Casa por medalla

Casa por medalla

22 de Agosto del 2016

Ser deportista por regla general es recorrer un camino de sacrificio, disciplina y dedicación; lo cierto es que vivir para el deporte o, del deporte en este país, es una misión casi imposible con la corrupción, los conflictos de intereses, la falta de apoyo del Gobierno y las pocas políticas públicas que amparen la educación  deportiva desde los primeros años de infancia sin importar el estrato.

Detrás del manejo de los recursos del deporte está la mano rapaz de las organizaciones y directivos que han dilapidado a manos llenas lo que podría ser un semillero de deportistas exitosos en miles de disciplinas; mientras a los deportistas les toca rogar y mendigar para lograr alguna “ayuda” o “patrocinio”, términos ofensivos comparados con la alegría que nos dan cuando triunfan… pero eso sí, vaya y gánese algo: medalla, titulo, copa, campeonato, tour, vuelta etc., que ahí si salen todos los políticos y dirigentes de turno a sacar pecho y sumarse a victorias ganadas en guerras ajenas.

Los países que son “potencias deportivas”, incluida Cuba, cuyo régimen desapruebo, tienen políticas públicas claras en materia deportiva y en sus presupuestos el deporte es un rubro tan importante como el de la educación; en Colombia, tristemente el deporte a pesar de ser un derecho garantizado por la Constitución de 1991, en su Art 52, no hace parte de los derechos fundamentales, si no de los derechos sociales, económicos y culturales, lo que significa unas garantías estatales limitadas, sujetas principalmente a la disponibilidad presupuestal ya que constituye según la Constitución un “gasto público social” y gravemente manipulado por la politiquería y la mermelada. En Colombia, estamos llenos de estadios y coliseos sin terminar, instalaciones deportivas en ruinas como el estadio de Neiva que ayer, 19 de agosto, dejó varios heridos y personas muertas al desplomarse una de sus tribunas, construcciones hechas o mejor mal hechas, con pésima calidad porque para muchos a la hora de invertir, el deporte sigue siendo un juego.

Los deportistas reclaman que no hay apoyo suficiente, yo me pregunto: Si en este país existen programas como Familias en Acción, ¿por qué no han desarrollado un programa similar como “Deportistas en acción”?; si en este país el Departamento de Planeación Nacional es capaz de gastarse más o menos 9 mil millones de pesos en una encuesta para saber qué tan felices somos, ¿cómo no son capaces de invertir algo de esos miles de millones en censar las áreas y necesidades donde somos más productivos deportivamente, para invertir estratégicamente en el deporte que cada región practica, o en la que somos destacados?; ¿cuántos niños y jóvenes habríamos salvado de caer en vicios, pandillas, sicariato, narcotráfico, prostitución, sí en vez de lanzarlos al rebusque por falta de oportunidades los lanzáramos a una cancha, a una pista, o a una piscina?; ¿sí en vez de admirar la cultura “traqueta y prepago” que nos meten por los ojos en la televisión con las famosas narco-novelas , les enseñáramos a nuestros hijos a admirar la cultura de el deporte ,el sacrificio ,la disciplina, la lucha y no de la ley del menor esfuerzo y la vida fácil.?

Los medallistas olímpicos y los demás campeones mundiales o deportistas destacados, son únicamente un ínfimo porcentaje que ha sobrevivido al rechazo a las falsas promesas o, los ‘medios apoyos’; pero ¿cuántos, con el mismo talento se habrán quedado en el camino y se les habrán agotado las fuerzas de seguir adelante, y ahora estarán resignados a oficios o trabajos mediocres para poder sobrevivir? Esa sí es una encuesta que valdría la pena hacer y conocer.

Los países considerados “potencias deportivas” no lo son porque tengan más talento o condiciones físicas superiores a las nuestras; lo son, ¡porque invierten más en sus políticas públicas y en sus deportistas que nosotros! Tan simple como eso. Y eso señores, genera una gran diferencia en todo el panorama ya que, mientras en otros países cualquier joven con talento y disciplina para algún deporte es apoyado con becas universitarias, patrocinios, subsidios etc., el Estado y los demás organismos gubernamentales e incluso la empresa privada, reconocen la gran importancia que tiene el deporte en la juventud, básicamente el mensaje es: “Ud. dedíquese a lo suyo ,a entrenar, a prepararse y a dar resultados, que nosotros nos encargamos del resto”.

Es que es muy diferente el estado mental de un deportista que sale concentrado a dejar el alma en una competencia de alto rendimiento, cuando tiene sus  necesidades básicas cubiertas, que salir a competir pensando que además de la presión y las expectativas de un país entero, sólo me sirve ganar ‘X’ medalla para que el premio que me otorgue el gobierno, me alcance para comprarle una casa a mi mamá; salir a competir sin entrenador porque no hubo plata para llevarlo a la competencia, o llegar cansado y estresado porque la aerolínea no me dejó abordar el vuelo por llevar tres bicicletas, porque lo macondiano señores, nos persigue hasta en el deporte.

Para rematar, somos exigentes y tenemos las prioridades invertidas, no perdonamos malos resultados, perder en el deporte es asunto de vida o muerte, mientras el país nos lo regalan a pedazos y es gobernado por más de un incompetente; ponemos nuestras ilusiones en unos muchachos como si ellos tuviesen la obligación de cambiarnos la vida, cuando la obligación es de otros, los que elegimos en las urnas, les exigimos la gloria a ellos aunque jamás hemos movido un dedo por mejorar ni sus vidas ni sus condiciones. Muchos de ellos son prontamente olvidados una vez pase el furor del campeonato del momento y así mismo las promesas hechas, muchos quedan con lesiones de por vida, desprotegidos y sin seguro médico ni pensión de jubilación, muchas viejas glorias del deporte mueren, así como su nombre lo indica: olvidados en algún pedazo de la memoria de este país disfuncional.

Honestamente, estos pelaos que compiten representando nuestro país en las distintas competencias grupales o individuales son unos ‘Héroes’; y seamos francos, muchas veces no nos merecemos el honor que compitan en nuestro nombre. Salir a ofrecer casitas, prometer coliseos con el nombre del ganador, arreglo de pistas de BMX, becas de medio pelo, luego de haber ganado es tan o más vergonzoso que no cumplirles, porque en el caso extraño que les cumplan, no le quita al gobierno y a nosotros como público, nuestro oportunismo, para después creernos con el poder de reclamarles resultados o llamarlos “creídos“, o que se “les subió la fama” a la cabeza cuando fallen, como si tuviésemos derecho a reclamarles algo.

Como si cuando iban a entrenar con el estomago vacío alguno de nosotros estuvo ahí para alentarlos, o cuando decidan migrar a otros países donde tengan las oportunidades de desarrollar su talento tenemos algún derecho a criticarlos. Su triunfo es de ellos, de sus familias y de los pocos que los han apoyado desde el principio y, aun así, son tan nobles que comparten su gloria con nosotros. Bien que se vayan, bien que busquen espacios donde aprecien y valoren su talento, donde no les exijan más resultados, más integridad y más decencia que a nuestros mandatarios, que sí trabajan para nosotros, viven de nosotros y nos roban de frente, y donde no tengan que humillarse o generar lástima para poder obtener el apoyo y reconocimiento ganado literalmente con sangre, sudor y lágrimas.

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