Termómetro urbano

6 de febrero del 2011

Cali tiene el índice más alto de robos de carros del país

Midiendo el  tamaño del marrano

Todo un ejecutivo y que tales, vestido a la moda y de marca reconocida va relajado por la vida en un BMW último modelo. Es típico carro de los que uno chorrea la baba por tener. Cualquiera diría que el man anda parchado y tiene que tener un taco de plata en los bolsillos. Yo estoy avispa en mi moto y mi socio está en la jugada también, él  carga atrás a la mujer para despistar a la presa. Estoy justo detrás del vehículo y mi parcero está al lado del conductor para ver qué clase de persona y que tan alerta está.  Me hace señas que lo tiene todo como en combo y listo para llevar . Un buen paquete que incluye Blackberry, reloj, anillo, cadena y ipod.

Le queremos llegar ya para llevarnos el combito, pero anda todo esquivo y es mejor no todavía. Con paciencia lo seguimos, de cerquita, pegados detrás  hasta el momento ideal. El socio esta listo para ponerle la 9mm en la cabeza y ponerlo a rezar el padre nuestro y yo le arrimo con mi 38 para asegurar la coronada. Desde mi perspectiva el hombre debe vivir en comodidad y ésto es solo el principio,  pues ahora me encuentro pillando la parte exterior del carro, esos pequeños detalles me gritan en la cabeza que ahí está la lotería y el botín. No tiene asegurados los espejos retrovisores, los emblemas de la marca o del carro y esos  repuestos con los que más valen. Al hombre poco le debe importar tener que reponerlos, porque donde hay billete para gastar esto no pesa.

Seguimos a la víctima hasta las afueras de un edificio lujoso y nos cercioramos: esta elevado, desconcentrado del mundo exterior. Apenas puso un pie en la calle yo ya lo tenía encañonado,  listo para tumbarlo cuando  el parcero llega callándole la boca amenazándolo  que si no suelta el carro, lo pelamos. Monto de nuevo al socio a su BMW con mi llaveria al lado hundiéndole el fierro en las costillas. Próxima parada un cajero. Ahí exprimimos al marrano. Le echamos mano a la  plata que retira con sus tarjetas, ¡tiene tres!. Primer paso concluido.  Al puro estilo y como lo hace la ley cuando nos echa mano, contra la pared mijo que esto es una requisa. Le quitamos el celular, las joyas, el billete en efectivo y los zapatos.

Paso 2. Listo y para rematar con la despedida rutinaria. Bueno cucho ya has colaborado lo suficiente, lo último es que nos vamos con la nave y si hay peros pues se viene la plomera. Si nos pones lío y te las das de habernos visto la cara, te arranco la vida a vos y tu maldita familia. Ya sabe cómo es señor, nada de juegos que aquí lo tenemos en la mira. Y le advierto, ahora por ayudarle, que no de tanta boleta que esto le  pasa por rico pirobo. Aprenda a compartir porque aquí donde me ves tengo un hambre que me mata y con esto ya asegure un banquete de oro y una rumba con toda. Ahora si abrese firmita y donde se voltee lo dejamos como un campo de golf, lleno de huecos.

Nos vamos volando antes de que llegue la policía a asarar el ambiente. Coronamos con todo, el amigo en el BMW, su mujer con su moto y yo con la mía nos escabullimos en una ciudad reinada por el caos vehicular, para encaletar la nave en algún lado ya así sea para deshuesar y venderla por partes, o llevárnosla a la frontera con Ecuador donde la compran como una sola pieza.  Tanto carro lujoso desfilando, nos hace sentir todavía en feria. Gracias bobos y síganse volteando en la calle y ahí les mostramos quien es el gato y como te voy a comer ratón.

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