¡Memorial en defensa de la democracia!

11 de julio del 2012

En los últimos días se han presentado dos iniciativas políticas de importancia para la democracia colombiana. Estas son, el lanzamiento de la coalición de centro democrático y la propuesta de convocar una constituyente, que tendría el mandato de hacer la reforma a la Justicia que reclama el país. Las críticas no se hicieron esperar. En […]

En los últimos días se han presentado dos iniciativas políticas de importancia para la democracia colombiana.

Estas son, el lanzamiento de la coalición de centro democrático y la propuesta de convocar una constituyente, que tendría el mandato de hacer la reforma a la Justicia que reclama el país.

Las críticas no se hicieron esperar. En el primer caso, se alzaron voces para señalarla como una fuerza de oposición personalista de extrema derecha, mientras en el segundo se ha dicho que es peligrosa por cuanto implicaría un salto al vacío.

A diferencia de quienes así opinan, creo que se trata de iniciativas que van a llenar de verdadero contenido el debate nacional en los próximos meses.

Y eso es bueno para un país como Colombia.

La convergencia de ciudadanos, partidos y organizaciones sociales que ha planteado el expresidente Uribe, tiene el propósito de darle al próximo gobierno el mandato de ejecutar un programa cuyo norte sea la seguridad, la inversión y la cohesión social.

Ya los colombianos saben cual es el rumbo que se propone.

A nuestra democracia le conviene que sea así puesto que, de cara a problemas concretos, evita los debates superficiales, oportunistas y ambiguos.

Además, rescata la controversia de la trampa que se forma entre los extremos ideológicos y la sitúa en el terreno de las alternativas precisas para que los ciudadanos resuelvan.

La lleva al centro que es, en la práctica, lo que está sucediendo en los sistemas políticos de mayor madurez.

Ya que a los críticos no les será posible sostener que el cumplimiento de la obligación constitucional de combatir la violencia es una postura extremista, como tampoco lo es el reconocimiento de la realidad de la globalización, en procura de generar empleo mediante el aumento de la inversión, y menos la búsqueda de la cohesión social, se podrán orientar las discusiones hacia la mejor manera de alcanzar esos objetivos.

Al final, ganarán los colombianos porque tendrán la oportunidad de decidir sobre una opción clara.

De otro lado, la idea de convocar una constituyente para hacer la reforma a la Justicia, que no hará el Congreso, es calificada por algunos como peligrosa.

Qué gran equivocación. Lo peligroso es no acudir a los mecanismos institucionales en búsqueda de legitimidad social.

Es oportuno recordar que la primera solicitud que le hicieron los promotores de la séptima papeleta al Presidente Barco, fue dar los pasos necesarios para que la gente pudiera reformar la Constitución directamente.

También, es bueno refrescar la memoria con respecto a que el mandato de los colombianos a los constituyentes fue consagrar la democracia de participación y todos sus mecanismos.

Dicho mandato se cumplió, con la precaución de definir instituciones para evitar los desbordamientos en el uso de esas herramientas.

¿Cuál es, entonces, el peligro de acudir a un mecanismo constitucional con temario limitado?

¿Por qué se le teme a que los ciudadanos tomen decisiones sobre la convocatoria de la constituyente en esas condiciones?

¿Cuál es el riesgo de buscar un camino de relegitimación institucional ante la crisis de los poderes, a raíz del episodio de la reforma a la Justicia?

¿Por qué impedir que florezca la participación, si esa es la columna vertebral de la Carta del 91?

Lo que hay que hacer es apostarle a la democracia. Una democracia en la que se discutan propuestas claras, sin las ataduras de los extremos ideológicos paralizantes y que impulse el desarrollo de la capacidad de la ciudadanía de decidir directamente.

Dejemos que los colombianos se pronuncien acerca de un buen rumbo para el país: el de la seguridad, la inversión, la equidad y la participación.

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