Detrás del Mundial Brasil 2014

17 de julio del 2014

“El mundial nos mostró la violencia en el lenguaje y los problemas sociales en Brasil.”

Como nunca antes, la Copa Brasil 2014 nos ha dejado muchas alegrías y lecciones. No ha existido jamás, en la historia del fútbol colombiano, o por lo menos que yo sepa, una felicidad más grande que lo que hicieron este grupo de muchachos de la Selección Colombia por el país. Nos llevaron a unirnos como nación cuando estábamos más polarizados por las recientes elecciones presidenciales. Nos dieron un gran ejemplo de unidad – juntos hacemos más – a pesar de las grandes diferencias; nos enseñaron sobre la humildad, el respeto, el juego limpio, a llevar con honor la bandera y a jugar con gran camaradería. Ellos sacaron lo mejor como seres humanos y sin duda pasarán a lo más alto en la historia del fútbol mundial.

Jackson Martínez, James Rodríguez, Selección Colombia

Como colombianos gozamos cada gol y celebramos nuestros héroes del fútbol, tal como nos lo merecíamos. Sin embargo, el mundial nos mostró dos realidades: la violencia inmersa en el lenguaje y los problemas sociales que quedan en Brasil.

El tuit de la holandesa Nicolette Van Dam en el cuál hacía una parodia de James y Falcao consumiendo cocaína en una cancha de fútbol, despertó nuestros peores monstruos. Claramente merecía el repudio nacional pero muchos fueron los que la insultaron y hasta la amenazaron de muerte. Días después Colombia perdió contra Brasil con un arbitraje pésimo, motivo por el cual no se hicieron esperar los “memes” de Pablo Escobar aludiendo a capturar o matar al árbitro.

Somos violentos en la crítica: nos hace falta ser coherentes con lo que exigimos y con lo que ofrecemos. No queremos violencia en nuestra contra, pero ofrecemos violencia como respuesta a cualquier ataque.

Por más injusto que haya sido el partido para los jugadores de nuestra Selección ninguno de ellos hubiera querido que cualquier colombiano haya lanzado amenazas al árbitro así sea en chiste. Estamos tan mal acostumbrados con la violencia que hasta una celebración la manchamos con sangre. En el primer partido del mundial contra Grecia solamente Bogotá registró 3.000 riñas, 15 heridos y 9 muertos. En el partido contra Uruguay se registraron 8 muertos.

Como país estamos lejos de ser civilizados en este tipo de espectáculos y necesitamos grandes dosis de cultura ciudadana. ¡No me imagino a los Alemanes haciendo chistes y parodias con Hitler! Pablo Escobar y muchos otros ensuciaron nuestra historia, hicieron mucho daño al país como para que su nombre y recuerdo permanezca intacto años después o sea usado para el humor negro en un mundial de fútbol.

La violencia y la droga han sido nuestra principal característica ante los ojos del mundo y si queremos cambiar nuestra percepción de país debemos empezar a cambiar nuestro propio lenguaje, el lenguaje cotidiano, empezando por el de nuestra casa.

Por otro lado, podría pensarse que Brasil como país anfitrión ganó mucho en el Mundial y sí ¡ganó mucho! Brasil movilizó 3.7 millones de visitantes, de los cuales 600 mil fueron extranjeros. Hubo récord en audiencia con 3.600 millones de espectadores por televisión, lo cual le generó a la FIFA 4 mil millones de dólares en ingresos. Los turistas gastaron 3 mil millones de dólares y se crearon un millón de empleos durante los 30 días de la fiesta mundialista. Se estima que el efecto del Mundial generó un aumento del 2.1% en el PIB brasilero.

Todo eso está muy bien, pero detrás de la euforia se esconden unos costos económicos y sociales sin precedentes. Para nadie es desconocido que Brasil hoy en día es de los países más desiguales de América, con 37 millones de pobres, y aún así gastó cerca de 11 mil millones de dólares en el Mundial considerado el más caro de la historia. Los dineros provinieron en su mayoría de las arcas públicas para ser invertidos en estadios, carreteras, aeropuertos y turismo, dejando de lado la construcción de escuelas, viviendas y hospitales a lo largo y ancho del país, inversión considerada prioritaria para el desarrollo social de Brasil. Como era de esperarse, eso generó importantes protestas al comienzo del Mundial.

El problema no es sólo lo que Brasil gastó, sino también lo que dejó de ganar: el país dejó de recibir entre 240 y 520 millones de dólares según las estimaciones debido a las exenciones fiscales que la FIFA consiguió para las empresas patrocinadoras del Mundial.

Muchos analistas afirman que la inversión en infraestructura en los escenarios deportivos mundiales puede incrementar el desarrollo y la calidad de vida de las ciudades, como sucedió en los Juegos Olímpicos en España (1992) e Inglaterra (2012). Pero una cosa es España e Inglaterra y otra diferente Brasil y su nivel de pobreza. Todavía queda la duda si los estadios construidos en ciudades pequeñas serán utilizados a su plena capacidad y si podrán dar continuidad al mantenimiento de estos y otros activos, sabiendo que hay necesidades sociales de mucha mayor relevancia y prioridad.

Otro drama social que se escondió fue el acelerado incremento de la prostitución infantil, en poblaciones atrapadas dentro del círculo de pobreza, violencia y drogas. En Brasil la prostitución es legal a partir de los 14 años, pero según la UNICEF, existen 250 mil menores de 14 en el mercado sexual, cifra que con el mundial se disparó aún más por la demanda de los turistas. Según un informe de la BBC: “…no hay una cifra oficial, pero se estima que centenares de miles de niñas y niños -algunos de sólo 10 años- son explotados en el mercado sexual, obligados por las circunstancias, amenazados por proxenetas o atrapados en esa realidad para satisfacer su drogadicción”. Muchos críticos alegaron la poca inversión social por parte del gobierno para atacar el problema de la prostitución infantil, que fue de tan solo 3.3 millones de dólares, comparada con los miles de millones de dólares destinados a la infraestructura física del Mundial.

Estos son algunos de los múltiples hechos que nos confrontan a la cruda realidad actual donde reinan las contradicciones que como siempre, siguen creando un mundo lleno de desigualdades, y que para tristeza de muchos, tenderán a aumentarse. Es por esta razón que tomar conciencia y ver las realidades detrás de las fiestas deportivas a tiempo es fundamental para luego prevenir los grandes problemas que pueden llegar a ser insostenibles.

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO