Regresa el Péndulo

23 de noviembre del 2015

El tren bolchevique se aleja del poder.

Regresa el Péndulo

En Argentina ganó Macri, un empresario de derechas que reemplazará a Cristina y pondrá fin a más de una década de Kishnerismo, período no exento de dificultades y señalamientos de corrupción que por ahora no se han aclarado. Es muy probable que una presidencia tan distinta llegue a hurgar lo que hasta ahora está enterrado, como la muerte del fiscal Nisman y las financiaciones dudosas en las campañas del oficialismo.

Pero independientemente de la política interna de ese país, sobre la que tengo un conocimiento apenas superficial, lo destacable es que parece anunciar que el péndulo ideológico ha comenzado a retornar en América Latina. Esa hegemonía montada sobre los petrodólares de Chávez y nuevas instituciones como el Alba, Unasur, Telesur, etc, estaría empezando a erosionarse.

Ahora vienen las elecciones para la Asamblea Nacional de Venezuela el 6 de diciembre en las que todo augura la derrota del chavismo con el déspota de Maduro a la cabeza. Es posible que ese régimen se resista todavía un tiempo y que las elecciones no tengan la transparencia necesaria para garantizar los resultados, sobre todo para respetar la mayoría de escaños en la Asamblea en manos del MUD, pero lo que es evidente es que en Venezuela también se han perdido las mayorías con que contaba Hugo Chávez y con las que en más de una ocasión derrotó en las urnas a la oposición.

Con Macri en Argentina y una Asamblea en poder de la oposición en Venezuela, empieza a tambalear el poder de la izquierda latinoamericana, más por sus propios errores es verdad, que por la fuerza de las ideas o los liderazgos de derecha, como pasó también recientemente en Bogotá para no ir más lejos.

Quedan todavía otros puntales no tan débiles del socialismo del siglo XXI, que todavía sostendrán por un tiempo el péndulo en esa esquina ideológica: Bolivia con un Evo Morales que conserva su fuerza política casi intacta a pesar de las estupideces que dice y Correa quien cada vez que requiere tranquilizar a la oposición anuncia que no se presentará para el próximo período, pero vuelve y repite.

En cambio en el gigante Brasil las cosas no están tan fuertes. Dilma se adelgazó y modernizó su look para tratar de ganar simpatías, sin lograr mayor estabilidad política. El barco del PT hace agua por todos lados y ni siquiera el otrora carismático Lula Da Silva logra apaciguar los escándalos de corrupción que sacuden la hegemonía del PT.

Chile es otra cosa. Allá regresó la Bachelet, una mujer tranquila, que manejó al parecer con acierto el escándalo de su hijo y mantiene niveles aceptables de aprobación, aunque es probable que no tenga la capacidad de traspasar el gobierno a un sucesor de su misma línea y en ese país también regrese la derecha en el próximo período.

Queda eso sí Nicaragua con un Ortega adueñado de todo, un déspota más como Maduro, pero con una oposición más desorganizada y débil que le ha permitido atornillarse en el poder. Aunque la debilidad de sus socios le puede llegar a afectar.

En ese panorama la aparición de las Farc entra con el pie izquierdo en la política colombiana porque ya no tendrá el respaldo de esa izquierda que ya está empezando a desvanecer. Más les vale que se apuren, cada minuto que pasa es un minuto que pierden en ese tren bolchevique que se aleja del poder.

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