Minorías ruidosas y mayorías silenciosas

Minorías ruidosas y mayorías silenciosas

20 de diciembre del 2016

La democracia colombiana está en una profunda crisis. La polarización de la opinión pública es el resultado de conflictos fundamentales que no se están pudiendo resolver dentro del marco institucional. ¿Por qué tenemos esta fractura entre la sociedad y las instituciones? Muchas son las causas pero la más importante es la desconexión entre las minorías que ejercen el poder y las mayorías que son excluidas e ignoradas.

La izquierda ha construido todo un discurso sobre los desposeídos. Desde la otra esquina política, Álvaro Gómez Hurtado denunció la conjunción de intereses económicos y políticos que él definió como “el régimen”. En el régimen participan todos los que tienen como objetivo común mantener el poder. Pueden parecer distantes en sus ideologías, contradictorios en sus intereses económicos o incluso con principios éticos opuestos. Están dispuestos al cambio siempre y cuando ellos permanezcan al comando de las herramientas del poder. En el régimen están los liberales y los conservadores, los gremios y los sindicatos, la Iglesia y los masones, los políticos, los empresarios, los jueces y los periodistas.

El fenómeno moderno de exclusión es entonces mucho más sofisticado. Quienes ejercen el poder están dispuestos a todo salvo a perderlo. Para ello, cualquier obstáculo debe ser vencido, cambiando las leyes, adecuando nuevas éticas sociales, derrumbando tradiciones, neutralizando opositores, estigmatizando ideas contrarias e incluso suprimiendo físicamente a los contradictores. Esto sucede en todas las sociedades y ha sido la historia de la lucha por el poder. Pero en Colombia ha llegado a unos extremos en los que las mayorías empiezan a entender que los intereses de esas minorías activas no coinciden con los del pueblo soberano.

El régimen, cooptado hábilmente por Santos, vende el discurso de que la paz es la mejor forma de defender los privilegios del poder. El supuesto de fondo es “que todo cambie para que nada cambie”. De ahí la sorpresa cuando el No venció en el plebiscito. La mayoría entendía que el acuerdo de paz era un pacto entre la élite y las Farc para garantizar que los intereses políticos y económicos de los poderosos no se vieran afectados y que fueran los ciudadanos comunes lo que tuviesen que asumir la mayor parte de “los sapos”.

En Colombia, las minorías ruidosas controlan los medios, los gremios, los partidos, las cortes, el Congreso y quieren imponer a la mayoría silenciosa su poder. Conservar el poder los une más allá de sus conflictos puntuales.

El problema es que el pueblo se está dando cuenta de ello y está pidiendo un nuevo reparto de la baraja.  

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