Manual para entender la feminidad delicada

23 de julio del 2011

Impredecible, fresca, es la propuesta literaria de David Foenkinos en La delicadeza, cuya traducción al español ha publicado recientemente Seix Barral. Conocida como la novela francesa de los diez premios, le debe mucho a Rayuela, texto favorito de Nathalie, a quien le gusta leer. Como personaje de Cortázar, creador de escenas en las cuales los […]

Impredecible, fresca, es la propuesta literaria de David Foenkinos en La delicadeza, cuya traducción al español ha publicado recientemente Seix Barral. Conocida como la novela francesa de los diez premios, le debe mucho a Rayuela, texto favorito de Nathalie, a quien le gusta leer. Como personaje de Cortázar, creador de escenas en las cuales los protagonistas intentan cruzarse por las calles a expensas del azar, la joven vaga sin rumbo por las calles de París. Encuentra a François que la aborda fascinado porque “Emanaba de ella una especie de naturalidad, tan conmovedora”.

Tal ingreso al mundo de la ficción, “el lugar al cual se dirige Nathalie”, que es la novela misma, es uno de los primeros hilvanes de un relato que expone sin tapujos sus costuras y su deuda con otras obras y autores.  En 117 breves capítulos de contenidos a veces insólitos, Foenkinos desentraña paso a paso comportamientos y afectos que retan las nociones vigentes de masculinidad y feminidad.  “Todo se mezclaba en un universo sin sabor, donde la propia feminidad era un vestigio, donde ya nadie se tomaba el tiempo de hacer ruido con unos tacones de aguja” es una frase que lo explica.

La cita casual de Nathalie y François termina en matrimonio y convivencia sin el desgaste de lo cotidiano y ambos con la muerte accidental de François. Nathalie, eficiente, sensata, ajena a la necesidad de aprobación de los demás, empleada modelo de una compañía sueca, niega por varios años la muerte de su marido.  Charles Delamain, su jefe, intenta acercársele. Encuentra agotadora “la contemplación cotidiana de esa feminidad inaccesible”: venera y teme a Nathalie.  Mientras tanto, sigue dedicado a su pasión, hojear el diccionario Larousse.

Delicadeza,  “hecho de ser delicado”; “Estar en una situación de delicadeza: no llevarse bien con alguien, mantener una relación fría y distante”. Y su adjetivo,  Delicado que es “muy fino, exquisito, refinado”; “Que manifiesta fragilidad”; “Difícil de manejar; escabroso”; “Que manifiesta gran tacto o sensibilidad”: “Difícil de contentar (peyorativo)” son palabras que Charles asocia con Nathalie.  Carecer de ésta le impedirá acercarse a la muchacha. Sin duda, ser delicado y delicada, virtudes poco valoradas en el mundo actual, son puntos de partida para que el autor nos revele, a la manera de un breviario de educación sentimental, los pormenores de la relación amorosa de Nathalie y Markus, un tipo “excéntrico”.

Nathalie besa a Markus sin motivo. Markus no la trata como la frágil viuda que todos imaginan y se vuelve protector: “Frente a ella, se sentía divertido y vivo, viril incluso”. No obstante, está lleno del terror de enamorarse, a que la perfección estalle en pedazos, paralizado por la pregunta ¿Cómo actuar cuando todo sale bien?  Se marcha, inseguro: Nathalie es demasiado deseable para permanecer junto a ella.  Huida que intriga seduciendo a Nathalie; recuerda que con él se ha reído a carcajadas. Escapa a la casa de la abuela dejando todo atrás, sintiéndose perdida. Markus la sigue; la encuentra.

Nathalie quería regresar a los hombres a través de uno que no fuera un conquistador y redescubrir el manual de instrucciones de la ternura, lo cotidiano, sencillo y delicado.

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