Mi amigo Babacar

15 de abril del 2015

“El arte como un producto separado de la sociedad es una ilusión; el artista que piensa que, como artista, se encuentra alejado de los problemas de la sociedad es también una ilusión” le escucho decir a mi viejo amigo Babacar M’Bow, director del Museo de Arte Contemporáneo de Miami MOCA, pocos minutos después de conocerlo a su llegada a Bogotá el domingo pasado.

Curiosa amistad entre dos personas que no se han cruzado sino apenas unos pocos renglones en mensajes de correo electrónico y si acaso cinco minutos de conversación por Skype. Babacar es mi amigo entrañable desde hace dos años cuando el pintor dominicano Máximo Caminero se lo presentó a Jaime Salas en Multitudes, el proyecto artístico que dirigía en Miami en ese momento, quien le llevó mi libro recién publicado por Ediciones Jaime Vargas. La amistad se hizo más estrecha cuando mi hija Ana María de viaje entre París y Bogotá, para comenzar el rodaje de su película En el taller, se detuvo unas horas en Miami para visitarlo. Fueron siete horas de tertulia con artistas pero sobre todo de conversaciones entre Ana y Babacar. Tomando un buen vino hablaron y hablaron sobre arte, cine, sociedad, política, filosofía y tantos temas en común. Luego de ese encuentro Babacar quedó convencido de que, como lo dijo en entrevista con Ricardo Puentes, “el trabajo de Carlos Salas va a ayudarnos a consolidar el concepto de ‘engagement’ crítico”.

El término ‘engagement’ no sé bien como traducirlo. Miguel Seco, mano derecha de la dirección del MOCA, propone enlace, acuerdo; yo, por mi parte, considero que su significado más cercano es compromiso. Compromiso o enlace crítico es el centro del pensamiento de Babacar M’bow desde el que realiza sus escritos, sus estudios, sus clases y, ahora, la dirección de un importante museo de arte contemporáneo.

Este personaje considera que desde la política no se va a lograr encontrar soluciones a los problemas del mundo pero sí desde el arte. No es ni demócrata y menos republicano, es independiente. Mientras la izquierda lo considera un capitalista, la derecha un marxista. Su vida ha sido toda una aventura, nació en Dakar hijo de Amadou M’Bow, personaje casi mítico de Senegal, y en su juventud, siguiendo la tradición familiar, comenzó estudios universitarios en la Sorbona de donde fue expulsado por hablar duro contra lo que más le enfurece, la injusticia, para terminarlos en París VIII, en Saint Denis. A los 24 años creó la primera Bienal de Arte de África que lleva treinta años de existencia, gracias a que su padre, Ministro de Cultura de Senegal para la época, comprendió los argumentos de su joven hijo acerca del papel del arte como elemento fundamental para alcanzar la igualdad y la fraternidad en los pueblos del mundo.

Mi amigo Babacar es una caja de sorpresas. Cuando lo escucho sé donde comenzamos pero no  donde llegaremos en sus recorridos por la memoria de una vida rica en vivencias impregnadas de ‘compromiso critico’. Su vida misma es una muestra de su pensamiento.

Los múltiples retos que ha asumido los ha enfrentado con valor y sin amilanarse ante nada. Así como recuerda con dolor el millón de muertos apilados en las calles de las ciudades de Ruanda, también se regocija viendo como su continente ha sabido superar duras pruebas. Considera que los problemas graves de América Latina se parecen a los de África y que el pueblo de un país tan maravilloso como Colombia saldrá bien librado de este momento tan difícil.

Su compromiso crítico lo lleva a asumir diferentes funciones. Por ejemplo, cuando el alcalde de North Miami lo llamó para ofrecerle la dirección del MOCA se encontraba en Brasil haciendo todos los preparativos para la llegada de los equipos africanos a la Copa del Mundo. En el pasado trabajó en la UNESCO donde le correspondió, en 1982, la declaración de La Habana como Patrimonio de la Humanidad. Estos son apenas unos ejemplos de su labor como sociólogo, crítico de arte, profesor universitario, gestor cultural, escritor, asesor, consultor, etc., etc.

Tiene suficientes meritos como para cuestionar al artista que considera que por ser artista su rol está alejado de la sociedad. “Entonces ¿cuál es tu papel en la sociedad?” le pregunta, “¿Te formaste para pintar cuadros y decorar salones? El artista, en tanto artista, tiene un rol en la producción de conocimiento para que la masa pueda comprender. El periodista no puede hacerlo ya más, los periódicos son corporaciones y la libertad de prensa es una ilusión hasta en Estados Unidos.

El único grupo que queda es el conformado por los pintores, poetas, novelistas, es la última guardia con la que cuenta la sociedad para poder lograr entrelazar un discurso de la relación entre el estado y la sociedad. El estado se separó de la sociedad para conformar su propio grupo. El gobierno no es el gobierno del pueblo, las elecciones son una ilusión. Puedes ir a votar pero tu voto no afecta en nada las elecciones.”

En diciembre expondré en el MOCA. Con esa exposición mi amigo Babacar me brinda la oportunidad de asumir con mayor fortaleza mi compromiso crítico.

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