Juan Mario Laserna

25 de julio del 2016

Como buen conservador, ortodoxo y bastante escéptico.

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En este mundo moderno donde muy pocos tienen inquietudes intelectuales, la pérdida de Juan Mario Laserna es una noticia muy triste. Laserna heredó de su padre el deseo por leer, estar bien informado y tener un espíritu abierto. Era, a pesar de su edad todavía joven, un hombre culto. Tenía prestigio como conocedor de los asuntos económicos pero se interesaba por todo tipo de temas. Le apasionaba la historia, la filosofía y la política.

Con Laserna nos unían pasados comunes. Recibí la habitación en la que él había vivido en París cuando su padre era embajador y había sido remplazado por el mío. Habíamos vivido experiencias similares en esa formación francesa rigurosa y sistémica. Francia es un país que deja huella en cualquiera que haya podido vivirlo.

Trabajamos juntos en el gobierno de Andrés Pastrana, él en el Ministerio de Hacienda en medio de la crisis económica más grave de nuestra historia y yo como presidente de Bancoldex.

Fue miembro de la Junta del Banco y sus aportes eran siempre valiosos. Nunca intervenía en primer lugar. Esperaba y escuchaba; parecía ausente pero estaba ajustando su intervención, organizando sus argumentos. Con frecuencia preguntaba para estar seguro de entender todos los detalles del problema. Le gustaban las hipótesis, que lanzaba para estimular los debates y generar otras perspectivas.

Sin duda era, como buen conservador, ortodoxo y bastante escéptico. En economía creía en la acción estatal siempre y cuando generara correcciones de la inequidad.

Era ácido crítico de los empresarios colombianos siempre buscando que el Estado les garantice privilegios y protecciones.

Hace algunos años, siendo los dos parlamentarios viajamos a Uruguay a un evento académico. Tuvimos tiempo para pasear largas horas por la hermosa avenida que bordea el río de La Plata en Montevideo. Hablamos de todo tipo de temas, desde los más profundos hasta los más triviales. Ese día descubrí que era protestante y que defendía su creencia religiosa con argumentos racionales que nunca esperé de él.

Recuerdo que, como antiguos colaboradores de Juan Manuel Santos, ya en ese entonces estábamos muy decepcionados de su gobierno y de su forma de manejar la política. Rápidamente fuimos excluidos de los círculos del poder por no aceptar los ríos de mermelada que se utilizaban para comprar las mayorías en las votaciones parlamentarias.

A Laserna la política lo devolvió al Tolima. En ocasiones me contaba lo conectado que se sentía con las comunidades indígenas del departamento a quienes quería ayudar pero el gobierno no lo respaldaba. Viniendo de ese Tolima, que quería y del que hablaba con frecuencia con pasión, encontró la absurda muerte que llegó demasiado pronto. Se fue un joven que ya era un grande.

Asesor económico y empresarial

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