Los trapos rojos

16 de octubre del 2018

Por Emilio Figueredo.

Los trapos rojos

Si algo hay que reconocerle al régimen es, precisamente, la habilidad para fabricar trapos rojos, los cuales saca a relucir cada vez que comete una torpeza que puede descalabrarlo. Estos trapos son como las capas de los toreros a los cuales embisten, sistemáticamente, los toros y en nuestra particular realidad, la casi totalidad del espectro opositor.

Ahora que el régimen traspasó la línea con el supuesto “suicidio” de Fernando Albán, crimen que produjo una reacción unánime e inmediata de todos los factores opositores y de gran parte de la comunidad internacional, en vez de reconocer el error y sacrificar a los responsables del hecho, recurre a su habitual fábrica de trapos rojos y el primero que se les ocurrió ventilar, fue la supuesta fuga de Leopoldo López quien, según el rumor bien difundido, habría llegado a Madrid, emprendiendo el rumbo a través de Colombia.

Pero como ese peine no lo pisó casi nadie, a sus personeros se les ocurrió entonces la idea de desterrar a Lorent Saleh, el joven activista de derechos humanos que llevaba ya cuatro años detenido en las mazmorras del Sebin, sin jamás haber sido sentenciado por delito alguno.

Ese trapo rojo, aunque estemos satisfechos de que el joven esté ahora excarcelado, no debe hacer que embistamos de nuevo el capote y hagamos pasar a segundo plano la terrible e inaceptable muerte de Albán, hecho este que el régimen no tiene como justificar, ni siquiera cómo explicar de manera más o menos coherente.

Esperamos que la oposición siga unida en la denuncia e insista en la realización de una investigación objetiva y confiable que determine la veracidad de los hechos que ocasionaron la trágica muerte de ese valeroso y valioso venezolano.

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