que el resumen de diversas organizaciones del país que, de manera transversal, han querido lanzar un llamado urgente a los congresistas para que, por fin, aprueben una ley que prohíba al asbesto en Colombia.

Hasta ahora, y pese a la abrumadora evidencia en contra de la sustancia, no ha existido la suficiente decisión y valor por parte de los legisladores para eliminar una mortal sustancia que ha estado ya demasiado tiempo entre nosotros. No se explica de otra manera que siete intentos legislativos hayan fracasado frente al poderoso lobby que los defensores del asbesto –liderados por la empresa Eternit- han activado para intentar mantener a flote su lucrativo negocio, el mismo que, según las autoridades, es responsable de la muerte de más de 300 colombianos cada año.

Mientras el mundo prohíbe el asbesto y cuida a sus ciudadanos, en Colombia la producción anual del tóxico llega a las 24.000 toneladas. Es como si cada colombiano tuviera a su disposición medio kilo de veneno por año. Resulta inaceptable.

“¿Los tienen bien puestos?” es el llamado que hoy se ha convertido en un clamor que cruza distintos sectores de la sociedad colombiana. Una Colombia sin asbesto dejó de ser una campaña de Greenpeace y se ha transformado en una potente voz de alcance nacional que demanda una acción valiente y decidida de los senadores. Ya han sido demasiados intentos fallidos para alejar para siempre la amenaza del asbesto.

Organizaciones civiles, entidades médicas y científicas, universidades, y los Ministerios del Interior, Trabajo, Ambiente y Salud se han expresado a favor y promovido la prohibición de esta sustancia. En solitario y como voz disonante, solo la industria, encabezada por Ascolfibras, sigue intentando por un lado confundir, marcando diferencias entre el asbesto y el amianto, cuando son lo mismo; y por otro, convencer de que el asbesto no es un peligro y hay un uso seguro. Por fortuna, se trata de una voz solitaria.

La postura de Eternit (una de las empresas representadas por Ascolfibras) se entiende como defensa de un interés puramente económico, pero la de los senadores quienes, hasta ahora, no terminan de prohibir la sustancia es impresentable. No hay más excusas para los legisladores.

“Senadores: ¿Los tienen bien puestos?”. El país espera que, por fin, así sea.

Por Silvia Gómez, Coordinadora de Greenpeace en Colombia

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