Monsieur Neanderthal-Kahn

1 de septiembre del 2011

Cuánto apostamos a que antes del incidente del Sofitel, el pasado 14 de mayo, casi nadie, excepto los socialistas franceses y los economistas de librea y corbatín,  sabía quién era Dominique Strauss-Kahn, así como tampoco casi nadie sabe hoy día quién es el director del Banco Mundial –del BID sí, porque es Morenito el nuestro–, […]

Cuánto apostamos a que antes del incidente del Sofitel, el pasado 14 de mayo, casi nadie, excepto los socialistas franceses y los economistas de librea y corbatín,  sabía quién era Dominique Strauss-Kahn, así como tampoco casi nadie sabe hoy día quién es el director del Banco Mundial –del BID sí, porque es Morenito el nuestro–, o de la Otan, o del Parlamento Europeo. Tres meses después, son contados los que ignoran el nombre, el poderío y las bajas pasiones de ese hombrecito rechoncho, con frente de acordeón y cara de gruñón, que a pesar de los puestos que ha ocupado, de las riquezas a las que se ha arrimado y de los temores que ha inspirado, amén de los silencios que habrá comprado, no tiene ni idea de cómo manejar lo que la naturaleza le instaló ahí, del ombligo para abajo.

Por culpa de eso, de “la instalación”, perdió su puesto en el Fondo Monetario Internacional –entidad que, paradójicamente, obliga a cerrar las cremalleras a todos los gobiernos que requieren de su voraz ayuda–, y la posibilidad de ser el rival del presidente Sarkozy en las próximas elecciones. Sin embargo, ahora que un juez de Nueva York declaró cerrado el proceso penal en su contra, ya verán que no sólo se pavoneará por las alfombras rojas de los magnates –ya pasó por sus antiguas oficinas del FMI a recibir incienso–, sino que será objeto de múltiples homenajes de desagravio por “estos meses de pesadilla para mí y para mi familia.”

Asistiremos, entonces, al renacer de un nuevo depredador que aprovechando la situación de desventaja de sus presas, las seguirá neutralizando con el peso de una bota recién lustrada. Ayudado, claro, por los bien remunerados lustrabotas de turno (léase abogados), que para eso tiene esposa millonaria, influyente y cachuda como reno de Papá Noel. Para adornarle la  cornamenta con cuentas por pagar. Y con bolas de navidad.

¿En realidad, hubo alguna posibilidad de que el partido quedara 1 por 0, a favor de Guinea? Oh lá lá, ni pensarlo. Aun para la justicia de Estados Unidos, que se precia de ser implacable frente a los casos de abuso sexual, fue imposible inclinar la balanza en contra del exministro de Economía. En buena parte por las contradicciones de la camarera que, si bien restaron piso a su testimonio, no son prueba de que en la ahora famosa suite, el primitivo, que no seductor, Strauss-Kahn hubiera calmado sus furores otoñales por petición y para complacencia de Nafissatou Diallo. Una posibilidad que no se cree ni el propio penalista Brafman, célebre por defensas como la de Michael Jackson, de quien el New York Magazine ha dicho: Es el tipo de abogado que consigue la libertad para alguien que nadie lo esperaría.

Si el jurado desestimó la acusación de la guineana por cuenta de sus antecedentes de mentirosa, ¿por qué no desestimó la defensa de DSK por cuenta de sus antecedentes de lujurioso? No queda claro. O sí. Tal vez porque no hay argumento que más pese que el del poder y, en contraposición, no hay uno más deleznable que el de la ausencia del mismo. ¿El poder para qué?, cuentan que se preguntaba Darío Echandía, no sé por qué, puesto que respuestas pragmáticas las ha habido, las hay y las habrá todos los días. En una sociedad estratificada hasta las últimas consecuencias, ninguna teorización filosófica al respecto se puede esperar. El poder es para ejercerlo, como a bien tenga el poderoso.

Pero, bueno, si volvemos a Nafissatou y suponemos que su encuentro sí fue acordado, si es que puede calificarse así a un trato celebrado entre la fortaleza y la debilidad,, descubrimos que bajo esos trajes de alta factura que cubren el cuerpo del petit Goliat, habita un sobreviviente del hombre de Neanderthal (recordemos que este linaje emigró de África hacia Europa y el oeste asiático), que acostumbra abalanzarse a lo bruto sobre la presa hasta dejarla en condiciones físicas lamentables: hematomas y desgarramiento de un hombro, según reconocimiento médico practicado a la mujer luego del sometimiento. Con o en contra de su voluntad, da igual; en  nada varía la condición de cobarde del Monsieur en cuestión. Ni la de burdo.

Otra estocada, la final, que le ensartó el fiscal a la credibilidad de Diallo, fue la conversación telefónica que sostuvo con un amigo que está en la cárcel –una vez enterada de la identidad de su atacante–, en la que habría dicho que sabía cómo sacarle partido al deplorable asunto. ¿Y? Nada de raro tiene, está en todo el derecho de exigir las compensaciones que considere necesarias. Lo mínimo que se merece es una buena suma de dinero que le ayude a aligerar su difícil situación de inmigrante africana. Para que deje de ser víctima potencial de algún otro neanderthal VIP que, empeloto y libidinoso, se le eche encima, convencido de estar legitimando una herencia cavernaria. ¡Mon Dieu!

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