Microplásticos, macroproblema

Microplásticos, macroproblema

13 de septiembre del 2018

Hace unas semanas las imágenes que llegaron desde Filipinas sorprendieron al mundo. A las tradicionales postales de las costas de país asiático siendo azotadas por el fuerte oleaje generado por los tifones de esta época del año, ahora se sumó una novedad aterradora: las marejadas ya no eran solo de agua, sino que habían mutado a verdaderos tsunamis de plástico que rompían en las costas de Manila, la capital filipina.

Fue una muestra visible e impactante del nivel de plástico que están soportando los océanos y que queda en evidencia al entender que cada minuto llegan a los mares del planeta el equivalente al contenido de un camión de basura. O visualizar que, cada 60 segundos, en el mundo se comercializa un millón de botellas de plástico.

El problema del plástico como desecho en los mares es de tal magnitud que se estima que el año 2050 existirá más plástico que masa de peces en los océanos y que los desechos que hoy ya están en las aguas están matando cada año a un millón de pájaros marinos y unos 100.000 mamíferos.

El problema es que no se trata solo de basura temporal. Para hacerse una idea, una botella demora unos 500 años en descomponerse, mientras que los cubiertos de plástico lo hacen en 400 años. Es decir, es un problema que afecta hoy, pero que seguirá con nosotros y nuestras siguientes generaciones por décadas.

Junto a este plástico visible que se enreda en tortugas o que atraganta a ballenas, existe un enemigo igualmente devastador, pero invisible: el microplástico.

Se trata del rostro oculto del plástico, un enemigo de 5 milímetros o menos y que es resultado de la degradación que sufren los plásticos de mayor tamaño. Junto a este proceso existe otro tipo de microplástico que no necesita degradarse, ya que desde su origen viene en esa minúscula versión desde fábrica, desde pastas dentales hasta productos de belleza.

Puede ser pequeño y aparentemente inofensivo, pero el nivel de peligro e invasión del microplástico resulta enorme. Y sus efectos e influencia están llegando a lugares apartados que parecían, hasta hoy, impermeables a la contaminación.

En este sentido, por ejemplo, hace unos meses una expedición de Greenpeace a la zona Antártica descubrió presencia de microplástico en las aguas del que, se suponía, era el sitio más prístino del planeta.

Pero la investigación también descubrió algo más sorprendente: la presencia de microplástico en nieve recién caída. ¿Qué quiere decir este hallazgo? Que el microplástico es capaz de desplazarse miles de kilómetros y aparecer como elemento contaminante hasta en el sitio más apartado del planeta.

Ingeridos por la fauna marina, crustáceos y peces, el microplástico no solo es un agente peligroso debido a su presencia física en el intestino de estas especies y por los elementos contaminantes químicos que llevan. De hecho, pueden seguir a lo largo de la cadena alimentaria y así llegar a los platos que consumimos y de esa manera a nuestro organismo. Todo, con implicancias que aún no están claras ni suficientemente estudiadas respecto de las consecuencias que tiene y tendrá para la salud humana.

Durante largo tiempo el plástico ha acompañado la vida del planeta. El problema es que de manera invisible se convirtió en un elemento muchas veces innecesario, invasivo y masivo. Todos hemos sido responsables de haber llegado a este punto crítico y por eso todos somos responsables de poner freno y recuperar, mientras podamos, los mares del planeta.

Microplásticos, macroproblema.

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