Misión posible: contra los abusos bancarios y a favor del emprendimiento

22 de junio del 2019

Opinión de David Barguil

Ahora que se termina esta primera legislatura en el Congreso quisiera dejar algunas reflexiones sobre las iniciativas que impulsé este año en el período julio 2018 – junio 2019. Más que un resumen de lo logrado o lo que hace falta, me gustaría que los ciudadanos entendieran por qué mis luchas están concentradas en temas como los abusos bancarios y el emprendimiento. Hay una palabra que lo resume: desarrollo.

Cuando uno se entera que el sector financiero en los últimos años creció cuatro veces más de lo que creció el PIB; que en varios países de América Latina, Norteamérica y Europa los costos bancarios son más económicos que en Colombia; que hay un problema serio por la falta de competencia en el mercado crediticio, pues está manejado, en su mayoría, sólo por tres grupos económicos; entiendes que la solución está en defender el bolsillo del ciudadano de a pie, que haya más competencia -lo cual lleve a una regulación interna- y se logren reducir las tarifas como ocurre en Panamá, donde hay más de 80 bancos en operación.

Dado lo anterior, desde hace varios años me propuse lograr un mayor equilibrio entre la banca y los usuarios del sistema financiero. Ese camino no ha sido nada fácil y he encontrado varios palos en la rueda, pero no me he detenido. Como representante a la Cámara logré aprobar cinco leyes en contra de los abusos de los bancos y el 20 de julio del 2018, iniciando legislatura y como senador, presenté cuatro proyectos nuevos que avanzan, entre ellos el que se aprobó en Senado esta semana y pasa a tercer debate en la Cámara, el cual obliga a las entidades a entregar una canasta de tres servicios incluidos en la cuota de manejo en cuentas de ahorro, tarjetas débito y tarjetas de crédito. Lo razonable es que la cuota de manejo represente algo tangible y no nos cobren a parte por cada servicio.

Otro de los proyectos que les llegó a muchas personas este período fue el conocido como borrón y cuenta nueva en las Centrales de Riesgo que impulsé junto al senador Luis Fernando Velasco. La iniciativa contó con el apoyo unánime de los partidos políticos en el Senado, pero en la Cámara de Representantes la historia fue muy distinta. El sector financiero hizo una férrea oposición y, para rematar, la Comisión Primera no lo tramitó en más de dos meses que pedimos realizar el debate hasta que finalmente se hundió. Lamentable, sí, pero no es la primera vez que los bancos se opone a este tipo de iniciativas y aún así hemos logrado aprobar leyes como la de costos financieros, precios transparentes o prepago de créditos bancarios.

El borrón y cuenta nueva lo volveremos a presentar el próximo 20 de julio y no desfalleceremos hasta aprobar esta importante iniciativa que le da una segunda oportunidad de recuperar su vida crediticia a millones de colombianos.

A propósito, otra de las iniciativas de esta legislatura que tampoco fue bien recibida por Asobancaria fue la que conseguimos aprobar en la ley de financiamiento: una sobretasa en renta de 4 puntos al sector financiero por los próximos tres años, lo que generará 2 billones de ingresos adicionales al Estado. En ese momento nos dijeron que estábamos locos, que íbamos a generar efectos negativos en el sector y, pese a que mucha gente imaginó que no sería posible, lo hicimos realidad. Hace unas semanas, la Superintendencia Financiera reportó que las ganancias del sector financiero crecieron un 205% en los primeros cuatro meses de 2019. Si se han beneficiado de la política económica, lo mínimo es que contribuyan un poco más con su país. ¡Es lo justo!

Lo he dicho y lo repito: mi lucha no es contra la banca, sino contra los abusos de la banca. Entiendo que estas entidades cumplen un papel fundamental en la economía de un país, pues captan el ahorro y lo ponen -a través del crédito- a disposición de los ciudadanos. Sin embargo, en un país tan desigual como Colombia, donde muchos de los ciudadanos aún no pueden acceder al sistema crediticio, donde algunos se ven condenados al ‘gota a gota’ y donde se necesita seguir avanzando en la bancarización de todo el territorio, es absurdo que los bancos abusen de los usuarios. El desarrollo de un país también se ve en la fortaleza de su sistema financiero, pero esa fortaleza no solo puede reflejarse en las ganancias del sector, sino en brindarle garantías, facilidades y tarifas accesibles a los usuarios, así como evolucionar en un mercado crediticio competitivo que les permita a las personas elegir cuál es la mejor opción.

Ahora bien, otras de las temáticas en las que nos hemos concentrado para lograr desarrollo ha sido el emprendimiento enfocado en nuevos desarrollos tecnológicos, culturales y agropecuarios. Es decir, dar verdaderas herramientas a una de las prioridades del gobierno del presidente Iván Duque que es la economía naranja; que tengamos más emprendedores apostándole a las nuevas tecnologías, la innovación, la cultura nacional y el campo colombiano. Para nadie es un secreto que el país necesita seguir avanzando -cada vez más rápido- y estar a la vanguardia de grandes y medianas potencias que tienen a esta actividad como su principal motor de crecimiento económico. La cuarta revolución industrial no puede cogernos con los pantalones abajo.

Es así como desde hace algunos años venimos trabajando en un proyecto de ley que ya va en su segundo debate en el Congreso e incentiva la creación de micro y pequeñas empresas especializadas en tecnología, bigdata, hosting y cloud computing, así como en aquellas que generen contenidos culturales con protección de derechos de autor. Los emprendimientos que se inicien y dediquen a lo anterior durante la próxima década serán exentos del pago de renta por 10 años y no serán objeto de retención en la fuente.

Por otro lado, una de las quejas más recurrentes del sector empresarial colombiano y de quienes inician en su vida laboral como independientes es la carga tributaria que existe en el país. Para algunos puede ser excesiva, para otros es equivalente a sus ganancias. Lo cierto es que en la pasada ley de financiamiento logramos reducir paulatinamente el impuesto de renta a las empresas, iniciando en el 2019 con un 33% y terminando con un 30% en el 2022. Igualmente, aprobamos la exención del impuesto de renta entre siete y diez años para las empresas que impulsen las industrias creativas y las que propendan por el desarrollo del campo. Finalmente, excluimos de IVA al turismo en municipios lejanos y estratégicos, y aprobamos una tarifa especial del impuesto de renta al 9% para proyectos como parques temáticos y agroturísticos.

Estos esfuerzos buscan lograr cambios en el desarrollo económico del país que, al final, es lo que se refleja en el bolsillo de los ciudadanos. Para mi esta es la mayor prioridad y la mejor forma de ayudarles a millones de colombianos. En el Congreso, como miembro de las comisiones económicas y desde la perspectiva que les he descrito a lo largo de esta columna, he enfocado mi trabajo en defender a la gente de algunas empresas que abusan de su poder; impulsar a las personas a exigir sus derechos; lograr que haya equidad entre la banca y los usuarios; y conseguir que los jóvenes tengan las herramientas para salir adelante, emprender en la era de la cuarta revolución industrial y competir de tú a tú con los países más desarrollados del mundo. Es nuestra misión y seguiremos trabajando día a día en ella.

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