Partió al más allá Jota Mario Vinasco

Partió al más allá Jota Mario Vinasco

25 de febrero del 2017

El periodista caldense Jota Mario Vinasco acaba de cerrar su ciclo vital en San Antonio, la séptima ciudad más poblada de los Estados Unidos y la segunda del estado de Texas.

Nacido en Riosucio el 25 de marzo de 1937, su deceso se produjo el domingo 19 de febrero, a causa de una invencible  enfermedad  terminal. En el momento de su fallecimiento lo acompañaba  su señora madre, doña Deyanira Vinasco, admirable ejemplo de longevidad. (Tiene 101 años).  También le sobreviven sus cuatro hermanos: Mercedes, Marta, Darío y Diego. Se casó con Blanca Baquero, unión de la que hubo un hijo (John) radicado en USA.

Se fue Jorge Mario sin dar respuesta a muchos interrogantes que nos hacíamos sus compañeros de travesía en el “Cuarto poder”, pero los resolvimos finalmente con el apoyo del notario público Eduardo González Montoya, y de Diego Vinasco, hermano del finado.

En su ciudad natal cursó la primaria en la escuela Luis Salas; inició la secundaria en el Instituto Los Fundadores y la terminó en el Colegio Los Andes, de Pereira. Trabajó en Cicolac, en el Valle; en el Banco de Colombia, de Riosucio, y fue inspector de tránsito de la Perla del Occidente. Empezó su carrera de locutor y periodista en Armonías del Ingrumá, emisora de la que llegó  a ser gerente.  De esta pequeña estación dio el salto a Radio Manizales, en 1977, atendiendo una oferta del autor del Contraplano.

Como redactor de noticias, en “Crónica”, (donde hizo la primaria periodística) Jota fue un perfeccionista infatigable. En una jornada matutina lo vimos escribir cinco o más veces la misma información, a la que le daba su propio “visto bueno” cuando consideraba, finalmente, que “había quedado apta para salir al aire, como si la hubiese preparado el director Cadavid”. Pulía sus noticias con la misma devoción con la que corregía su soneto un poeta de “Las 13 pipas”.

Ante el precario aporte que hacía, a veces, para la siguiente emisión del informativo, argumentaba que carecía de buenas fuentes, como sí las poseían sus compañeros de la redacción, y aprendió que “el periodista tenía derecho a ser un aliado de la mala suerte, pero ello no le daba derecho a vivir “chiviado” por sus colegas.

Vinasco compartió nómina, en “Crónica”, con Evelio Giraldo, Jairo García, Darío Agudelo, Darío Sanin, Iván Darío Goez, Carlos Botero, Néstor Gartner  y Diego Valdés. Después se mudó a La Voz del Ruiz y Radio Reloj, de Caracol, y luego lio bártulos hacia territorio estadounidense. Vivió en New Yersey, Miami y Texas.

Su gran amigo, el notario González, establecido en Bogotá, nos dio cuenta, así, de su muerte: “El (Jota Mario)  me llamó con alguna frecuencia en los últimos dos años, desde Texas. La última fue el 8 de enero, pero hace unos 15 días una abogada amiga me comentó que él estaba muy mal y quería despedirse. Me dejó el contacto de una hermana (Mercedes) a quien llamé y lo acompañó todo el tiempo. El domingo a primera hora falleció acompañado de su mama (doña Deyanira) de 101 años. Increíble. Estimo que no fue muy larga la enfermedad. En enero lo sentí bien. Como el lunes fue festivo en Estados Unidos lo enteraron el martes 21 de febrero”.

Para episodios tan tristes, apelamos a esta sentidísima tonadilla andaluza:

“Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va/ Y va dejando una huella que no se puede borrar.

No te vayas todavía, no te vayas por favor/ no te vayas todavía que hasta la guitarra mía/ llora cuando dice adiós.

Un pañuelo de silencio a la hora de partir/ porque hay palabras que hieren y no se deben decir.

El barco se hace pequeño cuando se aleja en el mar/ y cuando se va perdiendo qué grande es la soledad.

Ese vacío que deja el amigo que se va/ es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar”.

La apostilla: Duro y cruel cuando se trataba de paralelos en el oficio, alguna vez, al referirse a lo esclavizante que ha sido la radio para los cazadores de primicias, el Jota Mario aportó esta frase en una tertulia mañanera en el finadito Café El Polo: “El periodista tiene derecho a morirse, pero no tiene derecho a enfermarse”.  ¡Paz en su tumba!

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