Mejor convivencia y menos muertes violentas en Bogotá: propósito para el 2019

17 de enero del 2019

Opinión de Jorge Torres

Mejor convivencia y menos muertes violentas en Bogotá: propósito para el 2019

La principal función del Estado es proteger la vida de sus ciudadanos. Por ello, la reducción de muertes por distintas causas ha sido una de mis apuestas desde el Concejo de Bogotá, entendiendo que es una problemática que la mayoría de los alcaldes han abordado con diferentes enfoques. Gracias a un trabajo articulado entre Distrito, Policía y sobretodo voluntad ciudadana, hoy la ciudad goza de resultados positivos en reducción de muertes violentas. Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer.

Un ejemplo de estos resultados son los homicidios. La ciudad logró pasar de una tasa de 17,5 en 2014 a 12,7 por cada 100.000 habitantes en 2018, un avance esperanzador que, en gran parte, se debe a la creación de la Secretaría de Seguridad de Bogotá en 2016 que con acciones colectivas ha permitido que se salven vidas cada año, sin desconocer que tenemos que seguir trabajando fuerte en la reducción de muertes y violencia en el corto plazo. Importante además señalar que, la Secretaria de Seguridad también ha trabajado por mejorar la coordinación con la Policía, capturar bandas delincuenciales y tener una política más clara y efectiva que ha generado que los indicadores de seguridad más complejos en la ciudad presenten avances significativos.

Por otra parte, están las muertes a causa de los accidentes de tránsito en Bogotá, que en 2014 llegaron a 606 mientras en 2018 se reportaron 511, una reducción del 15,6% dentro de un panorama que, si bien es positivo, necesita aún más esfuerzos por parte del distrito y los ciudadanos, toda vez que los siniestros viales son totalmente evitables.

Y es que, según las estadísticas, las principales víctimas en 2018 fueron los peatones, con 240 siniestros, 32 menos que en 2017, seguidos por los motociclistas con 148 casos, 4 menos que en 2017; y en tercer lugar están los biciusuarios con 63 casos. Estos últimos, los únicos que presentan un incremento -4 casos más que en 2017-. De esta forma, indiscutiblemente se vuelve a poner la lupa sobre la velocidad y el escaso cumplimiento de las normas de tránsito, dos grandes enemigos a vencer para seguir en la reducción de siniestros viales.

Es así como necesitamos fortalecer el proceso educativo, estimular el cambio de comportamientos riesgosos y el cumplimiento voluntario de normas de tránsito de todos los actores viales. Además, es clave replantear las condiciones para obtener la licencia de conducción, pues la mayoría de accidentes de tránsito son causados por conductores de vehículos particulares o livianos, de motos que no tienen la pericia necesaria y de buses de transporte de pasajeros que ponen en peligro su vida propia y la de los demás.

En otro escenario, si bien la ciudad ha logrado reducciones positivas de los homicidios y los accidentes de tránsito, los suicidios registraron un aumento del 47% en los últimos 5 años. En decir, hemos conseguido que las personas se hieran menos entre ellas, pero no hay avance en evitar que atenten contra sí mismas; habrá que poner mayor esfuerzo en la prevención del suicidio.

Adicionalmente encontramos las lesiones no fatales, que se expresan en la violencia interpersonal, intrafamiliar, de pareja y en los exámenes medico legales por presunto delito sexual. Todas estas sumaron 50.356 casos en 2017; en otras palabras, se puede llenar El Campín y el Movistar Arena con las víctimas de la violencia urbana en Bogotá. Más grave aún, es que estas violencias en su mayoría se presentan en los hogares, bares, celebraciones del día de la madre y fin de año.

De hecho, la violencia interpersonal en 2007 registró 12.904 casos; 10 años después, nos encontramos con 26.504 casos en 2017, cifras que son reflejo de la dificultad latente que tiene Bogotá para lograr una convivencia pacífica entre sus ciudadanos.

También vemos, en términos de violencia de pareja, que durante el 2007 y 2017 el año en el que menos casos se presentaron fue el 2013 con 7.704 reportes, mientras en el 2017 se registraron 12.583; esto es un aumento del 63%, siendo las mujeres las principales víctimas con un 83% de los casos de este tipo de violencia, que se relaciona la mayoría de veces con el machismo y los celos.

Dado este contexto nos preguntamos: ¿qué tienen en común las estadísticas de mortalidad y violencia en Bogotá? ¿Qué se puede hacer para reducirlas de manera sincronizada?

Primero, hay que entender que la mayoría se relaciona con el alcohol, la rumba, el bajo cumplimiento de normas, la intolerancia, el machismo, los celos, la depresión, la salud mental y la dificultad para resolver pacíficamente los desacuerdos. Todos son temas a trabajar en los próximos años para reducir la mortalidad y la violencia.

Segundo, pero más llamativo, es que el mayor número de víctimas mortales son hombres y el mayor número de victimarios son los hombres. La misma estadística muestra que las acciones deben tener un enfoque hacia el género masculino y debe ser principalmente en su educación. Hay que librar de machismo la relación de los hombres con las mujeres y fortalecer su capacidad para resolver de manera pacífica los conflictos.

Las muertes por causas violentas se reducen si, además de continuar desarmando a los ciudadanos, se aplican estrategias pedagógicas para lograr que cada uno de ellos interiorice que la vida es sagrada y que la última respuesta debe ser la violencia.

En ese sentido, ¿es posible llegar a una tasa de un digito en los próximos años? Creemos que sí, pero se necesita fortalecer el enfoque preventivo de la violencia con cultura ciudadana. El discurso policivo y de prohibición funciona parcialmente, pero se queda corto a la hora de entender el fenómeno de la violencia y sus causas.

Hoy tenemos en la ciudad acciones que necesitan integrarse en una herramienta de política pública que entienda por qué se genera la mortalidad y la violencia en la convivencia ciudadana. Por ello, radicamos en el Concejo de Bogotá un proyecto de acuerdo que por primera vez busca crear una política pública para reducir la mortalidad y la violencia en la ciudad.

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